REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN

UN SUTIL TENDIDO DE REDES:
Entrevista con Carlos Marín

     Con frecuencia, resulta pernicioso que los periodistas piensen.
     Dicha por un periodista la frase parece una broma, una gracejada de parte de este veterano del oficio en cuya boca la sonrisa aparece tan rápido como la ironía. Pero no es así.
     Carlos Marín lo dice con toda seriedad, producto de una experiencia de muchos años, desde El Día y Excélsior -antes del golpe del 76, por supuesto- hasta el Comité de Dirección de Proceso.
     Y a medida que teje su explicación, Carlos deja en claro que su actitud lejos de implicar un desprecio hacia su oficio, refleja un profundo respeto hacia el trabajo fundamental "del periodista en su mejor versión", es decir, el reportero. "Yo no creo en los periodistas que piensan", continúa, "sino en los periodistas que trabajan". Si seguimos una serie de pasos elementales del reporteo, continúa, podemos conocer el trabajo de gente que no es periodista, sino militares, abogados, magistrados, y llegar a revelar casos inauditos.
     Aún desde su puesto directivo, Carlos sigue reporteando y en semanas recientes ha dado varios golpes periodísticos consecutivos, incluyendo reportajes sobre el testimonio de uno de los cirujanos plásticos que participaron en la operación que costó la vida a Amado Carrillo, el testamento por el cual se repartió la enorme fortuna de Emilio Azcárraga, y un expediente de la justicia militar contenido en un diskette que puso en apuros a la seguridad interna del Ejército.
     En una larga charla con La Red, Marín conversó sobre la manera en la que obtuvo esa información, advirtió sobre los riesgos de utilizar las cada vez más frecuentes filtraciones -"yo no soy coladera"- e insistió en que cada quien debe dedicarse a lo suyo. "El trabajo de pensar está avalado en las personas que están entrenadas para ello", reiteró, "y no es el caso de los periodistas". Quizás pensando en la creciente vocación editorialista de muchos colegas nacionales, quienes llenan de opiniones sus reportajes, Marín afirma que "el trabajo del periodista no es pensar, sino aportar datos para que el público piense. No hay nada más pernicioso que los periodistas que propalan lo que piensan en lugar de lo que saben, y los ejemplos más acabados de lo que digo son algunos periodistas radiofónicos que improvisan y la riegan, igualito que sus colegas columnistas".
     La carta de un médico aterrorizado, el testamento de uno de los hombres más ricos de México, un expediente de inteligencia militar. ¿Cómo se consiguen esos documentos?
     Es el resultado de una siembra, de un tendido de redes con todo tipo de gente. En nuestra chamba tenemos que estar dispuestos a hablar con el demonio, si existiera, para mantener aceitada una comunicación que permita que en el momento oportuno el asunto sea de nuestro conocimiento.
     En los tres casos yo estaba buscando otra cosa cuando me topé con los documentos. En ello va la sentencia que reproduce Umberto Eco: a veces, por caminos equivocados llegamos a la verdad. Los periodistas nos asomamos a pedazos de verdad o de verdades que nunca llegaremos a abarcar. En el caso del cirujano plástico estaba tratando de averiguar sobre los viajes de Amado Carrillo, su estancia en Cuba y en Rusia y su eventual relación con la mafia rusa. En el de Azcárraga, una operación de privatización que iban a hacer del Banco Unión, y en el mundo de los abogados me topé con el testamento.
     En el caso de los documentos del diskette de la Defensa, buscando otras cosas de carácter militar caí en la cuenta de que había un proceso abierto en los juzgados militares. Me topé con una obviedad: un escribano regala un diskette a su amigo, el amigo en su oficina lo pone en pantalla, hasta donde sé ni siquiera termina de verlo cuando se le encierra en la prisión militar. Yo me dije: la Procuraduría de Justicia Militar documentó eso ante el tribunal y, constitucionalmente, todos los asuntos en tribunales son públicos; el chiste es conocer los vericuetos que te lleven al conocimiento de estos asuntos. Hete aquí que la Procuraduría había impreso el diskette, y lo dio al Estado Mayor de la Defensa para que hiciera un diagnóstico de los riesgos de su eventual difusión. En lo que obtuve (cont. sig. pág.) está no solamente el contenido del diskette, sino el análisis que hace la inteligencia militar.
