ARTÍCULOS

Investigaciones bajo fuego
Por Steve Weinberg

Dos crónicas de sendas investigaciones periodísticas -una de la Alemania nazi y otra más cercana en el tiempo, de Colombia- sirven para recordar que, por más grandes que sean los peligros, los periodistas dedicados se las ingenian para descubrir información delicada e intentar cambios mediante su diseminación.

La mayoría de las explicaciones sobre el ascenso al poder de Adolfo Hitler en la Alemania de los aóos veinte y treinta dicen muy poco sobre el papel de los periodistas. Décadas después, las preguntas sobre el periodismo alemán parecen obvias: ¿tardó demasiado en tomar en serio a Hitler? ¿Exploró sus métodos y motivaciones durante su ascenso? ¿Qué investigaciones, si las hubo, se publicaron en los diarios y revistas de la época?

El texto siguiente tiene una deuda con numerosas fuentes, pero especialmente con un nuevo y excelente libro del periodista estadunidense Ron Rosenblaum, el cual vuelve sobre los casi olvidados reporteros y editores de Munich que se atrevieron a investigar al FŸhrer. Se trata de Explaining Hitler: The Search for the Origins of his Evil (algo así como "Para explicar a Hitler: la búsqueda del origen de su maldad". Nota del editor), publicado recientemente en Estados Unidos.

El diario Munich Post fue el medio que investigó a Hitler de manera más hábil y persistente durante su ascenso al poder. La cobertura empezó en 1921, cuando Hitler luchaba por controlar a la entonces pequeña facción nazi. Un rival dentro del mismo partido tachó a Hitler de traidor, y el Post se mostró muy interesado en sus acusaciones: la extraña apariencia y modismos de Hitler, la posibilidad de que tuviera sangre judía y el misterio de su manutención. Los que conocían a Hitler sabían que rara vez trabajaba, a pesar de que vivía cómodamente.

 Apenas iniciada la investigación sobre Hitler, los reporteros del Post fueron amenazados de muerte por el partido nazi y demandados judicialmente por Hitler. Dada la corrupción del poder judicial bávaro, Hitler ganó el caso de calumnia. Pero los periodistas conservaron la vida, y no se dejaron intimidar.

 Los periodistas del Post -en especial los reporteros Erhard Auer, Edmund Goldschagg, Martin Gruer y Julius Zerfass- desarrollaron fuentes en todas partes, muchas de ellas motivadas por el temor y el odio que les provocaban los nazis. Por ejemplo, cuando Hitler pasó una noche en un costoso hotel de Berlín, el Post obtuvo una copia de la factura y la publicó bajo el encabezado "Cómo vive Hitler".

 Más sustancialmente, cada vez que el Post se enteraba de un crimen que pareciera un asesinato político cometido por los nazis, lo incluía en una lista que ofrecía al público. Mediante el paciente desarrollo de sus fuentes, el diario obtuvo información sobre la Célula G, un secreto escuadrón de la muerte controlado por Hitler a través del partido nazi. Los asesinos de la célula habían sido sorprendidos cuando planeaban la muerte de algunos militantes nazis involucrados en un escándalo de chantaje sexual, el cual puso en aprietos al partido.

 El Post tampoco ignoró los cuestionamientos sobre la personalidad de Hitler que surgieron a raíz de su discreta pero aparentemente extraña vida personal. Cuando murió su joven y atractiva media sobrina, Geli Raubal, el diario tuvo el valor de reportar que ella y el futuro Fuhrer podían haber tenido una relación romántica.

 Quizás las revelaciones más valientes e importantes fueron las que aparecieron en la edición del Post del 9 de diciembre de 1931, bajo el encabezado Los judíos en el Tercer Reich. El diario publicó que una "fuente interna" le había informado de un plan que sería puesto en marcha si el partido de Hitler tomaba el poder nacional y que incluía "órdenes especiales para la solución de la cuestión judía...".

