COLUMNA

CONECTANDO LA DIÁSPORA DE BABEL
Por Francis Pisani

     El diluvio de información al que son sometidos los ciudadanos de ciertos países, y el hecho de que la información sea accesible gratuitamente a través de la red sin que haya necesidad de intermediarios, representan un auténtico desafío. En sentido inverso, las sorprendentes transformaciones introducidas por las tecnologías de la información en lo referente a la recolección, manejo y distribución de noticias inauguran perspectivas inéditas para los medios.
     Pero al debatir éstas y otras cuestiones, los periodistas y los empresarios de la información de distintas partes del mundo parten de realidades y expectativas muy diferentes. Por ejemplo MSNBC, la alianza entre Microsoft y la cadena televisiva estadunidense NBC, aspira a ser "una voz única en internet". Sin embargo, su moderna y llamativa página presenta noticias que pueden consultarse desde cualquier parte del mundo pero interesan tan sólo a los estadunidenses.
     Del otro lado del Atlántico se publica Transitions, una revista del expresidente checo Jan Urban, la cual pretende convertirse en la mejor fuente de información sobre las sociedades postcomunistas. Se publica en inglés con el fin de alcanzar una mayor difusión, pero su cimiento sigue siendo el papel ya que los dirigentes de los países en cuestión no utilizan demasiado internet.
     En Kenia, los recursos de los periodistas que emplean el correo electrónico son la excepción. Las computadoras y el acceso a internet cuestan demasiado. Y el público aún no está conectado.
     En un gran número de países, los medios dudan en usar las tecnologías recientes, mientras que un sector muy considerable de la población no tiene electricidad o teléfono. Aquello de la amenaza al periodismo hace reir a un reportero de Tadjekistán, quien proclama la inexistencia del problema en su país ya que, por motivo de la guerra, "no hay información ni periodistas".
     Por su parte el japonés Yoshio Murakami, director de la división internacional de Asahi Shimbum, habla de las nuevas tecnologías como "enemigas de los medios existentes". Mientras MSNBC se esfuerza por ofrecer información personalizada, útil en la vida cotidiana de los usuarios, Murakami considera que el deber del periodista es dar la información incluso cuando no es agradable. La responsabilidad del jefe de redacción es colocar en primera plana las noticias más significativas, aun cuando no tengan implicaciones inmediatas para la vida diaria de los lectores. "La personalización", opina, "no crea ciudadanos equilibrados".
     Sin embargo, la mayoría de los colegas interesados en el tema coinciden en que los aspectos positivos de las tecnologías de la información superan a los aspectos negativos. La disparidad del acceso es un problema real, pero los activistas kenianos que se preocupan por dotar a las comunidades rurales de medios de comunicación modernos ven una relación directa entre las tecnologías de la información y el crecimiento económico, tanto a nivel colectivo como individual.
     La dificultad para los periodistas es que las reglas del juego están cambiando por completo. La gratituidad de la información y la posibilidad de que cualquiera acceda directamente a las fuentes pone en cuestión el modelo económico -basado en la publicidad- al cual los medios tradicionales están acostumbrados. ¿Por qué pagar un periódico o un canal de televisión si se puede atraer al público directamente al sitio de la compañía (o del partido)?
     Pero la situación es todavía peor: habituados a comunicarse con el público a través de un medio fijo (el espacio en el caso del papel, el tiempo para la radio y la televisión), los periodistas deben ahora comunicarse empleando un medio constantemente maleable. Esa es la base de la interactividad, y pone en tela de juicio la manera de escribir artículos, los principios mismos de la narración. La llegada de la televisión o del fax, para tomar dos ejemplos de entre los más recientes, desató una nueva ecología de los medios. La irrupción de las nuevas tecnologías y de la era de la información corre el riesgo de transportarnos a otro planeta. Para sobrevivir en él, los periodistas tendrán que cambiar. Y no son los únicos.
     En este contexto, los periodistas consideran necesario informar al público sobre los peligros que acarrean las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, además de las oportunidades que inauguran, exhortan a los poderes públicos a permitir el acceso a sus bancos de datos digitalizados. ¿De qué sirve la libertad de expresión", se preguntan, "sin el acceso a la información que nos permite saber qué está pasando?". Reconocen su interés por emplear la computadora, internet y la hoja de cálculo en aras de realizar mejor su trabajo. Las mafias y los poderosos utilizan las tecnologías de la información; ahora corresponde a los periodistas equiparse con lo necesario para seguirles la pista en ese terreno e informar al público de lo que ahí sucede.
     El futuro muestra distintos rostros, según si miramos desde Silicon Valley o la Africa subsahariana. Sin embargo, el cambio es ineludible, incluso si no llega a los distintos puntos de la misma forma y jamás a la misma velocidad. Sin duda, el verdadero desafío consiste en establecer puentes entre globalización y diversidad. La aldea global lanzada por McLuhan es vista con ojos cada vez peores por aquellos que habitan lejos del centro. Uno se siente tentado a ver ese planeta abierto y multilingüe como una diáspora más que como una aldea. Vale decir, como una red de gente con algo en común y muchísimas diferencias. Tenemos lenguas y situaciones diversas. No podemos borrar la historia y regresar a un modelo único. Tal vez seamos la diáspora de los que salieron de la torre de Babel. Lo que está en juego es conectarnos.

Francis Pisani colabora con diversos medios de Europa y México. También es miembro del Consejo Editorial de La Red. Una versión de esta columna apareció en el diario Reforma.

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