REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN

¿DETENDRÁ EL NARCOTRÁFICO A LOS PERIODISTAS?:
Entrevista a Jesús Blancornelas, por Leonarda Reyes*

     Por mucho tiempo se nos dijo a los periodistas en México, abierta o veladamente, que el ejército, la iglesia y el presidente no se tocaban, que eran instituciones sacrosantas. Por muchos años, en verdad, no fueron molestadas.
     Hoy, aunque en los medios haya habido avances que los analistas califican como notables, todavía hay muchos aspectos sobre la iglesia, el ejército y el mismo presidente, que nadie se atreve a develar.
     Junto a las limitaciones prevalecientes ¿deberán los periodistas incluir ahora al narcotráfico? O tal vez, imperceptiblemente, ya está en la lista de los intocables de algunos medios.
     Jesús Blancornelas, codirector del semanario Zeta, de Tijuana, no podrá caminar en los próximos seis meses debido al atentado del 27 de noviembre, en el que murió su guardia.
     A diferencia de otros ataques, en éste no hubo duda alguna: fueron narcotraficantes.
     El periodista, quien es miembro de Periodistas de Investigación, explica qué enojó a los zares de la droga, cómo puede detectarse su infiltración en los medios y cómo realiza Zeta sus investigaciones.
     En el momento de los hechos, ¿qué sintió usted, qué pensó?
     Fue muy angustioso, nunca pensé que pudiera suceder, parecía que no era cierto lo que estaba viviendo... terrible; yo sobreviví, pero mi guardia no.
     Conociendo lo feroces y vengativos que pueden ser los narcotraficantes, ¿no pensó que podría ocurrir algo así, después de las revelaciones que estaba publicando Zeta?
     Sí lo pensábamos pero no lo creíamos; pensábamos que era una locura, traíamos chalecos antibalas en el carro pero nunca los usamos; tomábamos precauciones, pero nunca creímos que pasaría.
     ¿Por qué pensaba que los narcotraficantes no atentarían contra un periodista?
     Siempre pensamos que el pleito no era con nosotros, nosotros estábamos informando, a veces incluso avanzamos más que la propia Procuraduría.
     ¿Cree que atentar contra usted haya sido un mensaje?
     Lo mío no fue un mensaje, fue un ataque bien planeado. Creo que definitivamente el narcotráfico amenaza ahora la libertad de expresión. Este suceso puede servir para que otros compañeros digan "no escribo sobre el narcotráfico porque me puede pasar lo mismo". Yo me salvé de milagro, lo mío fue un milagro.
     Zeta se ha distinguido no sólo por sus investigaciones, sino que también parece ejercer una denuncia frontal. Me refiero a la publicación de la carta de una madre que reclama la muerte de su hijo a Ramón Arellano Félix. Luego Zeta publicó un recuadro exhibiéndolo porque no había respondido.
     No, no fue esa la intención. La publicación de la carta había causado un gran revuelo, a la siguiente semana no teníamos pensado escribir nada, pero hubo mucha gente que llamaba preguntando si ya había contestado. Hablamos con la señora, dijo que no y lo publicamos. No lo hicimos en un sentido frontal.
     Pero eso molestó a los narcotraficantes.
     Sí, a ellos lo que les enojó fue lo de la carta y luego que detuvieran a uno de los principales. A Arturo El Kity Páez, lo detuvieron y lo confesaron aquí y se lo llevaron a Almoloya. Todos los demás periódicos se concretaron a las informaciones boletinadas de que había sido detenido, que traía documentos a otro nombre, que andaba con su novia en ese momento, pero nosotros pudimos conseguir la declaración y ahí venían muchos nombres, desde Ramón Arellano, hasta los nombres de personas que habían sobornado. Pensamos que ése fue su enojo.
     Atacarlo a usted, un periodista conocido a nivel nacional por sus publicaciones sobre el narcotráfico, es insólito. ¿cree que los narcotraficantes respetan o respetaban a los periodistas, o es que se investiga poco?
