COLUMNA

¡YA BASTA!
Por Michel Bajuk, director ejecutivo de la asociación sueca de Periodistas de Investigación.

     Una cerrada descarga cae sobre el editor en jefe cuando se dirige a la redacción. De rodillas entre el fuego cruzado, Jesús Blancornelas permanece en el asiento de su vehículo. Su guardaespaldas ha muerto. Recibe un impacto de bala. Otro. Tres. El cuarto se aloja en su espina dorsal. El codirector de Zeta reza por su vida.

     Las armas callan. El rebote de un disparo de AK47 alcanza en el ojo izquierdo al CH, quien encabeza a los matones. Cae muerto sin terminar el trabajo, y el resto del comando asesino huye.

     ¡Ya basta!

     Las amenazas, los abusos, los secuestros y los ataques sangrientos se han convertido en parte de la vida cotidiana. Y algunos de los periodistas más importantes de México han perdido la paciencia.

     "No vamos a pasar el tiempo publicando esquelas de los colegas caídos", dice Blancornelas durante una conferencia de prensa convocada para anunciar la creación de una organización dedicada a la defensa de los periodistas en México. "Vamos a hacer lo que sea necesario para que ya no tengamos que escribir esquelas".

     Los reporteros que cubren la conferencia realizada el 14 de febrero en Tijuana reflejan su escepticismo. El que les habla es un colega marcado, un colega que vive horas extras. Treinta y un asesinatos en Tijuana, en lo que va del año. El día anterior un reportero de la ciudad de México recibió varios balazos en la cabeza, a quemarropa. Pero se dice que era corrupto. ¿Lo era? Uno se vuelve paranoico en poco tiempo. ¿En quién se puede confiar?

     El hotel donde se realiza la conferencia de prensa está rodeado por policías de civil y soldados uniformados. El famoso periodista ahora tiene la protección del Presidente. Con un ligero temblor en la voz, pero la mirada firme, Blancornelas vuelve a retar a los capos del narcotráfico, esta vez a través de la televisión. "Si no detenemos a los carteles ahora, quizás nunca podamos hacerlo".

     Pero ¿qué pueden hacer los periodistas frente a los a las bandas de narcotraficantes tan bien armadas como económicamente poderosas?

     "Lo único que sabemos hacer, buen periodismo e investigaciones bien preparadas", dice Jorge Zepeda Patterson, director del diario Público, de Guadalajara. "Si el capo de un cartel internacional trata de vengarse del director de uno de los principales semanarios del país, tenemos que responder. Si se salen con la suya en esto se saldrán con la suya en todo lo demás".

     Guadalajara, con sus cuatro millones de habitantes, es la sede de varios carteles rivales. Y Zepeda, tal como otros periodistas, vive bajo amenazas de muerte. Por eso han perdido la paciencia con la incompetencia del gobierno, y están formando la Sociedad de Periodistas (ver Qué hay de nuevo, en este número). Esos trabajos, y la discusión de otras ideas para evitar que el atentado que sufrió Blancornelas quede impune, es lo que los ha reunido en Tijuana.

     Una de esas ideas es la de organizar un equipo de periodistas, de distintos medios, para investigar lo ocurrido en esa ciudad fronteriza. Si un reportero es silenciado, otros veinte deben continuar y terminar la historia que investigaba. La inspiración viene del llamado Proyecto Arizona, surgido en 1976 en esa entidad estadunidense, a raíz del asesinato del reportero de investigación Don Bolles (ver Nuestra responsabilidad internacional, La Red #5). Decenas de periodistas de todo el país fueron a Arizona para investigar la corrupción y la delincuencia organizada y publicar los reportajes que Bolles no pudo terminar. El proyecto tenía el propósito de incrementar la seguridad para todos los periodistas estadunidenses, y tuvo éxito.

     "El silencio es para los corruptos lo que el agua para los peces, el ambiente en el que viven", observa el reconocido periodista colombiano Javier Darío Restrepo. "Por eso el narco compra el silencio, o lo impone."

     La iniciativa de los periodistas reunidos en Tijuana llega en un buen momento. La imagen tradicional de una prensa mexicana amenazada por razones políticas está cambiando. La libertad de prensa ahora es cada vez más amenazada por los carteles de la droga. El contrabando que se origina en América del Sur llega hasta los 3000 kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos durante su recorrido hacia el mayor mercado de drogas del mundo. Junto con Ciudad Juárez, Tijuana es una de las metrópolis más importantes para los narcotraficantes.

     Si es serio, un periodista de investigación crítico tarde o temprano debe escribir sobre la extensa corrupción. Un par de molestos policías de tránsito cuesta veinte pesos. El hermano incómodo del expresidente cuesta más de 100 millones de dólares.

     Tijuana. Cientos de brutales homicidios. Los jóvenes marines estadunidenses invaden la Avenida de la Revolución cada fin de semana. Centros nocturnos, alcohol y chicas hermosas; en la zona de tolerancia pueden hacer lo que no les es permitido en San Diego.

     Decenas de miles de mexicanos huyen de la pobreza y dejan el sur del país para terminar en las maquiladoras. Pero el sueño de un futuro está en Estados Unidos, afirman los que se cansan de la miseria y cruzan la frontera.

     Mientras tanto, los jovencitos de traje y corbata utilizan la noche para presumir sus costosos automóviles. Los llaman narcojuniors. Son niños ricos de papá que se creyeron el modelo Miami Vice. Bandas de narcos preocupados por las relaciones públicas.

     En un elegante restaurant italiano deslumbran los destellos de manos y muñecas. ¿Empresarios voraces, correos del narco o políticos corruptos?

     El que empieza a rascar inevitablemente se topa con el negocio del narcotráfico. ¿Sigue con vida? Entonces tiene siete vidas, suerte, un chaleco antibalas y protección militar.

     O quizás no es demasiado estricto con la verdad. Si es intocable posiblemente ya está muerto.

     En 1966, Jesús Blancornelas recibió el Premio Internacional a la Libertad de Prensa por "más de dos décadas de valiente trabajo periodístico sobre la corrupción oficial y el narcotráfico". Un año antes lo había recibido la periodista irlandesa Veronica Guerin. En el verano de 1997, Guerin fue asesinada de un balazo a quemarropa que le dispararon en una calle de Dublín.

     "Algunos dicen que estoy loco. Pero tengo que seguir adelante", dice Blancornelas. Veinte efectivos militares de élite y policías de fuerzas especiales resguardan su hogar, frente al que se ha construido un muro de ladrillos de tres metros de alto.

     Tanto fuentes policiacas como militares han confirmado que uno de los carteles ha ratificado la orden de asesinar al periodista o a un miembro de su familia.

     El, por su parte, sigue acariciando la idea de un Proyecto Tijuana, en el que reporteros mexicanos y de otros países combinarían sus esfuerzos para investigar a la mafia del narcotráfico. Los periodistas tienen que crear su propio seguro de vida.

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