     Pero muchas veces al solicitar un documento judicial, nos topamos con el famoso secreto de sumario.
     Eso lo encontramos a cada rato en el oficio periodístico. Si le hablas a un amigo que tiene una función especial en un partido, en un gobierno, en una empresa, y desde el teléfono le dices que quieres una entrevista sobre el fin del mundo, lo que haces es casi seguramente obligarlo a decir que no. En este caso no se trata de seguir el paso evidente de llegar con el juez y decirle yo sé que tiene aquí un material explosivo para todo el sistema de inteligencia militar, porque lo más seguro es que el juez, quien es el primer responsable de los expedientes, te mande por un tubo. El chiste, y ahí viene el trabajo sembrado con anticipación, son los contactos. Lo que hice fue hablar con un abogado que ya me había dado tips antes, y me contó que había un asunto de excepción en los tribunales militares. Lo demás ya fue hacer mi chamba.
     Pero en el enrarecido ambiente político que vivimos, se da cada vez más el proceso inverso, cuando una autoridad busca al reportero para filtrarle cierta información...
     El sistema filtrador en el periodismo reciente de México es una aportación de un gran fabricante de fantasías, Pablo Chapa Bezanilla. Pero yo no acepto los documentos filtrados en mi trabajo, yo no soy coladera.
     ¿Es cuestión de principios, nunca usarías una filtración?
     Es cuestión de escepticismo. Yo pongo en duda todo, no creo en las verdades absolutas. Si alguien se me acerca con las perlas de la virgen yo pongo en duda si son perlas, si es virgen y la buena fe de quien me las trae.
     Hay un riesgo terrible para quienes trabajan de coladeras más que de reporteros, y tiro por viaje publican lo que les ponen enfrente. Yo no tengo filtraciones, no hay un solo desconocido que me haya filtrado un documento. Yo me aseguro del camino, la ruta crítica es una especie de confianzas en cadena, y finalmente la veracidad del documento.
     Pero quisiera recargar aún más la suerte. Si en estos tres casos se hubiera dado -cosa que yo ignoro- que la información viniera de una mentalidad perversa, aviesa, que buscara la desestabilización del país o no sé qué propósito ruin con esa publicación, a mí no me importa. Lo que hay que valorar es lo periodístico del asunto.
     ¿Cuál es la responsabilidad del periodista que publica información delicada como ésta?
     El periodista no es responsable -por supuesto habrá excepcio-nes- de las consecuencias que tenga un reportaje. Es como el trabajo de un albañil. Hay que pegar ladrillos y levantar un muro. El médico que tiene en la plancha en una emergencia a Augusto Pinochet debe hacer lo imposible por salvarle la vida. Si lo mata puede ser un gran patriota, un gran revolucionario, un allendista consecuente, pero como médico falló. No debemos decirle a la gente lo que debe pensar, sino darle los elementos para que haga su propio razonamiento.
     Pero si un documento revela algo que puede tener consecuencias para una persona, ¿se debe hacer una evaluación sobre ellas?
     En términos generales yo no hago esa reflexión. Sería equivalente a que yo cuidara lo que dice el secretario de alguna dependencia o un procurador. ¿Por qué no es cuestionable lo que dice un partido de oposición, o los cargos personales que se hacen entre dirigentes políticos, empresariales, o guerrilleros? ¿Por qué no hay ahí ese cálculo, y por qué tendría yo que hacerlo con las acusaciones del general Gutiérrez Rebollo en el sentido de que algunos parientes políticos del presidente de México son narcotraficantes? Corresponde a los agraviados hacer valer sus derechos. El periodista, con la lógica de pensarle y de reprimirse, terminaría por no escribir. ¿De qué manera me voy a erigir en un diosecillo repentino para intentar predecir las consecuencias de una frase, de un diptongo, de un verbo, haciendo un trabajo que no me corresponde?
     Muchos de mis compañeros de Proceso y yo practicamos esa ética. Los asuntos se dan a conocer sin concesiones, con la seguridad de que lo que publicamos es periodístico y documentalmente cierto.

     (Debido a la longitud de los reportajes mencionados en la entrevista, La Red no publica el texto de los mismos. Fueron publicados en Proceso los días 13, 20 y 27 de julio de 1997. Los ponemos a disposición de sus lectores, quienes pueden solicitarlos a nuestras oficinas para recibirlos en versión impresa o electrónica.)

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