REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN

EL EXILIO DEL MIEDO
Investigación periodística:  Gabriela Aguilar
Adaptado del reportaje publicado el 26 de octubre de 1998 en la revista Milenio
Ver texto: Llegó la hora de hacer maletas y huir de méxico

El exilio del miedo
En octubre de 1998, Gabriela Aguilar sorprendió a los lectores de la revista Milenio con un reportaje que documentaba, por primera vez, algo que estaba en boca de muchos mexicanos y en especial de los chilangos, es decir, los residentes de la ciudad de México. El exilio del miedo fue un retrato de lo que Gabriela llamó la diáspora mexicana, es decir, el creciente número de familias de clase media y alta que dejan el país huyendo de esa "aterradora guerra civil cotidiana en la que millones siguen perdiendo" ante la inseguridad y la delincuecia que se han disparado en los últimos años.

La idea, explicó Gabriela a La Red, surgió precisamente porque era un tema que estaba en el aire pero no se había escrito nada al respecto. Se sabía de algunos artistas que decidieron mudarse a Esta-dos Unidos después de ser víctimas de un secuestro o asalto, pero el reporteo sobre el tema se había limitado a notas sueltas.

Además, Gabriela buscó la dimensión económica del tema y de-cidió investigar los efectos que podría tener la salida del país de los grandes empresarios y de sus capitales. Y descubrió un hecho "im-presionante": la mayoría de las personas con las que habló –y que tienen los medios para hacerlo– desean irse del país. Ese nuevo tipo de exilio mexicano, opina, es "un reflejo de la incapacidad del Esta-do para cumplir con una de sus principales obligaciones: dar seguridad a los ciudadanos".

El principal reto fue "ponerle nombre y rostro a los exiliados", es decir, "contactar a los personajes, obtener un testimonio abierto y convencerlos de que dieran su nombre para darle validez a los testimonios". No fue fácil, ya que identificarlos podía ponerlos en la mira de los delincuentes. A fin de cuentas, y "tras un intenso cabildeo", Gabriela logró que los entrevistados le permitieran utilizar sus nombres, en algunos casos recurriendo a sus segundos nombres de pila, y sin identificar a sus empresas o negocios. Eso sí, nada de fotos de los exiliados.

Una vez que los editores de Milenio dieron luz verde a este acuerdo no fue difícil obtener testimonios, pues, ya que "todos co-nocen o saben de alguien que quiere mudarse a otra ciudad o a otro país". Sin embargo, dado lo nuevo del tema, también fue necesario enriquecerlo con datos y con entrevistas a expertos en seguridad y representantes de las empresas de seguridad privada.

Gabriela pensó que esas empresas tendrían información sobre el número de ejecutivos de alto nivel que han decidido emigrar en busca de la seguridad perdida, pero ante la cerrazón de algunas compañías optó por consultar a las firmas estadunidenses que prestan servicios de protección a empresarios en México. Algunas empresas de Miami aportaron datos sobre el número de secuestros que tienen registrados, el tipo de servicios de seguridad que ofrecen y los empresarios que están saliendo del país junto con sus familias.

En México Gabriela habló con la principal empresa del ramo y con otras dedicadas a asesorar a las familias de personas secuestra-das. La primera aportó información sobre el porcentaje de empresa-rios textileros y de otros ramos de la manufactura que han cambiado su lugar de residencia por miedo. Las segundas informaron sobre el número de sus clientes que piensan irse de México tras haber sufrido un secuestro: un promedio de 15 familias por semana.

Otra fuente clave fue la comunidad judía mexicana, ya que su es-tereotipo de gente adinerada y vinculada con los negocios ha llama-do la atención de los delincuentes. Para ellos el tema es asunto de to-dos los días y muchos se han marchado del país o a otras ciudades mexicanas.

Las compañías de bienes raíces también fueron muy útiles para el reportaje, ya que ofrecieron información sobre la venta de propie-dades en las zonas residenciales de la capital, así como las solicitudes de clientes para encontrar casa en Estados Unidos y la resistencia de algunas personas a venir a vivir al Distrito Federal por el miedo.