 Tras estudiar de manera exhaustiva las investigaciones del Post, Rosenbaum concluyó que la visión del diario estuvo caracterizada por el énfasis en la criminalidad abierta del partido de Hitler, y que sus reporteros en realidad cubrían una historia de homicidios disfrazada de política.

 "La desesperante descripción cotidiana de los asesinatos", escribió Rosenbaum, "añade una dimensión en los recuentos del ascenso de Hitler, y que hasta ahora ha faltado en algunas de las grandes explicaciones de la posguerra que tienden a asumir una cierta inevitabilidad causal en la llegada de Hitler al poder", desde las condiciones económicas, el antisemitismo y la propaganda masiva hasta la retórica y sobre todo la ideología. Lo que falta en esas explicaciones "es lo que se ve desde la calle, por así decirlo, la textura del terror que aparece en las páginas del Munich Post, el asesinato sistemático y paulatino de los opositores políticos más capaces de Hitler, asesinados por su partido de criminales políticos".

 El personal del Post pagó el precio de tales revelaciones. El 9 de marzo de 1933 vándalos nazis irrumpieron en el diario, arrojaron las cajas de tipos a las calles, arrestaron a reporteros y editores y saquearon las oficinas.

Más de medio siglo después, la carrera de la periodista colombiana María Jiménez Duzán es tan fascinante como la de los integrantes del Munich Post, y quizás tan peligrosa. Su libro Crónicas que matan apareció en 1992, y fue traducido al inglés como Death Beat en 1994. El peligro para la vida de Duzán es constante. Ella recuerda cómo escapó apenas a un ataque con bomba contra su casa, la explosión que destruyó a su diario, El Espectador, y el asesinato de su hermana, una realizadora de documentales.

 Junto con los relatos de momentos peligrosos, Duzán comparte sus técnicas para investigar al narcotráfico colombiano y su red de complicidades. Los reportajes publicados en su diario no llevaban otra firma que "por el equipo de investigación", ya que los periodistas confiaban en que ese crédito colectivo protegería de represalias a los reporteros y editores. Las represalias llegaron de todas maneras, pero Duzán y sus colegas siguieron investigando. Utilizaron la ley de acceso a la información colombiana, pero la burocracia era enorme y les ponían todo tipo de obstáculos. Por ello, fueron obligados a utilizar el ingenio para averiguar los hechos que reportaban.

 Duzán explica que desarrolló fuentes entre funcionarios del poder legislativo hastiados de la corrupción que les rodeaba. Halló otras fuentes en el gobierno. También cultivó fuentes entre los vecinos de los ranchos en que se ocultaban laboratorios productores de cocaína. Antiguos investigadores policiacos hablaron motivados por el agravio moral que habían sufrido. Algunos traficantes que se sentían traicionados por sus jefes en el negocio de la cocaína aceptaron hablar de manera anónima.

 Esa multifascética recopilación de fuentes funcionó muy bien por un tiempo. Pero a final de cuentas los investigados reaccionaron de manera criminal. La publicación sin firma de los reportajes dejó de servir como protección. Los principales periodistas de Colombia convocaron a una reunión privada en la que decidieron, como explica Duzán, que la única manera en la que los reporteros y sus publicaciones podían protegerse hasta cierto punto era que todos los medios publicaran y transmitieran al mismo tiempo los reportajes sobre drogas. La identidad del reportero o reportera, así como la del medio que producía cada nota, se mantendría en secreto.

 Durante ocho meses se mantuvo la coalición de medios colombianos. En ese lapso aparecieron cinco amplias series de reportajes, incluyendo uno que detallaba la ejecución del coronel Jaime Ramírez, el jefe de la unidad policíaca nacional contra las drogas.

 La cobertura de los periodistas del Munich Post y el trabajo de Duzán son pruebas de que casi todo es posible en el riesgoso mundo de las investigaciones periodísticas internacionales, si existen periodistas con talento para obtener la información y con el valor para colocar el interés público por encima de su seguridad personal.

 Steve Weinberg es profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Missouri y editor del IRE Journal, publicación de Investigative Reporters and Editors en la que aparece una versión de este texto.

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