     Sé que hace tiempo hubo un atentado en Matamoros, pero después estuvo medio oscura la relación de los periodistas con el narcotráfico, fue muy confuso y nunca se supo.
     Por eso yo propuse en Chihuahua (en la reunión fronteriza de Periodistas de Investigación) que cuando hubiera un atentado en contra de periodistas lo primero que hiciéramos fuera verificar si en verdad lo eran, porque aparecen como víctimas del narcotráfico y en realidad estaban ligados a los narcotraficantes, o no trabajaban en ningún periódico, o traían credencial falsa.
     Pero desde su punto de vista, ¿están haciendo los medios todo lo que pueden para denunciar al narcotráfico?
     No, definitivamente no. En el caso de Baja California es lamentable que la solidaridad en este asunto vino más de ustedes, otros periodistas de la república, de Estados Unidos, que de Baja California.
     Sí tratan el asunto del narcotráfico, pero cuando los hechos ya están consumados, no trabajan la investigación. Simple y sencillamente se someten al boletín de la PGR que dice fue detenido este narcotraficante y fueron consignadas tantas toneladas, pero la investigación no la trabajan.
     ¿A qué lo atribuye?
     Definitivamente no podría responder si es miedo o dinero, pero debe ser cualquiera de las dos cosas.
     Y a nivel nacional, ¿cree que los medios hacen lo suficiente?
     Usted conoce los medios en México. Unos dicen, otros no. Creo que en la medida en que pocos digan crecerán las represalias, en la medida en que todos digamos se dará más trabajo para los narcotraficantes. Por eso Periodistas de Investigación y el Comité para la Protección de Periodistas están organizando un evento el 13 y 14 de febrero. Van a venir aquí a Tijuana periodistas de Estados Unidos y México para tratar este asunto, investigar y publicar todos al mismo tiempo.
     Lo que buscan los organizadores es que la publicación que se haga tanto en Estados Unidos como en México signifique un paraguas, una protección, que los narcotraficantes sepan que atacar a un periodista es atacar a otros.
     ¿Ha reconsiderado el trabajo que ha hecho?
     No. Todavía no puedo caminar, no puedo ir a trabajar, pero lo estoy haciendo desde aquí. La semana pasada escribí un artículo donde señalé con detalles lo que nos había pasado y en segundo lugar dije que voy a seguir igual, no voy a hacerme para atrás, no voy a retirarme.
     ¿No tiene usted miedo, no cree que podrían intentar matarlo de nuevo?
     Pues no, miedo no. No es que diga que me siento muy macho, pero siempre hemos estado caminando con riesgos. Soy católico creyente, soy de la idea que ninguna persona puede tener derecho a quitarme la vida, el único que me la puede quitar es Dios y cuando me diga hasta aquí llegaste, hasta ahí.
     Ahora hay mayor protección, mi casa está protegida por el ejército, cuando pueda caminar no sé si el ejército me dará protección, si no, tendré que contratar a otra persona.
     ¿Pero no teme que los narcotraficantes se sientan aún más agraviados?
     Se sienten agraviados porque no lograron cometer lo que
     querían y perdieron a uno de sus pistoleros favoritos, pero ahora el gobierno federal tomó el caso en vez del estatal, la PGR desató una persecución y detuvieron a varias gentes importantes.
     Entonces usted confía en que se replegarán.
     Sí, por las acciones de la PGR y porque vemos por primera vez que hay una coordinación con la policía de Estados Unidos.
     ¿Qué técnicas emplean para investigar al narcotráfico?
     La primera es que la investigación no la puede hacer un hombre
     solo o una mujer sola, se acabaron esos tiempos, tiene que ser un trabajo de equipo. Nosotros trabajamos un mínimo de cuatro personas más la que dirige la investigación.
     Como somos semanario, estamos sujetos a que cada quien trabaja distinta área del asunto, nos reunimos, entrelazamos información para ver si es verídica y cuando consideramos que está terminada, hay una persona que redacta.
