REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN

¿OTRO HERMANO INCÓMODO?
Entrevista con Jorge Zepeda Patterson

     El narcodinero roza al hermano del Presidente. Así de contundente, y así de sobria, la cabeza principal del diario tapatío Público marcó un hecho inusitado para la prensa mexicana. Fue la primera vez que se ventilaba de esta manera que los dineros del narcotráfico pisaban los linderos del área presidencial pero, además, la cabeza logró comunicar la gravedad de la información contenida en el reportaje sin hacer acusaciones infundadas ni caer en el amarillismo.

     La información inicial no era exclusiva. De hecho, varios diarios mexicanos estaban siguiendo la pista dejada por los agentes del cartel de Juárez que al parecer participaron en la compra del grupo financiero Anáhuac. (Por cierto, si los matones de los narcotraficantes son gatilleros, ¿quienes lavan sus ganancias son billeteros?)

     Pero Público dio una vuelta de tuerca a la historia, e investigó otras transferencias realizadas por los mismos agentes financieros. De esa manera, explica el director del diario, Jorge Zepeda Patterson, se descubrieron intentos de lavado a través de varias empresas importantes, incluyendo una que "resultó ser propiedad del hermano del presidente". De inmediato el asunto se convirtió en una papa caliente, no solo porque los asuntos de lavado de dinero son "complicados y peligrosos", sino también porque Público tocó "un tema que sigue siendo tabú en la investigación" periodística.

     Los reporteros obtuvieron un documento "sumamente delicado", continúa Zepeda, que demostraba que el lavador de dinero de Amado Carrillo firmó un convenio de coinversión con una promotora organizada por el arquitecto Rodolfo Zedillo para la construcción de un hotel. Una vez confirmada la autenticidad del convenio, observa, "la bronca era cómo publicar el hecho".

     El material era "tan contundente" que no podían dejar de hacerlo, pero Público decidió dar el beneficio de la duda a los parientes del Presidente. Es decir, el gran reto era cómo explicar que la transacción se había hecho, pero que ello no implicaba necesariamente que el arquitecto Zedillo había tomado el dinero en alianza con el narcotráfico. Sobre todo, dijo Zepeda, porque los lavadores de dinero no eran narcotraficantes conspicuos sino agentes coptados por el narcotráfico.

     Pero si bien Público no acusó a la familia presidencial de "ilegalidad", sí denunció un hecho sumamente preocupante: "la capacidad del narcotráfico de colar recursos" hasta esos niveles. El tema central, dijo Zepeda, "era dar cuenta de la profundidad y penetración" que han alcanzado las operaciones de lavado de dinero. Ese era el ángulo "más serio y responsable" y el único que podía demostrarse con los documentos que tenían a la mano.

     Tanto la cabeza como el cuerpo del reportaje destacan por el cuidado en el lenguaje. "Ningún familiar de un Presidente en funciones había sido vinculado directamente con el narcotráfico", recuerda Zepeda. Por eso hubo "mucho cuidado", admite, pero añade que incluso después de las explicaciones dadas por el arquitecto Zedillo seguirían sosteniendo el verbo "rozó", para explicar cómo "el lavado de dinero pasó por una empresa de este señor, y en palabras de él, gracias a Dios" finalmente no se completó la operación.

     En todo caso, la cuestión no es si el hermano del Presidente sea o no culpable -"ya después se sabrá"- sino que el narco ya está "en las fronteras de la élite". En el mejor de los casos, "es una llamada de atención a todo el país: si le puede pasar alguien como él, le puede pasar a cualquier persona que está haciendo un negocio y necesita financiamiento".

     Aún así, el reportaje "resultó escandaloso y preocupante para las esferas del poder. Se pusieron en contacto con nosotros para conocer la profundidad del hecho y la profundidad de lo que conocíamos, para definir ellos una estrategia de comunicación. En ese proceso posterior, tratamos de operar con absoluta pulcritud periodística, siendo fieles al material que teníamos y al mismo tiempo actuar con responsabilidad".

     Zepeda insiste en esa responsabilidad no siempre cumplida, la de escrutinar y en su caso criticar a los Presidentes en funciones y a sus familiares. "¿Qué nivel de responsabilidad tenemos los periodistas en el caso de Raúl Salinas?", inquiere. "¿Qué hizo el periodismo de investigación cuando un hermano estaba haciendo sinvergüenzada y media, y no lo descubrimos? ¿Se pueden acumular cientos de millones en cuentas suizas sin dejar rastros?".

     Por eso en el caso de Rodolfo Zedillo, continúa, "nos preguntamos se vale o no se vale" publicarlo. "Y dijimos se tiene que valer, porque si estamos frente a un hermano incómodo a mitad de sexenio", la responsabilidad de la prensa es publicarlo en este momento, no cuando el Presidente haya dejado el cargo. "¿Cuántas penurias se le habrían ahorrado al país si en el segundo año de gobierno de Salinas se hubiera descubierto que su hermano era asido o asado?".

     Pero esa responsabilidad que describe Zepeda, por supuesto, está cargada de riesgos. En parte por eso, el reportaje lleva la firma "de la redacción". Las consecuencias legales no eran de preocupación, señala el periodista, "porque el documento que teníamos era contundente". También estimaron que podrían resistir la presión institucional -"por qué publicaron esto, están haciendo un daño al país", etcétera- pero tuvieron que considerar si estaban dispuestos a asumir los riesgos personales de la presión "no oficial".

     Esa es la parte más delicada, afirma Zepeda. "Los falsos amigos del poder, un comandante judicial, algún cuadro militar con iniciativa que sigue pensando que no te puedes meter con los símbolos patrios. En la lógica de la conservación del poder, hay gente que piensa que hablar de la familia presidencial es debilitar la autoridad".

     Ese es el mayor peligro para los periodistas mexicanos que tocan estos temas. "El poder como tal difícilmente toma una medida de esa naturaleza, pero el problema es una oficina intermedia, funcionarios del aparato represor que creen que se les está pasando una señal para quitarle un obstáculo al Presidente". Zepeda también considera peligrosa la actitud de ciertas columnas que lanzan una cacería de brujas contra los autores de esos reportajes, supuestamente por "cuestionar" al Presidente. "Es como si abrieran la temporada de caza".

     Zepeda no considera que los reportajes críticos contribuyan a agravar la inestabilidad política del país. "Justamente todo lo contrario", revira. "La capacidad de discutir públicamente, en una comunidad madura, los posibles defectos y vicios de la vida pública, es el primer paso para resolverlos. Hace mucho más daño al país esconder este tipo de cosas para enterarnos después".

     Pero habiendo dicho eso, Zepeda destaca la necesidad de tratar los escándalos financieros con toda responsabilidad. En ocasiones son cubiertos de manera superficial, advierte, y sin conciencia de los posibles impactos políticos y financieros que pueden ser "brutales". Por ello, los medios deben preparar reporteros profesionales especializados en este campo.

     Cuando el escándalo financiero es muy grande, concluye, "tenemos el reflejo de mandar a cubrirlo nuestro mejor periodista político. Pero eso me parece un error; debemos especializar a gente que esté muy involucrada en las reglas del juego, los flujos financieros, que puedan dar otra dimensión a estos escándalos".

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