Gabriela también reporteó, vía telefónica, en otros estados del país para saber si el fénomeno del exilio del miedo ocurre en ellos. Así descubrió que en el estado de Morelos los secuestros y la fuga de los dueños del capital han dejado sin empleo a más de 450 fami-lias. La reportera se puso en contacto con una organización civil que lleva un registro del número de plagios a empresarios en la entidad, mientras que expertos en criminalística porporcionaron datos comparativos sobre la delincuencia en diversas ciudades mexicanas y en otros países.

La "misión imposible" fue obtener datos de las embajadas de Es-tados Unidos y Canadá en México, ya que la información sobre el número de familias mexicanas que ha solicitado permiso de residencia en esos países no es pública y sus políticas prohiben divulgarla.

Por lo pronto, el reportaje de Gabriela tuvo eco internacional ya que el diario The Angeles Times encargó a sus corresponsales en Mé-xico que investigaran el mismo tema, y la revista The World Press Re-view solicitó los derechos para publicar partes del texto en Estados

Unidos. Mientras tanto, la revista Milenio recibió numerosas cartas de mexicanos en el exilio quienes expresaban su enojo por haber te-nido que dejar su país debido a la inseguridad.

El reportaje tuvo el acierto de poner en blanco y negro, con cifras y testimonios, aquello que todos los capitalinos conocían a ni-vel de anécdotas y rumores. La conversación de café se convirtió en una investigación periodística. Sin embargo, Gabriela hubiera deseado contar con más tiempo para la investigación para, por ejemplo, hablar con representantes de las cámaras industriales y empresaria-les y saber si tienen registros de cierres de compañías o mudanzas al extranjero. También "faltaron algunos nombres de empresarios que dieran más impacto al reportaje, pero la confidencialidad y lo delicado del tema lo impidieron".

En todo caso, considera, el tema da para mucho más y se les puede sacar más jugo a fuentes como las empresas de seguridad privada. Hay que ser pacientes, advierte, pero existen muchas vetas sin explorar. Por ejemplo, qué sucede en las ciudades mexicanas que están recibiendo a los exiliados, o cómo ocurre el fenómeno en el norte del país. Allí habría que investigar si en ciudades como Mon-terrey, donde hay una gran concentración de riqueza, los secuestros también están provocando una fuga de empresarios hacia Estados Unidos.

Lo más importante, concluye Gabriela, es que ni los medios ni los ciudadanos quiten el dedo del renglón y por el contrario que "sigan presionando a las autoridades para que nos devuelvan el de-recho que todos tenemos a vivir seguros".

Llegó la hora de hacer maletas y huir de méxico
Adaptado del reportaje publicado el 26 de octubre de 1998 en la revista Milenio
Por Gabriela Aguilar

Por razones de espacio, el texto de Gabriela que aparece a   continuación fue reducido significativamente. Los lectores interesados pueden comunicarse con La Red para obtener una versión completa.

Mónica Madero vive prisionera del miedo en su propio bunker en Tecamachalco. Su casa está completamente electrificada y conectada a un sistema de seguridad de la colonia. Un policía vigila permanentemente la entrada de su residencia. Jamás, ni en la peor de las emergencias, sale a la calle sola. Un chofer la acompaña a todas partes en un auto con protección en los vi-drios. Si sale con su bebé no se le se-para ni un milímetro.

Cuando ella y su marido, quien tiene un negocio en la industria editorial, asisten a algún compromiso en la noche, la paranoia los acompaña. "Estamos todo el tiempo vigilando que no nos vengan siguiendo, que ningún coche se nos pegue más de lo normal", dice. "Vivimos aterrorizados, tenemos amigos cercanos que han sido secuestrados, otros tantos han sido asaltados con violencia. Todo el tiempo te ves en el espejo y tienes pavor de que te secuestren a tí, a tu marido o a tus hi-jos. No podemos salir a ningún lado tranquilos. Estamos hasta el gorro de vivir con pánico. Basta. Nos vamos de México. Aquí no hay solución".

Primero fue el exilio político. Después vino el económico. Ahora, ante la creciente inseguridad, ha comenzado la diáspora del terror. Al igual que cientos de familias mexicanas acaudaladas, Mónica y su es-poso tomaron la decisión de mudar-se a otro país en busca de la libertad de poder salir a la calle sin miedo, de jugar con sus hijos en un parque sin el terror de que alguien se los ro-be. "Nosotros creíamos en México, pero no hay leyes que se respeten. ¿Cómo es posible que tengamos miedo de la policía? El Presidente es un títere, todo es una caricatura, la impunidad es total. Es absurdo".

