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ATENTADO CONTRA JESÚS BLANCORNELAS

     "¡Ya nos dispararon!".

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Cartas de protesta de IRE/PI y CPJ
Discurso de Jesús Blancornelas en el primer Encuentro en la Frontera.

     Con estas palabras Jesús Blancornelas, codirector del semanario Zeta de Tijuana, pidió auxilio a sus colaboradores tras el atentado que sufrió el 27 de noviembre a manos de cinco gatilleros fuertemente armados. Con cuatro balazos en el cuerpo, y junto al cuerpo de su guardaespaldas Luis Lauro Valero, Blancornelas logró utilizar el aparato de radiocomunicación de su automóvil. Los servicios de emergencia llegaron en pocos minutos y llevaron a Blancornelas, sumamente grave, a un hospital cercano. Por desgracia Valero ya había muerto, víctima de una ráfaga de cuerno de chivo. Zeta, como expresó la revista en su editorial del día siguiente, nuevamente está de luto.
     Apenas a principios de noviembre, Blancornelas participó en una reunión realizada en la ciudad de México para analizar el hostigamiento y la violencia contra los periodistas mexicanos y proponer mecanismos de defensa de la libertad de prensa y de la integridad de nuestros colegas. La reunión fue convocada por el Comité para Proteger a los Periodistas (Committee to Protect Journalists, CPJ, con sede en Nueva York) y participaron reconocidos periodistas mexicanos, latinoamericanos y estadunidenses, así como representantes de la Academia Mexicana de los Derechos Humanos y Periodistas de Investigación, entre otras organizaciones. Allí, Blancornelas describió las medidas de seguridad a las que se vio obligado a recurrir debido a las constantes amenazas contra su persona y los demás colaboradores de Zeta. También recordó a su socio y amigo Héctor Félix Miranda, el famoso Gato, quien cayó asesinado por individuos relacionados con el empresario Jorge Hank Rohn.
     Una semana después Blancornelas, quien es miembro de Periodistas de Investigación, estuvo con nosotros en el Encuentro en la frontera que realizamos en Ciudad Juárez, donde presentó su libro sobre el caso Colosio, titulado De Lomas Taurinas a Los Pinos. Lo acompañaba y protegía, como siempre, Luis Lauro, y ambos optaron por pasar la noche en un lugar distinto al hotel sede de la conferencia. Razones de seguridad. De regreso en Tijuana, la mañana del 27 de noviembre, Blancornelas y Valero se dirigían a las oficinas de Zeta y estaban a unas cuadras de su destino cuando fueron emboscados por los gatilleros. Su camioneta, según narra el reportaje de Zeta, "tenía impactos por todos lados. Del lado del chofer, del lado de Blancornelas, por enfrente, por la parte trasera. Todavía al volante, descansando sobre el lado derecho de su área, en el asiento frontal, Luis Lauro Valero Elizalde estaba muerto, con el arma en la mano, con su última postura de protección hacia Blancornelas". En el asiento trasero de la camioneta estaban aún la pistola Beretta .380 de Blancornelas, y los chalecos antibalas que les habían proporcionado semanas atrás las autoridades. Ni una ni otros fueron utilizados.
     El periodista recibió cuatro balazos, incluyendo uno que "le rompió el diafragma y se alojó en una vértebra." Al cierre de este número de La Red, el 30 de noviembre, Blancornelas estaba en condición grave pero estable, con un respirador artificial y en terapia intensiva. En una segunda intervención de urgencia se le extrajeron dos balas, una alojada en un pulmón y otra en una vértebra, así como fragmentos de hueso.
     Tanto los compañeros de Blancornelas como las autoridades policiacas consideran que el atentado fue ordenado por los hermanos Arellano Félix, presuntos capos del llamado cartel de Tijuana. En la balacera murió uno de los atacantes, quien posteriormente fue identificado como David Barrón Corona, alias el CH. Se trata del mismo individuo a quien el propio Blancornelas, en un reportaje publicado una semana antes del atentado en Zeta, señaló como asesino a sueldo del cartel y responsable del homicidio de dos agentes judiciales federales.
     De hecho, el semanario había dedicado sus últimos números a exhibir diversas facetas de las actividades de los Arellano Félix. Además de implicar al CH y a otro pandillero en el asesinato de los agentes federales, los reportajes de Zeta incluyeron la carta en la que una madre pregunta a Ramón Arellano Félix por qué asesinó a sus dos hijos, y una lista de los llamados narcojuniors que presuntamente trabajan para el cartel de Tijuana.
     En su reportaje sobre el atentado, los colaboradores de Zeta recuerdan que la semana anterior su codirector "señaló la participación del CH en el cartel de los hermanos Arellano y en algunos asesinatos". Las investigaciones del semanario "han sido tan exactas", observan, "que luego fueron confirmadas por los delincuentes".

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