COLUMNA

Nuevos eufemismos para la censura
Marilyn Greene*

Si bien el nuevo milenio ofrece una esperanza para el florecimiento de las semillas democráticas que germinaron en todo el mundo a fines del siglo xx, lo que estamos viendo en su lugar es el crecimiento de una perniciosa cosecha de censura disfrazada con un vocabulario compuesto por nuevas –y recicladas– palabras y frases en clave.

Los viejos y conocidos métodos para silenciar a la prensa aún existen, y se seguirá asesinando a los mensajeros (por lo menos una docena el año pasado). Se seguirán produciendo ataques con autorización oficial para cerrar diarios y silenciar a medios electrónicos. Pero en muchos lugares estas burdas herramientas de represión están siendo substituidas por armas más sutiles y sofisticadas.

Para comprender y para hacer frente a estas nuevas amenazas a la libertad y a la libertad de saber, es necesario ver más allá de ese lenguaje aparentemente inocuo tras el que se ocultan, y reconocer cómo estas frases pueden ser utilizadas para restringir restricciones. Entre los nuevos eufemismos para la censura se cuentan:

• Asignar “responsabilidades a la prensa. Un intento por sectores ajenos a la prensa de decir a los periodistas cómo hacer su trabajo, lo que pone en peligro la independencia periodística.

• Imponer códigos de ética para periodistas. Los códigos de conducta para periodistas, dictadas por quienes no lo son, por lo general dirigidos a lo que se escribe o transmite, no son más que esfuerzos apenas disfrazados por imponer controles sobre el contenido de las noticias.

• Restringir la cobertura noticiosa para “proteger la privacía”. Este método, que tiene un cierto atractivo emocional para muchas personas, en la práctica puede imponer límites muy serios a la libertad de prensa. Puede ser un medio para que los legisladores dicten lo que consideran noticias “legítimas” que puede cubrir la prensa.

• Requerir la “autoregulación” por parte de los periodistas. La autoregulación se utiliza con frecuencia como un eufemismo para la autocensura. Se espera, por ejemplo, que una conferencia que la unesco celebró en 1999 con el tema de la “pedofilia en internet” resulte en propuestas para la creación de una comisión “guía” integrada por varias dependencias.

• Restricción al acceso y distribución de datos. Las restricciones al acceso a datos, en especial de aquellos relacionados con los gobiernos, pueden limitar la investigación periodística. Se supone, sin embargo, que esos datos son precisamente de incumbencia pública.

• Licencia obligatoria pata periodistas. Las licencias significan que alguien, por lo general relacionado con el gobierno, decide quién puede y quién no puede trabajar como periodista en un país. Con frecuencia la idea se enmascara con propuestas para “proteger” a los periodistas, pero alguien tiene que decidir antes quién es un periodista. Una vez otorgada, la licencia para trabajar puede ser cancelada si al funcionario que la expide no le gusta lo que está haciendo el periodista.

• Proponer leyes para “proteger” a los periodistas. Esta idea, en ocasiones bien intencionada, de hecho es una fachada para las propuestas para obligar a los periodistas a contar con una licencia ya que la pregunta clave es quién es un periodista que merece esa “protección”. Esto se ha utilizado como pretexto para restringir el movimiento de los periodistas en situaciones “peligrosas”.

• Requisitos legislativos relacionados con noticias “verdaderas”. ¿Quién determina lo que es preciso? ¿Los gobiernos? ¿Consejos de prensa? La libertad de prensa implica el derecho a equivocarse. No debe haber una verdad “oficial”. El año pasado los dirigentes de América Latina rechazaron una propuesta del presidente de Venezuela para adoptar una declaración que establecía que las noticias deben ser “verdaderas”.

• Ataques a la “concentración de propiedad”. Estos esfuerzos, que no deben confundirse con las leyes en contra de los monopolios, en muchos países en realidad pretenden excluir a empresas noticiosas extranjeras o restringir a medios grandes que cuyas noticias hacen que los políticos se sientan amenazados.

• Restricciones a los “nuevos medios” (internet, transmisiones satelitales directas). Los intentos desproporcionados por regular a los nuevos medios, en especial las restricciones que limitan el contenido, pueden afectar las normas que se aplican a los medios noticiosos tradicionales y someter al contenido noticioso de internet a restricciones que obedecen a otros propósitos.