La pareja, que se autodefine co-mo "ultra nacionalista", jamás pensó en irse del país. "Yo sugerí mudar-nos a otra parte de la República", asegura Mónica. Pero cuando sus amigos íntimos comenzaron a ser víctimas de secuestros empezaron a analizar la posibilidad de cambiar su residencia. "Llegamos a la conclusión de que en todo el país la impunidad es absoluta. Es ridículo. Nada vale más que tu vida o la de tu familia, y menos un país que no te permite la libertad de salir a la calle. Nosotros ya tiramos la toalla, ya no nos interesa estar aquí en donde nadie ve por nosotros. No vamos a dar nuestra vida por este país donde no hay orden ni ley que se respete ni autoridad".

En febrero de este año, la familia viajó a Estados Unidos en don-de tuvo que pasar un par de semanas. Entonces decidió vivir en ese país. La decisión no fue fácil. Hubo que evaluar la cuestión económica y la posibilidad de mantener los negocios en México. "Mi marido va a estar viniendo a atender el negocio. Yo me quedaré allá más tiempo. Dejamos la casa acá y, obviamente, a familia y seres queridos. Te cuesta mucho, pero no es posible seguir así. Punto. Casi to-das mis amistades están pensando en irse".

La gente de dinero en México ha comenzado a abandonar la tie-rra a la que llaman de la impunidad. Ante el terror de ser víctimas de un plagio, cientos de familias libanesas, judías, de ejecutivos de alto nivel o de figuras públicas como Vicente Fernández y Yuri han em-pezado a emigrar a países más seguros, como Estados Unidos y Ca-nadá para proteger sus vidas. Algunas de ellas empacan consigo sus negocios y han cerrado plantas y fuentes de trabajo en el país.

"En los últimos meses se ha dado un gran exilio de empresarios, puedo decir que por lo menos siete por ciento de los textileros y de los principales manufactureros mexicanos han decidido cambiar su residencia", asegura Alejandro Desfassiaux, presidente del capítulo México de la American Society for Industrial Security. "En lo que va del año, por lo menos 85 de mis clientes han decidido sacar a sus fa-milias del país. Muchos de ellos fueron víctimas de secuestros formales o de los llamados express".

Las empresas de seguridad privada y de asesoría para enfrentar secuestros registran cada vez más casos de familias que deciden abandonar el país. "Tenemos un alto índice de exilio", señala Eduar-do Granados, director general del Programa de Seguridad y Preven-ción de Secuestros. "La cifra es alarmante: sabemos por los menos de 15 casos a la semana de familias con un perfil altamente ejecutivo que deciden cambiar su residencia, principalmente a California. Casi nadie lo hace por prevención sino porque han sido víctimas de un secuestro, de amenazas o de intentos frustrados".

Cynthia Kaplam, encargada de marketing para América Latina de Kroll Associates, una de las empresas estadounidenses líderes en inteligencia y seguridad privada, que ubica a México como el segundo país latinoamericano con mayor número de secuestros después de Colombia, sostiene que la huida de hombres de negocios de alto nivel del país se ha intensificado en los últimos meses. "Nosotros hemos ampliado significativamente nuestras operaciones en México", dice vía telefónica desde Miami. "La demanda por nuestros servicios y cur-sos de prevención de secuestro, de cómo manejar y mitigar riesgos y daños, y de capacitación para choferes ha crecido notablemente. Los altos ejecutivos ya no viven sin miedo".

Lo alarmante de este éxodo no es su magnitud, sino las consecuencias económicas que ya han empezado a provocar en el país. "Hay dos tipos de autoexilio: el de familias que se van, ponen un corporativo en otro país y mantienen sus negocios en México, o el de quienes deciden irse con todo y cerrar sus compañías para abrirlas en otro país", explica Desfassiaux, quien también es presidente de Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial, firma mexicana líder en sistemas de seguridad privada que asesora a más de 600 clientes empresariales.

"Puedo decir que cerca de tres por ciento de los empresarios de la industria manufacturera, especialmente del sector textil, se han ido con todo y sus compañías a Estados Unidos", comenta Desfassiaux. "De mantenerse esta tendencia, el impacto en la economía puede ser brutal, pues va a llegar un momento en que habrá menos empleo y con la crisis que se avecina la situación va a ser caótica".

