ARTÍCULOS

La visión  del 68, desde San Jerónimo  
Por Irma Rosa Martínez

Fragmentos de la entrevista con Luis Echeverría publicada los días 21, 22 y 23 de septiembre de 1988 en El Universal

A 30 años de distancia, Luis Echeverría, el secretario de Gobernación  de Gustavo Díaz Ordaz, reconoce que, junto con Alfonso Corona del Rosal, pidió a la Secretaría de la Defensa Nacional la participación  del Ejército para preservar el orden en la ciudad de México, una vez iniciado el conflicto estudiantil del 68.

Sin embargo, reitera que "nada, nada" tuvo que ver en la forma en que se encaró el problema, pues el entonces presidente lo marginó "totalmente" del asunto.

 Asegura que nunca fue gente de confianza de Díaz Ordaz -"quizá pensó que no tenía yo la suficiente experiencia y él lo manejó todo, lo político y lo militar"-, y sentencia que cuando se haga la biografía de su entonces jefe tendrá que llegarse a la conclusión  de que uno de sus rasgos "psicológicos" era la firme convicción  de la necesidad del uso de la fuerza para hacer valer la ley.

"Ahí, ahí está la clave", dice enfático mientras señala los materiales periodísticos recientemente publicados por El Universal en la serie El 68 día a día, así como textos recientes en los que se destaca el mensaje de Díaz Ordaz durante su cuarto informe de gobierno.

 En los periódicos, ordenados y clasificados por una secretaria que sigue de cerca estos temas, se indica que en la víspera de los sucesos sangrientos del 2 de octubre de 1968, el presidente advirtió que era "ineludible deber de la autoridad hacer uso de la fuerza pública para restablecer el orden jurídico".

"Ahí está todo. ƒl manejó al Ejército, era el comandante supremo, él lo manejó todo", casi grita Echeverría.

 Pero otras de sus palabras reflejan una realidad quizá distinta, matizada. De frente a información  que paulatinamente ha visto la luz, Luis Echeverría reconoce que fue él quien le anunció a Corona del Rosal que habría "algunas unidades del Ejército" en la Plaza de las Tres Culturas la tarde del 2 de octubre. Sostiene que Gobernación  lo sabía "todo, todo" acerca del movimiento estudiantil y que tuvo "informadores" que le reportaban acerca de lo que ocurría en torno de los jóvenes. Y ante la pregunta de si çyax Segura y Sócrates Campos fueron agentes de Gobernación , dice que no, pero genera dudas:

"No, no que yo me acuerde."

 En su casa de San Jerónimo, aquella que alguna vez fue la granja que atendiera María Esther, su esposa, junto con sus ocho hijos, Echeverría, testigo privilegiado de esta historia, accedió a conceder una entrevista a El Universal.

 Hubo necesidad de tres encuentros para satisfacer dudas e inquietudes acerca de este personaje tremendamente inquieto, aún lleno de energía y siempre polémico de la historia de este país, el México que se venera en cada rincón  de la casa.

 Tres sesiones, casi nueve horas en que los enviados de El Universal atestiguaron una incesante actividad. Desayunos, reuniones, comidas, visitas. "Pero ningún político", dice, aunque no fuera del todo cierto. "Algunos ex políticos como yo, que son mis amigos", aclara ante la llegada de Enrique Cárdenas González, el ex gobernador de Tamaulipas, quien le trae de su tierra quesos, tamales y panela.

 Antes, durante la mañana y en la comida, Luis Echeverría siguió el desarrollo de la comparecencia del secretario de Gobernación , Francisco Labastida, en la Cámara de Diputados. No esperó a conocer de ella por medio de la prensa, la atestiguó en vivo y en directo a través del nuevo canal del Congreso.

 Le impresionó el debate de "gran altura parlamentaria" entre el funcionario y el diputado Gilberto López y Rivas, del PRD, acerca del Ejército. "Tienes que verlo, es interesantísimo. Hay que analizarlo a fondo".

 Está al pendiente de quiénes deberán acudir a las cámaras en los próximos días. María, su secretaria, le tiene el programa de las comparecencias y comparte una copia con la reportera. Otra asistente se encarga de navegar por los mares de internet.