• Encubrir a la propaganda de algunas estaciones estatales de radio o televisión como si fueran “transmisiones públicas”. El derecho a hablar libremente se pone en riesgo cuando una estación estatal finge ser una organización pública. La frontera entre transmisiones públicas y transmisiones estatales no debe ser borrosa. Las transmisiones estatales no deben incluir propaganda disfrazada como si fuera de “interés público”.

• Argumentar diferencias de “valores” para justificar restricciones a la prensa. Los funcionarios públicos con frecuencia afirman que las diferencias entre los “valores” culturales, sociales o comunitarios de diversas regiones o naciones justifican las restricciones a las noticias o a los medios. El derecho a la información es de todos.

• Prohibir la divulgación de noticias y comentarios como si fuera “lenguaje de odio”. La prohibición de declaraciones a las que se considera “lenguaje de odio” puede ser un pretexto para restringir la libertad de prensa y la libertad de expresión. Por lo tanto, se utiliza para restringir la cobertura noticiosa de conflictos étnicos.

• Defender un “derecho a comunicar”. Tal como se presenta generalmente, el “derecho a comunicar” daría a todos, incluyendo a los gobiernos, el derecho a insistir en que su versión de las noticias se presente en los medios. Así, en realidad no se trata de un derecho a comunicar sino un supuesto “derecho” a que se utilice una versión particular de las noticias.

• Penalizar los procedimientos contra la prensa. Después de los asesinatos de periodistas, el encarcelamiento es la manera más poderosa para hacerlos callar. Tan solo la amenaza propicia la autocensura. En algunos países las listas de posibles “ofensas criminales” incluye la cobertura normal de temas políticos, seguridad nacional, conflictos civiles, noticias económicas y otros.

• Restricción de las noticias mediante leyes de inculto. Las leyes que penalizan la publicación o transmisión de noticias y opiniones consideradas por las autoridades  como insultantes para jefes de Estado, funcionarios, el Congreso, los símbolos nacionales y otros se invocan cotidianamente como medios para limitar la cobertura y los comentarios equilibrados.

• Imposición de sentencias punitivas a los medios noticiosos. Las cortes, en especial aquellas que están bajo la influencia o el control del gobierno, con frecuencia imponen grandes multas punitivas a los medios noticiosos, las cuales están fuera de toda proporción respecto al daño provocado. El objetivo de ello es que las multas sometan a la prensa y la enreden en interminables y costosos litigios.

• Imponer un “derecho de réplica”. Si bien el buen periodismo debe cubrir todos los puntos de vista sobre un asunto, requerir que los medios incluyan declaraciones u otros materiales por exigencia de alguien es una violación de la independencia periodística.

Desafortunadamente esta no es más que una lista parcial de las frases de moda en los círculos dados a la censura. Las palabras y frases evolucionan y cambian, pero su significado es el mismo: límites y controles a los medios de prensa, y por lo tanto a lo que el público puede saber.

Y ese tipo de censura no es ejercida tan solo por los dictadores de mano dura, sino también por fuentes que supuestamente apoyan a la democracia, tales como las instituciones internacionales e intergubernamentales identificadas con Occidente.

En la ex Yugoslavia, por ejemplo, los “ganadores” –es decir las Naciones Unidas, la otan, la Organización Europea para la Seguridad y la Cooperación (oesc)– añadieron sus propias restricciones: los controles de prensa impuestos por Slobodan Milosevic. En Bosnia, los aliados crearon una “Comisión de medios independientes” con autoridad para entrar a las instalaciones de los medios, incautar equipos y establecer códigos de ética aplicables por los grupos ocupantes. En Kosovo, la oesc está construyendo una oficina con poderes similares bajo el argumento de que el odio étnico y la guerra deben ser sofocados mediante el control de las discusiones sobre temas sensibles.

A través de la terminología ingeniosa que oscurece la intención de silenciar las críticas u ocultar las acciones de los funcionarios, los medios noticiosos se han convertido en chivos expiatorios para una serie de males sociales incluyendo la pornografía y la pedofilia, el racismo, las amenazas a la seguridad nacional y la muerte de la princesa Diana.

Si no existe la vigilancia y una oposición vigorosa, esos resbaladizos términos fácilmente podrían llegar hasta el lenguaje cotidiano del gobierno y de los legisladores.

No es solo la libertad de los medios de prensa la que está en juego. También es la libertad de ustedes.


Marilyn Greene es Directoria Ejecutiva del Comité Mundial para la Libertad de Prensa (World Press Freedom Committe), con sede en Reston, Estados Unidos.

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