Una de las ciudades que ya se ha visto afectada económicamen-te por la salida de hombres de negocios que huyeron de los secuestros es Cuautla, Morelos. Datos de Casa Ciudadana indican que 35 familias han emigrado a otras ciudades y han cerrado sus negocios en la zona dejando sin empleo a cerca de 450 familias.

"Definitivamente la inseguridad en México ya se ha convertido en un problema financiero", comenta Eduardo Granados. "Sabemos que los traslados de empresarios a otras ciudades implican una fuga de capitales y esto, a la larga, provocará cambios en la infraestructura comercial, la administrativa y tendrá serias consecuencias en la economía mexicana", dice el directivo de la empresa que recibe por lo menos 11 llamadas diarias en busca de asesoría contra secuestros.

Hasta ahora, el autoexilio más común es el de empresarios que no rompen del todo sus lazos con México. "La mayoría de mis clien-tes que se han ido dejan sus negocios acá y vienen una vez a la sema-na o cada quince días a ver cómo va la operación", asegura Desfa-ssiaux. "Puedo decir que 60 por ciento pertenece a las comunidades judía y libanesa y que la mayoría radicaba en el Distrito Federal o en la zona metropolitana".

Y es que, estereotipado como uno de los grupos más productivos y acaudalados de México, la comunidad judía ha sufrido en los últimos meses un sinnúmero de secuestros de largo y de corto plazo en la ca-pital, por lo que cerca de 100 familias han optado por cambiar su re-sidencia al extranjero o a ciudades del interior de la República.

¿A dónde van los exiliados del miedo? Los más opulentos han dejado las zonas residenciales de la capital para refugiarse en los suburbios más exclusivos de California, Texas, Florida y la Columbia Británica. Los de menores posibilidades se reubican en Cancún, Querétaro, Aguascalientes o algunas ciudades del Bajío por consi-derarlas más seguras.

En la primera fase de la mudanza, los mexicanos, que entran a territorio estadunidense en calidad de turistas suelen rentar casas.

Posteriormente compran propiedad y abren un negocio. Al ge-nerar empleo pueden obtener un permiso de trabajo.

La oferta de alquiler o venta de residencias en las zonas residen-ciales de la zona metropolitana del Distrito Federal, como Bosques de las Lomas, Pedregal, San Angel, La Herradura, Las Lomas y Te-camachalco se ha incrementado en casi 20 por ciento, así como la de casas o departamentos en colonias antiguas, pero cada vez más peligrosas como Polanco y Del Valle.

Los empresarios que no tienen los miles de dólares necesarios para mudarse a Estados Unidos exigen un alto nivel de seguridad en sus residencias en la capital o han comenzado a cambiarse a ciuda-des que consideran más seguras, como Cancún, a donde han emigrado familias de la comunidad judía.

El miedo ha empujado también a familias de clase media a refugiarse en otros países. Decenas de parejas mexicanas que tienen hi-jos pequeños han comenzado a emigrar a Europa, Sudamérica y has-ta Oceanía. Sus circunstancias económicas son totalmente distintas a las de los altos ejecutivos. Pero el terror es el mismo.

"Mi marido, mis dos hijos y yo nos vamos a vivir a España", dice Dolores Arellano, quien hace unos meses vivió un asalto a mano armada. "La semana pasada unos tipos se llevaron a mi padre en el auto cuando llegaba a su casa. Nosotros no queríamos irnos, es nues-tro país. A mi esposo le salió una oferta de trabajo allá y pues no lo pensamos dos veces. Va a ganar menos, pero no importa, es una co-sa por otra. No hay nada como la seguridad de nuestros hijos".

La joven asegura que sabe de por los menos otras 10 parejas de profesionistas cuya edad oscila entre los 30 y 35 años que decidieron irse a sitios como Sevilla, Barcelona, Buenos Aires, Nueva Zelanda, Australia y Santiago de Chile.

Habla Lucio Mendoza, presidente del Instituto Mexicano de Estu-dios de la Criminalidad Organizada: "En algunas personas el instinto de seguridad es más fuerte que sentimientos como el arraigo o el na-cionalismo. Dejar todo es una amputación dolorosa pero si el Estado es incapaz de proteger la seguridad de sus ciudadanos, ellos no tienen la obligación de mantener sus capitales aquí. La inseguridad es ya una amenaza seria para cualquier ciudadano, es cuestión de suerte".

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