También apareció por la casa de San Jerónimo el cineasta y viejo amigo del ex presidente Servando González. "Como anillo al dedo", dijo para sí la reportera al verlo llegar y tratar de recordar con precisión  los términos de aquella entrevista que Proceso le hizo recientemente a él y al camarógrafo Cuauhtémoc García Pineda, quienes fueron comisionados para filmar los hechos del 2 de octubre desde una oficina del edificio de Relaciones Exteriores. Fueron órdenes de la Secretaría de Gobernación .

 Y, como en reunión  de amigos, el ex presidente ordenó: "A ver, Servando, platícale aquí a la periodista de tus películas".

 Después del recuento de premios y éxitos, muchos de ellos financiados por el gobierno de Echeverría, la reportera aprovechó: "Mejor platíqueme del 2 de octubre".

 Sólo Echeverría se sustrajo al susto generalizado. Oculto detrás de un viejo álbum de fotos sobre la visita del presidente Salvador Allende a México, el ex mandatario arrebató la palabra a un Servando González que, estupefacto, no sabía qué, pero algo quería decir: "No, no fue él. La película la tomó la Sedena. Servando no fue".

 

La mirada de la reportera volvió a Echeverría, pero el reojo captó una se–a. Enrique Cárdenas hacía gestos a Servando González, como quien patea a un impertinente debajo de la mesa.

 En la entrevista con Proceso, tanto González como García Pineda relatan los preparativos y el desarrollo de ese 2 de octubre, en el que se filmaron 120 mil pies de cinta, con seis cámaras. Algunos de los camarógrafos dejaron corriendo la cinta mientras se tiraban al suelo. Ese día fue cumpleaños de la hija de Servando.

 "Lo que sí puedo decir, porque eso sí lo puedo decir", dijo finalmente el cineasta, es que los muchachos están en todo su derecho de protestar e inconformarse, siempre y cuando sean banderas propias, y no banderas ajenas". Casi un "he dicho".

 La conversación  volvió a su curso. Al final de la lluviosa tarde de ese martes, el ex presidente Echeverría, en el mismo tono en el que transcurrió toda la entrevista, ofreció resolver cualquier duda que apareciera en el proceso de redacción  del trabajo. "Muchas gracias", dijo la reportera, "porque sí quiero revisar y sobre todo checar lo de los camarógrafos que filmaron los hechos del 2 de octubre. Porque con la cara de susto que puso don Servando me confirmó que estuvo ahí".

 "No, hombre, fue la Sedena. La Sedena hizo la película. Y debería darla a conocer, sí, debería".

 Por lo menos en este caso, el ex presidente mintió. También lo hizo cuando aseguró que nunca hubo "asperezas" entre él y López Portillo. El propio López Portillo confirmó a esta reportera lo que ya era del dominio común. "Pero fue mi culpa", reconoció el también ex mandatario, como alguien que quiere expiar sus pecados por algo que no le pudo decir, "pero fue totalmente mi culpa..."

 Líderes estudiantiles fueron con armas a Tlatelolco

 El ex presidente Luis Echeverría afirma que los integrantes del Consejo Nacional de Huelga estaban armados y que el batallón  Olimpia estuvo en Tlatelolco para capturarlos el 2 de octubre.

En su opinión , debió haberse aceptado la destitución  de Luis Cueto, el entonces jefe de la policía capitalina, cuya cabeza exigía el movimiento estudiantil. Y considera que para resolver un problema como el que se enfrentó entonces, el gobierno debió haber actuado "con una gran permeabilidad, escuchando sin impaciencia, en muchos sectores del gobierno, para analizar problemas específicos".

 Y, por primera vez, comenta los hechos que se derivaron del minuto de silencio en Michoacán, en honor de los caídos en Tlatelolco.

 "Sí, aquí causó mucho disgusto y querían cambiar de candidato. Así fue. Pero no, no me afectó. Yo dije pues les va a costar trabajo."

 Luis Echeverría, presidente de México de 1970 a 1976, no fue sustituido como candidato, pero aquél que lo eligió lo lamentó el resto de sus días. Y Echeverría lo supo.

 "Sí, sí, él (Díaz Ordaz) lo dijo muchas veces. Que se estaba rasurando, se veía al espejo y decía: '¡Pendejo, pendejo, pendejo!'". Echeverría mismo lo cuenta, y se nota que le fluye la adrenalina.

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