ARTÍCULO

LA COBERTURA DEL OTRO: UN RETO A AMBOS LADOS DE LA FRONTERA
Por Chad Garrison*

Quienes conocen la literatura latinoamericana sin duda se han topado con la expresión el otro, un término vago que se utiliza para describir lo que para muchos resulta inexplicable: la presencia masiva de otro pueblo, otra cultura y otro lenguaje en una sociedad establecida.

Los pueblos nativos de Centroamérica y Sudamérica fueron los primeros que hablaron y escribieron sobre esa otredad al describir a los conquistadores europeos. Después, los escritores latinoamericanos utilizaron esa palabra al referirse a los gringos. Más recientemente, el tema viajó al norte junto con miles de latinoamericanos casi todos ellos mexicanos– que emigran cada año a Estados Unidos. Son ellos quienes se han convertido en el otro en una gran parte de Norteamérica. Y registrar sus vidas es un reto que deben enfrentar los periodistas mexicanos y estadunidenses.

En diciembre pasado cerca de cien periodistas de ambos países se reunieron en busca de técnicas para mejorar la cobertura del otro, durante el II Encuentro en la frontera organizado por Periodistas de Investigación e Investigative Reporters and Editors (ire). La zona de Tijuana/San Diego es el cruce fronterizo más activo del mundo y fue la sede ideal para un evento que cubrió temas tales como el ambiente, el narcotráfico, el Tratado Norteamericano de Libre Comercio y la migración. Y entre todos esos temas, la discusión siempre volvía al de cómo reportar mejor sobre el otro.

"Históricamente la visión estadunidense ha sido ‘¿qué nos están haciendo los mexicanos’, y la visión mexicana ha sido ‘¿qué nos están haciendo los estadunidenses?’", dijo Fernando Romero, un periodista independiente de San Diego quien participó en la conferencia. "Pero lo que los dos países se deben preguntar es ‘¿qué es lo que está sucediendo en la frontera y afecta a las personas de ambos lados, y por qué’?"

Lo que afecta a ambos países es su desigualdad económica. Esa desigualdad ha sido más evidente a lo largo de la frontera. En el lado mexicano los periodistas se han interesado en el incremento del número de talleres de propiedad estadunidense en los que las condiciones de trabajo son muy precarias, en las comunidades hacinadas que carecen de drenaje adecuado y cuya dotación de agua está disminuyendo, en los posibles daños físicos provocados por cruzar la frontera de manera ilegal y en la creciente violencia en la zona asociada con la demanda de drogas en Estados Unidos.

Al norte de la frontera los intereses de los periodistas con frecuencia han sido la antítesis de los que se expresan en México. El aumento en la inmigración indocumentada, la contaminación que se filtra a Estados Unidos y la violencia entre los brutales capos mexicanos del narcotráfico han sido temas frecuentes. Y, más que nunca, los efectos de la desigualdad entre ambas naciones pueden verse también más allá de la frontera.

"La frontera no es únicamente la frontera", dijo Carlos Puig, quien durante varios años fue corresponsal en Washington para la revista mexicana Proceso. "La frontera es Nueva York y Chicago y cualquier lugar en el que las personas viven juntas, pero están separadas".

Lo que Puig y otros sugieren es que los periodistas deben encontrar maneras para cubrir las relaciones –frecuentemente enrarecidas– entre ambas naciones. Puig propone ir más allá de la migración y concentrarse en la economía de ambos lados.

"Un ángulo podría ser el de los conflictos que pueden surgir pronto entre las minorías de Estados Unidos. En California los latinos están desplazando a los afroamericanos. ¿Cuáles son algunas de las posibles implicaciones de ésto?", se preguntó Puig. "O en el sur de Estados Unidos. Los mexicanos trabajan en toda la industria de procesamiento de alimentos de esa región. En Alabama el 80% de los empacadores de pollo son mexicanos. ¿Qué significa esto para ésas economías?"

Ned Glascock, periodista del periódico The News and Observer de Raleigh, Carolina del Norte, ha tenido éxito en la cobertura del otro en un estado en el que los latinos constituyen tan sólo el 2% de la población. Glascock dedicó una serie de reportajes a los inmigrantes mexicanos que viven en Durham, Carolina del Norte, y en el primero se concentró en el aspecto humano. Lejos de ser la trillada historia de los inmigrantes que se sobreponen a la adversidad el reportaje de Glascock demostró cómo un trabajo a profundidad puede diluir el mito del otro.

"Pasé varios meses con inmigrantes recién llegados a Durham, para aprender sobre sus vidas, motivaciones, penas y deseos", recordó Glascock. "Después fui a México, al pequeño pueblo de Pahuatlán, para reportar sobre las fuerzas que expulsan y atraen a tantas personas que dejan sus hogares para ir hasta Carolina del Norte. Ese es el otro lado de la historia de la migración que simplemente no puedes ver en Carolina del Norte".

La segunda parte de la serie de Glascock se concentró en la economía de la migración. También aquí el autor tocó un tema que con frecuencia es ignorado por los periodistas estadunidenses que escriben sobre los trabajadores inmigrantes indocumentados. Glascock investigó las prácticas de empleo de una industria desesperada por obtener trabajadores, las fallas del Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos en el estado de Carolina del Norte y un auge económico en el que los trabajadores indocumentados contribuyen a la bonanza. Glascock terminó su serie con otra pregunta que merece ser investigada: ¿qué sucede con esos trabajadores indocumentados cuando se termina el auge económico?

También vale la pena investigar otros temas que surgieron en la conferencia y que pueden ayudar a ambas sociedades a comprender al otro. Entre ellos:

• Agua: la zona de la franja fronteriza entre México y Estados Unidos está agotando rápidamente su reserva de agua fresca. Tijuana tiene el agua garantizada tan sólo hasta el año 2005. En la zona de El Paso, Texas, y Ciudad Juárez, Chihuahua, la reserva de agua es aún menor.

• Un cruce mortal: Desde 1994, cuando el Congreso estadunidense empezó a reforzar la presencia de la Patrulla Fronteriza a lo largo de los 3200 kilómetros de la línea, ha muerto un mayor número de indocumentados al tratar de pasar a Estados Unidos. Ello no se debe a daños físicos provocados por los agentes de la Patrulla, sino a las inclemencias de los elementos naturales. En San Diego, donde la Patrulla lanzó la Operación Guardián, la meta ha sido asegurar las rutas de inmigración más utilizadas. Eso empuja a quienes desean cruzar sin documentos más hacia el este donde los desiertos y montañas son más traicioneros y constituyen un elemento disuasivo. Desde que se inició la Operación Guardián 340 personas han muerto tratando de cruzar la frontera, de acuerdo con datos del Consulado de México en San Diego.

•Nuevas políticas: Las políticas estadunidenses han puesto un gran énfasis en la detención y deportación de trabajadores indocumentados, mientras que pocos patrones que los emplean son llevados a juicio. De la misma manera, tanto el gobierno como los medios de Estados Unidos se apresuran a achacar la guerra de las drogas a la oferta en América Latina y no a la demanda que se genera en Estados Unidos.

Chad Garrison es estudiante de posgrado en la escuela de periodismo de la Universidad de Missouri en Columbia, sede de Investigative Reporters and Editors.

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