ARTÍCULO

UNA TELEVISION AUN SUMISA
Por Andrés Oppenheimer*

No hay duda de que hay un auge del periodismo independiente en la región. Los premios María Moors Cabot dados el mes pasado por la Universidad de Columbia a Jesús Blancornelas, del semanario mexicano Zeta, y a Edmundo Cruz Vilchez, del diario peruano La República, son apenas los últimos reconocimientos a la valentía de muchos periodistas de medios latinoamericanos.

Pero lo que muchas veces olvidamos –y que viene a la mente rá-pidamente al leer Detrás de la Máscara, el nuevo libro de Jorge Ra-mos, el conductor de noticias de la cadena norteamericana en espa-ñol Univision– es que la creciente independencia de la prensa en América Latina no se extiende al medio más importante: la televisión.

Ramos, cuyo noticiero nocturno presentado junto con María Ele-na Salinas es visto en todo Estados Unidos y 13 países latinoamerica-nos, comienza su libro con una afirmación que sería anatema para muchos conductores de televisión en América Latina: "Toda buena entrevista genera conflicto (...) Si un periodista no hace preguntas in-cómodas, difíciles, no está haciendo bien su trabajo".

En el libro, un muestreo ampliado de sus mejores entrevistas te-levisivas, Ramos le pregunta al gobernante cubano Fidel Castro por qué no permite un plebiscito sobre su sistema de partido único, inte-rroga al presidente mexicano Ernesto Zedillo sobre si su nombra-miento no fue resultado de un dedazo de su antecesor, y consulta al presidente colombiano Andrés Pastrana sobre si estaría dispuesto a hacer pública una declaración de sus bienes materiales.

Se trata de preguntas habituales para periodistas de medios es-critos latinoamericanos, y para cada vez más reporteros de radio, pe-ro que –con pocas excepciones– raramente son realizadas en televisión.

"La gran frontera de la libertad de prensa en América Latina sigue siendo la televisión", me señaló Ramos en una entrevista. "Yo no re-cuerdo haber visto una entrevista fuerte con un presidente o líder mi-litar latinoamericano en su propio país".

La libertad de expresión en la televisión es un tema candente en estos días en Argentina, México, Perú y varios otros países. En muchos de ellos, los Congresos están redactando nuevos proyectos de ley para regular los programas noticiosos, no siempre con miras a permitir ma-yores libertades. Uno de los principales problemas, según los expertos, es la manera en que se otorgan las licencias en muchos países.

Mientras que la Comisión Federal de Comunicaciones de Esta-dos Unidos es una agencia gubernamental independiente de cinco miembros, tres de los cuales son del partido en el poder y dos de la oposición, sus contrapartes en varios países latinoamericanos son oficinas presidenciales que actúan como órganos de control político.

Asimismo, la reciente privatización de canales de televisión en México y la forma en que el gobierno colombiano concede licencias para programas noticiosos han dado lugar a sospechas de amiguismo y corrupción.

"En muchos casos, quienes han ganado las concesiones de estas estaciones no son los mejores postores, sino la gente con las mejores conexiones políticas", dice Ramos. "El resultado es que la televisión todavía está bajo fuerte influencia de los gobiernos".

Héctor Amengual, dirigente de la Asociación Internacional de Radiodifusión, una organización con sede en Uruguay que representa a 17 mil difusores de radio y televisión, no está de acuerdo.

"Seguro, los medios electrónicos están sujetos a más regulacio-nes que los escritos, pero no creo que se pueda decir que la televi-sión esté más influenciada por los gobiernos, o que se pueda poner en duda su independencia", asegura.

Pero el hecho es que uno no ve el tipo de preguntas que hace Ramos en la televisión de la mayoría de los países latinoamericanos. Y mientras eso no ocurra, Ramos tendrá razón en afirmar que a la prensa de América Latina todavía le falta conquistar una última frontera para ser enteramente libre.

Andrés Oppenheimer es corresponsal extranjero y columnista de los diarios The Miami Herald y de El Nuevo Herald, en los que este texto fue publicado originalmente bajo el título Presidentes son felices con televisión sumisa.

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