     Luego esta persona pasa su artículo a tres o cuatro compañeros que lo ven con detenimiento en una sesión todos juntos, ahí mismo decimos le falta esto, le sobra esto, y así complementamos todo. Ya que está formado volvemos a leer y volvemos a dar una última checada con las fuentes que tenemos. Cruzamos fuentes: si un compañero habló con Juan y otro con Pedro, entonces volteamos los papeles, el que habló con Juan habla con Pedro, y es como nos ha dado resultado.
     ¿Utilizan esta forma sólo por cuestiones periodísticas o por seguridad?      Por cuestión periodística, nada más. La mayoría de los trabajos, podría decirle que un 50 por ciento, está hechos en equipo, y un 50 por ciento individual y los individuales siempre son sobre algún asunto sencillo.
     Después que a mí me hirieron trabajaron 11 compañeros en la investigación del atentado.
     ¿Hicieron álgun descubrimiento?
     No. Lo único que encontramos fue que era un hombre muy buscado, del que se sospechaba que había participado en el crimen contra el Cardenal Posadas Ocampo.
     Pero lo que nosotros habíamos descubiero antes fue que los sistemas que estaban siguiendo eran muy técnicos, ya no era el tradicional carro que se empareja o el que dispara en un alto. Ahora se pone un carro adelante, otro atrás, otro en la esquina que remata, se ponen otros dos vehículos en la posible salida. Ahora trabajan con chalecos antibalas, con guantes –parece película– con las yemas de los dedos con tela adhesiva... esto es nuevo.
     ¿Qué tan nuevo?
     Como desde los dos últimos atentados.
     ¿Es lo que ustedes dicen que fue entrenamiento en Israel?
     Sí, llegamos a la conclusión de que podrían haber estado allá alguno de ellos después de que una fuente intermedia entre el narcotráfico y la policía nos dio a conocer eso. Actúan en comandos.
     Algunos piensan que investigar el narcotráfico puede ser muy difícil –peligroso desde luego– pero muy difícil. ¿Cómo consiguen ustedes la información?
     Muchas veces se tiene que buscar con las infanterías, con los escribientes, con los secretarios.
     Todos tenemos de cualquier forma contactos para poder obtener información, no es ejercicio privativo de Zeta, es un ejercicio que podrían hacer todos si quisieran.
     Hablaba usted de la necesidad de verificar que los periodistas no tengan vínculos con los narcotraficantes. En caso de ataques, ¿tienen ustedes evidencias de que haya infiltración del narcotráfico?
     No. Lo que ha pasado es que los narcotraficantes se infiltraron primero en la policía, luego en el gobierno y luego en la prensa a través de dinero. Los periodistas podrían estar siendo utilizados a través de segundas o terceras personas. Eso se ve muy claro cuando no tocan asuntos del narcotráfico, por lo normal se la pasan censurando y sobre todo al ejército. Pruebas no, no tenemos, pero sí llegamos a esa consideración.
     El indicio más directo fue un periódico en San Luis Potosí, que fue confiscado por la PGR. Detectaron la propiedad porque en forma muy impertinente estaba a nombre de narcotraficantes.
     Pero usted hablaba de credenciales falsas, de medios que no existen.
     Se estaba dando mucho precisamente hace como un año o año y medio en el lado de Matamoros, Chihuahua, Juárez y Reynosa. En Tijuana no.
     ¿Cómo impedir y detectar la infiltración del narcotráfico dentro de los medios, cómo estar alerta?
     Hay dos caminos: el de los reporteros que son simplemente reporteros y que en un momento dado su jefe o dueño les dice no escribas sobre esto, esa es una de las primeras señas. El otro camino es el de los dueños, pero los primeros en darse cuenta son los reporteros, y cuando esto ocurre, los reporteros deben acudir a organizaciones como Periodistas de Investigación y al Comité para la Protección de Periodistas... o denunciarlos.
     Eso no ha ocurrido en este país.
     No, eso no se ha dado en este país.

    * Leonarda Reyes es una periodista mexicana, socia fundadora de Periodistas de Investigación.

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