REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN

ASÍ FUE EL HOMICIDIO DE LOS AGENTES FEDERALES
Por J. Jesús Blancornelas y Sócrates Seamenduras Villalva
(Adaptado del reportaje publicado el 21 de noviembre de 1997 en Zeta)

portada.jpg (33325 bytes) Todos traían las yemas de los dedos cubiertas con tela adhesiva para no dejar huellas. Y actuaron exactamente como un comando de asalto. Llegaron discretos el viernes hasta un costado de los juzgados de distrito en Tijuana. Se emparejaron a la suburban donde estaban dos militares habilitados como agentes federales. Ametralladora entre los brazos un hombre bajó. Apuntó y disparó toda la carga.
     Mató a los dos militares.
     Subió rápidamente de regreso a su camioneta. Y cuando arrancaba, llegó otra van y la operación se repitió: bajó un nuevo asaltante con su ametralladora y apretó el gatillo hasta agotar las balas.
     Remató a los militares.
     Inmediatamente se subió al vehículo. Iban el chofer y otro acompañante. También huyeron. En total, eran cinco personas en dos  cinta adhesiva en las yemas de sus dedos para no dejar ninguna huella.vehículos. Y a juzgar por los rastros, todos llevaban
     Los investigadores achacan este doble homicidio al joven tijuanense Fabián Martínez El tiburón y a un pistolero apodado el C.H., del que solamente saben vive en algún lugar del sur de California. Pero los dos están al servicio de Ramón Arellano Félix. Y la matanza del viernes fue una venganza.
     Para los investigadores, ambos son casi treintañeros y se les acredita, entre otros, el crimen del doctor Ernesto Ibarra Santés, subdelegado que fue en Tijuana de la Procuraduría General de la República.
     El C.H. no tiene el origen de los narcojuniors. Es residente norteamericano.
     Fabián fue dibujado como un asesino por el también joven tijuanense y exmiembro del cartel de los Arellano, Alejandro Hodoyán, en una declaración que fue videograbada y difundida el mes pasado en la revista Proceso, Canal 40 y Zeta.
     Zeta supo entre los investigadores que el grupo armado de Arellano Félix recibió adiestramiento en algún lugar de Israel. Y que la forma como atacaron el viernes dejó ver los resultados de ese aprendizaje.
     Resaltaron que se necesita mucha audacia y precisión para haber llevado a cabo el crimen como sucedió.
     Se supone que existió otro vehiculo frente o cerca de la suburban en que estaban los militares. Es de presumirse que por radio avisó a los que ya tenían programada la ejecución. Y se fueron sobre su objetivo.
     Para los investigadores federales es posible que existan filtraciones sobre sus movimientos. Tanto así que ya decidieron retirar a un colaborador.
     Los agentes federales asesinados estaban esperando a otros tres de Tecate que acudieron a declarar a los juzgados del distrito. Uno de ellos era el licenciado Cirilo Corona y tratarían sobre tráfico de indocumentados. Si los asesinos hubieran querido, cinco habrían sido las víctimas y no dos. Pero según los investigadores el objetivo era el crimen solamente como un mensaje, luego de que fue detenido Arturo Páez El Kity, considerado como uno de los más importantes miembros del cartel Arellano.
     Según los informes obtenidos por Zeta, al momento de ser asesinados, los militares habilitados de agentes federales no estaban debidamente armados, debido a que cuando acuden a declarar a los Juzgados de Distrito no deben portar pistola. Zeta se enteró también de que la suburban que tripulaban fue utilizada una semana antes para la captura de El Kity. Y que tanto el vehículo como los agentes, por razones de seguridad, fueron enviados después a Tecate.
     Perdieron el respeto y el miedo
     Para algunos abogados "se perdió el respeto por la institución", refiriéndose al Juzgado de Distrito y a lo increíble de que "vengan hasta las puertas de los tribunales para matar". Para algunos policías "ahora nada más falta que nos maten a las puertas de la jefatura".
     La realidad es que las ejecuciones ya no tienen como cómplice la obscuridad de la noche o la soledad que da la lejanía.
     Los crímenes se están ejecutando cada vez más en lugares concurridos. Esto ha sido interpretado como "un desafío inaceptable".
     Pero más que un desafío, los asesinatos de los dos agentes causaron una provocación para los militares ahora en los mandos de las infanterías de la PGR. Su respuesta fue inmediata.
     Dos días después del crimen llegó desde México a Tijuana un comando dirigido por un general.
     Ese podría ser el principio de que las fuerzas del narcotráfico empiecen a replegarse o, de plano, se enfrenten a los militares que vienen dispuestos a todo.
     Nunca antes el ejército actuó de esta manera. Tampoco la Procuraduría.
     Después de ejecuciones anteriores, la PGR no desarrolló mayor actividad de investigación. Pero ahora es distinto.
     La primera impresión es que los militares se lanzarán a fondo y no dejarán de actuar hasta obtener pistas que les permitan llegar a un resultado definitivo.
     El hecho de que se hayan rendido honores militares a los asesinados en el cuartel de la II Zona Militar en Tijuana puede interpretarse como un gesto respetuoso de los superiores hacia la tarea de los oficiales. Además, eso los deja a salvo de cualquier sospecha y queda en claro que no tenían ninguna complicidad con el narcotráfico ni con otros delincuentes.
     La provocación
     La suposición de una provocación es que los asesinos, como todo subordinado, no discutieron órdenes: los ejecutaron. Y sea lo que hayan hecho, no fue por su iniciativa sino cumpliendo instrucciones.
     Pero sobre las víctimas hay otra consideración: a ellos se les escogió para dejar sentir la fuerza del narcotráfico.
     Puede haber dos razones. Una, que se cometa el crimen a los ojos de todo el mundo sabiendo que tomarán por sorpresa a los testigos y que todos ellos resultarán con versiones tan encontradas como para desorientar a los perseguidores. Muestra de ello es que no se divulgó ni afianzó la versión de que la operación criminal fue ejecutada por un comando.
     Y dos, que se cometen los asesinatos en zonas de elevado tráfico o concurrencia porque les resulta más fácil confundirse entre los numerosos vehículos o personas sin que la policía los pueda seguir tiroteándolos. Todo esto, precisamente como parte del aprendizaje que sobre ataques obtuvieron en Israel.

