ARTÍCULO

EL LABORATORIO DE NUESTRO FUTURO
Por Gerardo Albarrán de Alba*

Con mi regocijo por el premio Rey  de España
de Fotografía Internacional  para Pedro Valtierra,
a quien le debo  el mal consejo de pedir trabajo en
un  periódico, hace 20 años, cuando ambos sólo
éramos vecinos de barrio.

Parece una máscara de jade. En primer plano, difuminado el fondo, se ve un rostro ennegrecido, pero relucien-te. Es un retrato de la muerte. Es una de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Es un registro de la realidad, documentada, exhibida. Es una fotografía periodística, parte de lo que se conocerá como la icono-grafía del siglo XX.

La terrible belleza de esta foto-grafía hace lamentar la pérdida de las miles y miles de imágenes que los fotógrafos de prensa registran cotidianamente. Pocas, muy pocas se difunden. Y mientras más crudas son las imágenes, menos suerte tie-nen en las mesas de edición que las desechan, ya sea por falsos pudores o injustificadas apreciaciones estéticas, sobrepuestas a cualquier valoración periodística.

Recuperar ese trabajo, ponerlo en su contexto más amplio, es algo que ha hecho el reportero estadu-nidense Charles Bowden en su libro Juárez, the laboratory of our future, un ejercicio de periodismo de inves-tigación con fuertes rasgos testimoniales del propio autor. Y es también el retrato hablado de una docena de fotógrafos de Ciudad Juárez, esos extraños seres que se juegan la vida por una gráfica, casi siempre por un raquítico salario y sin reconocimien-to alguno, incluso de parte del resto de los periodistas. Ellos aportan a esta obra las imágenes que nunca creyeron ver publicadas: miseria, violencia, muerte, vida... todo lo que hace de esta ciudad fronteriza uno de los puntos de mayor conflicto social del planeta, espacio donde chocan desarrollo y subdesarrollo. Aquí está, en textos y gráficas, una visión apocalíptica de las relaciones Norte-Sur. Lo que ahí –en Ciudad Juárez– ya es, se anuncia para otros puntos del planeta.

De ahí que no sólo se justifique, sino que brille la reproducción de un artículo de Eduardo Galeano, in-cluido en el libro, que bien podría leerse como una sintética y actuali-zada versión de Las venas de Amé-rica Latina.

Y, como prefigurando esto, otro artículo, éste ni más ni menos que de Noam Chomsky, nos advierte so-bre los nuevos modelos de dominación que han adquirido los gran-des capitales financiero e industrial internacionales.

Juárez, the laboratory of our future es un libro brutal. Bastarían las descarnadas fotografías para describir un submundo que se desgarra a sí mismo y que amenaza con trasminar sus heces hacia todos los estamentos sociales del Tercer Mun-do, embozado en una versión de falso progreso.

Los tres textos presentados en el libro (Chomsky, Bowden y Galeano) se complementan entre sí, desde la diversidad de sus posturas.

A partir del análisis de la negociación del Tratado de Libre Co-mercio de Norteamérica, Chomsky logra una interesante abstracción de los procesos de globalización que han desmantelado a los Estados na-cionales para ceder el poder a los mercados, regidos estos a su vez por las grandes corporaciones transnacionales. Sin perder el optimismo, Chomsky resalta los valores de la utopía democrática como único va-lladar posible desde el que las socie-dades pueden hacer frente a los amos del poder real.

Galeano parte del análisis de los costos sociales del desarrollo en el Tercer Mundo para recordarnos la trampa histórica del capitalismo salvaje, y centra su crítica en los grupos políticos y tecnocráticos regio-nales que han sometido a la región a los dictados de un progreso que no es para nosotros.

Bowden se instala entre las dos categorías anteriores. Su visión, aun-que refractaria, no deja de ser la de un estadunidense con complejo de culpa. Es la postura de uno de los beneficiarios de la miseria de millo-nes, que de pronto descubre que sus magras comodidades claseme-dieras con pretensión pequeño burguesas se cimientan sobre la explo-tación de pueblos enteros. Toda su moral, su ética y sus valores sociales –esas trampas culturales con las que son criados y a las que se aferran los good guys del Primer Mundo y sus caricaturas tercermundistas– son minados por el contacto con una realidad que –como él mismo re-conoce– es preferible ignorar para los de su misma especie.

Bowden no logra decodificarse para asir parámetros que le son ajenos, lo que contamina buena parte de sus juicios de valor y su lectura de la realidad, convirtiendo mentiras a medias en verdades a medias. Pero sí responde, de algún modo, las preguntas centrales que nos hacen Chomsky y Galeano: las asimetrías son mesurables, siempre que la realidad sea contada como la mejor antiutopía. Como sea, la postura apocalíptica del autor –más alentada por los riesgos que representa para su propio orden establecido que por un reclamo de justicia elemental– contrasta con el único rasgo esperanzador que detecta en los propios fotógrafos de Ciudad Juárez que alimentan su trabajo: la idea de capturar la realidad en una película, como medio para transformarla.

Descrito como un libro sobre fotografías sobre Ciudad Juárez, la obra es meritoria. Su valor son los retratos de la realidad. La estética del dolor, la miseria y la muerte es fielmente registrada. Como libro de fotografías sobre Ciudad Juárez, su valor es la descripción de un submundo que se abre paso hacia la superficie hasta invadirlo todo.

Como libro que narra la realidad de donde surgen esas imágenes, su valor son los recuerdos del futuro, como nos lo describe Galeano.

La obra se publicó en inglés en este 1998 por el grupo Aperture, el cual ofrece las fotografías en una exposición itinerante. Además, este libro no-ficción podría ser editado el año próximo en México y el resto de Latinoamérica por Grijalbo, si es que la editorial vence al-gunos prejuicios de mercadotecnia que le aconseja no exponerse en el mercado con un material simplemente brutal.

(Nota del editor: Bowden publicó una primera aproximación a este tema en diciembre de 1996, en la revista estadunidense Har-per’s. El texto y el uso dado a las fotografías provocaron el rechazo de algunos lectores, quienes consideraron que el trabajo de Bowden es insensible y manipulador. Una de ellas fue la periodista estaduni-dense Debbie Nathan, cuyas críticas aparecieron en La falsa fronte-ra, La Red número 4, octubre-noviembre de 1997).

Gerardo Albarrán de Alba es editor en el semanario Proceso.

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