D
esde los
años setenta, la realización de un periodismo de investigación más profundo, riguroso
y que no esté sujeto a la camisa de fuerza del cierre diario, se convirtió en una
necesidad para los medios escritos. Necesidad, no capricho: ante la avalancha de los
medios electrónicos, que ofrecen la noticia casi instantánea y en directo, pero corta y
sin explicación suficiente, el fuerte de los medios escritos debe ser la
contextualización de esa noticia y la profundización en sus causas y posibles
consecuencias.
En la última década ha ocurrido un auge del periodismo investigativo en América
Latina y, como señala Andrés Oppenheimer, todo indica que el género "va a
au-mentar aún más" ya que "hay una sed de los lectores por conocer cosas que
los periódi-cos no les están dando".
Oppenheimer opina también que, ante las nuevas tecnologías tales como internet y la
televisión por fibra óptica, la supervivencia de los noticieros televisivos y los
periódicos tradicionales depende "del periodismo analítico e investigativo. Vamos a
tener que hacernos indispensables para los lectores ofreciéndoles investigaciones e
informaciones que no puedan recibir en los titulares el nuevo sistema televisivo."
LAS ÉLITES
Sin embargo, algunos advierten que la investigación periodística puede conducir a la
creación de una "élite" de reporteros, como ocurrió en el caso del diario El
Tiempo, de Bogotá. Los integrantes de la unidad in-vestigativa se convirtieron en
luminarias y en los únicos autorizados para tratar los grandes temas, opacando a los
demás perio-distas.
Horacio Verbitsky, de Página 12, quizá el periodista investigador más
conocido de A rgentina, es contrario a esas unidades. Considera que todas las áreas de un
diario deben investigar, pero con condiciones favorables para hacerlo, tales como tiempo y
disminución en la intensidad del trabajo diario.
Gabriel García Márquez, por su parte, sí es partidario de las unidades de
investigación e incluso destaca en sus talleres de periodismo que es necesario convencer
a los medios de que hay dos tipos de trabajo cuyos ritmos son muy diferentes: uno es el de
la acelerada labor noticiosa diaria, y el otro el de la pausada labor de análisis e
investigación.
Una propuesta interesante es la de crear equipos de coyuntura, para que la mayoría de
los reporteros tengan la oportunidad de in-vestigar y empaparse de los principales
lineamientos y herramientas del periodismo investigativo.
Lo que debe quedar claro es que los equipos de investigación co-yuntural deben tener
tiempo suficiente para realizar su trabajo con criterio y rigor, lo que significa una
reducción en la intensidad del trabajo diario y, a su vez, una sobrecarga para el resto
de los repor-teros.
Una posibilidad es contar con reporteros supernumerarios que dependan de la jefatura de
redacción y realicen reemplazos en vaca-ciones, descansos, investigaciones de sus
compañeros, etcétera.
¿
SÓLO DENUNCiA?
Verbitsky tiene una postura radical ante el periodismo investigativo, al igual que el
colombiano Alberto Donadío: es un periodismo esencialmente de denuncia, de destapar ollas
podridas. "Es todo aquello que alguien no quiere que se sepa", dice Verbitsky.
"Lo de-más es propaganda." Sin embargo, ese punto de vista descarta la
po-sibilidad de hacer investigaciones de carácter más cultural y social, que indaguen
otras facetas de la realidad no necesariamente ocultas por corrupción o desdoro.
Juan José García, asesor de la dirección del diario El Colombiano, de
Medellín, considera que "es equivocado seguir pensando que sólo se investiga cuando
se denuncia" y que en América Latina el modelo creado por Woodward y Bernstein
"no agota el concepto de investi-gación".
García señala que es posible investigar sin esperar re s u l t a d o s inmediatos
como la caída de un funcionario corrupto, y destaca la importancia del trabajo
investigativo en la formación de la conciencia pública. "Hay un influjo depurativo
de la investigación en la sociedad", dice García. "Enseña transparencia y
ayuda a la limpieza de las costumbres políticas, económicas, administrativas y sociales.
Pero esta finalidad se consigue a mediano y largo plazo."Por otra parte, la
investigación de denuncia no sólo debe re a l i z a r s e contra el Estado. También
deben ser objetos de ella los part i c u l a res, ya que la empresa privada no
necesariamente es sinónimo de pureza ni de manejo ejemplar de recursos. Pero es evidente
que las investigaciones a part i c u l a res podrían provocar presiones más fuertes,
incluso de tipo c o m e rcial. También supondrían dificultades de corte metodológico.
Es más complicado conseguir datos, documentos y entrevistas sobre una empresa privada que
sobre una entidad el Estado.
Por ello, el área de investigaciones debe buscar un equilibrio entre la investigación
de denuncia y la de carácter cultural o social, y evitar saturar a los lectores con
denuncias diarias, muchas veces in-sustanciales, que en principio pueden generar interés
y hasta aumento en la circulación, pero que a la larga sólo provocan escepti-cismo y
pérdida de credibilidad.
CRITERIOS Y APOYO
Los temas de los reportajes de investigación deben ser escogidos y discutidos por un
comité, y las normas para hacerlo deben ser claras. Por ejemplo, debe considerarse la
incidencia real del reportaje en la comunidad, y no los intereses particulares o las
políticas parti-distas.
También es conveniente que cada investigación cuente con un p royecto mínimo previo
que incluya una formulación precisa del problema; una hipótesis de lo que ocurre; la
especificación clara del universo de estudio y de las fuentes documentales, testimoniales
y ambientales; las estrategias para consultar las fuentes, y un cronograma para la
realización de la investigación, incluyendo evaluaciones parciales.
Toda la información que se publique debe estar respaldada por documentos, grabaciones
u observaciones directas de los reporteros, y se deben exponer hechos escuetos y
demostrados, sin caer en la tentación de ser jueces y condenar antes que la justicia.
Asimismo, para las investigaciones sobre denuncias serias es conveniente contar con la
asesoría de un buen abogado independiente y con otros asesores profesionales que puedan
ser consultados a lo largo de la investigación.
Resulta clave el apoyo del periódico a las investigaciones. Una vez que se haya
acordado un tema, se hayan evaluado las consecuencias del trabajo y se haya decidido la
investigación, se debe estar a salvo en su labor de indagación y desocultación."
Al respecto, Verbitsky dice que es "válido sentir miedo al investigar ciertos
temas porque con ello puede ponerse en peligro la vida del periodista o la integridad de
su familia.
Incluso es válido renunciar a la investigación si la seguridad personal no está
garan-tizada.
Cuando pese a todo se decide avanzar no queda más remedio que llegar hasta las
últimas consecuencias." Alberto Donadío dice que la unidad de investigación de El
Tiempo no se acabó por falta de interés del trío que la conformaba (Gerardo Reyes,
Daniel Samper y el propio
Donadío), ni por las amenazas o porque "súbitamente hubiéramos descubierto una
vocación tardía hacia la veterinaria o la odon-tología. Nos callaron..." La
censura que su-frieron todos los integrantes de la unidad, agrega Donadío, "fue
tanta y tan continua que nos frenó, nos agotó y finalmente nos venció. Inevitablemente
nos llevó a todos a retirarnos, sí, voluntariamente, porque simple y llanamente no se
podía trabajar."
Juan Carlos Pérez es reportero del diario El
Colombiano, de Medellín, Colombia. Este texto fue adaptado de su propuesta para el
trabajo de un área de investigaciones en ese medio.