La venganza

     "Los narcotraficantes sólo matan por traición o en venganza", dijo un experimentado observador, "y en este caso todo indica que fue por venganza".
     Los primeros policías que llegaron al lugar del doble crimen sostuvieron que a juzgar por los casquillos se trató de dos armas.
     Surgió la versión de que pudo haber sido un sólo hombre con dos ametralladoras, dado que siendo diferentes los balazos, tenían casi la misma trayectoria. Pero definitivamente los investigadores determinaron que se trató de dos, en vehículos diferentes.
     Según las consultas realizadas por Zeta, quienes ordenaron y cometieron el asesinato "estaban sedientos de venganza" y la captura de El Kity pudo haber sido el motivo.
     El asesinato tuvo cierto parecido con el de Arturo Ochoa Palacios, el exdelegado de la PGR, cuando delante de numerosos testigos, en la pista atlética del CREA tijuanense, un hombre le disparó por la espalda con una pistola calibre .45.
     En ambos casos se actuó con demasiada audacia. Los asesinos pudieron haber sido capturados, pero jugaron el riesgo y salieron adelante.
     En el caso de Ochoa, un hombre atlético, alto, se escapó corriendo y dio un gran salto para salvar la valla del estadio. Luego se perdió cruzando el canal del Río Tijuana no sin antes amenazar con su pistola a una persona que lo seguía.
     El doble asesinato también tuvo el sello del atentado contra Hodín Gutiérrez, el exfiscal estatal muerto en enero de 1997.
     En una van. Un hombre manejando. Otro con la ametralladora o ametralladoras. Y otro listo para defender al que disparaba en caso de urgencia.
     El descubrimiento de que los militares fueron muertos por dos personas diferentes provocó la suposición de que así fue con Hodín.
     Pero al mismo tiempo, entre los investigadores federales hay dudas sobre la operación de la Policía Judicial del estado, ya que luego del doble crimen de los federales ese cuerpo no se movilizó como era debido para dar persecución a los pistoleros.
     La actuación de la Policía Judicial del estado es muy diferente a la de años pasados, cuando en pocos minutos cerraban la ciudad y bajo un operativo llamado Alfa llegaban a los puntos clave de Tijuana para impedir la fuga de los delincuentes que cometían asesinatos o asaltaban bancos.

Pero ahora no fue así

     Esto ha puesto en alerta a la Policía Judicial Federal.
     No lo han declarado oficialmente, pero es un hecho que se repite la pregunta de por qué los agentes estatales y municipales no actuaron rápidamente para controlar la fuga.

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