|
A
30 años de distancia, Luis Echeverría, el secretario de Gobernación de
Gustavo Díaz Ordaz, reconoce que, junto con Alfonso Corona del Rosal,
pidió a la Secretaría de la Defensa Nacional la participación del
Ejército para preservar el orden en la ciudad de México, una vez
iniciado el conflicto estudiantil del 68. Sin
embargo, reitera que "nada, nada" tuvo que ver en la forma en
que se encaró el problema, pues el entonces presidente lo marginó
"totalmente" del asunto. Asegura
que nunca fue gente de confianza de Díaz Ordaz -"quizá pensó que
no tenía yo la suficiente experiencia y él lo manejó todo, lo político
y lo militar"-, y sentencia que cuando se haga la biografía de su
entonces jefe tendrá que llegarse a la conclusión de
que uno de sus rasgos "psicológicos" era la firme convicción de
la necesidad del uso de la fuerza para hacer valer la ley. "Ahí,
ahí está la clave", dice enfático mientras señala los materiales
periodísticos recientemente publicados por El Universal en la serie El 68
día a día, así como textos recientes en los que se destaca el mensaje
de Díaz Ordaz durante su cuarto informe de gobierno. En
los periódicos, ordenados y clasificados por una secretaria que sigue de
cerca estos temas, se indica que en la víspera de los sucesos sangrientos
del 2 de octubre de 1968, el presidente advirtió que era "ineludible
deber de la autoridad hacer uso de la fuerza pública para restablecer el
orden jurídico". "Ahí
está todo. ƒl manejó al Ejército, era el comandante supremo, él lo
manejó todo", casi grita Echeverría. Pero
otras de sus palabras reflejan una realidad quizá distinta, matizada. De
frente a información que
paulatinamente ha visto la luz, Luis Echeverría reconoce que fue él
quien le anunció a Corona del Rosal que habría "algunas unidades
del Ejército" en la Plaza de las Tres Culturas la tarde del 2 de
octubre. Sostiene que Gobernación lo
sabía "todo, todo" acerca del movimiento estudiantil y que tuvo
"informadores" que le reportaban acerca de lo que ocurría en
torno de los jóvenes. Y ante la pregunta de si çyax Segura y Sócrates
Campos fueron agentes de Gobernación , dice que no, pero genera dudas: "No,
no que yo me acuerde." En
su casa de San Jerónimo, aquella que alguna vez fue la granja que
atendiera María Esther, su esposa, junto con sus ocho hijos, Echeverría,
testigo privilegiado de esta historia, accedió a conceder una entrevista
a El Universal. Hubo
necesidad de tres encuentros para satisfacer dudas e inquietudes acerca de
este personaje tremendamente inquieto, aún lleno de energía y siempre
polémico de la historia de este país, el México que se venera en cada
rincón de la casa. Tres
sesiones, casi nueve horas en que los enviados de El Universal
atestiguaron una incesante actividad. Desayunos, reuniones, comidas,
visitas. "Pero ningún político", dice, aunque no fuera del
todo cierto. "Algunos ex políticos como yo, que son mis
amigos", aclara ante la llegada de Enrique Cárdenas González, el ex
gobernador de Tamaulipas, quien le trae de su tierra quesos, tamales y
panela. Antes,
durante la mañana y en la comida, Luis Echeverría siguió el desarrollo
de la comparecencia del secretario de Gobernación , Francisco Labastida,
en la Cámara de Diputados. No esperó a conocer de ella por medio de la
prensa, la atestiguó en vivo y en directo a través del nuevo canal del
Congreso. Le
impresionó el debate de "gran altura parlamentaria" entre el
funcionario y el diputado Gilberto López y Rivas, del PRD, acerca del Ejército.
"Tienes que verlo, es interesantísimo. Hay que analizarlo a
fondo". Está
al pendiente de quiénes deberán acudir a las cámaras en los próximos días.
María, su secretaria, le tiene el programa de las comparecencias y
comparte una copia con la reportera. Otra asistente se encarga de navegar
por los mares de internet. También
apareció por la casa de San Jerónimo el cineasta y viejo amigo del ex
presidente Servando González. "Como anillo al dedo", dijo para
sí la reportera al verlo llegar y tratar de recordar con precisión los
términos de aquella entrevista que Proceso le hizo recientemente a él y
al camarógrafo Cuauhtémoc García Pineda, quienes fueron comisionados
para filmar los hechos del 2 de octubre desde una oficina del edificio de
Relaciones Exteriores. Fueron órdenes de la Secretaría de Gobernación . Y,
como en reunión de amigos,
el ex presidente ordenó: "A ver, Servando, platícale aquí a la
periodista de tus películas". Después
del recuento de premios y éxitos, muchos de ellos financiados por el
gobierno de Echeverría, la reportera aprovechó: "Mejor platíqueme
del 2 de octubre". Sólo
Echeverría se sustrajo al susto generalizado. Oculto detrás de un viejo
álbum de fotos sobre la visita del presidente Salvador Allende a México,
el ex mandatario arrebató la palabra a un Servando González que,
estupefacto, no sabía qué, pero algo quería decir: "No, no fue él.
La película la tomó la Sedena. Servando no fue". La
mirada de la reportera volvió a Echeverría, pero el reojo captó una
se–a. Enrique Cárdenas hacía gestos a Servando González, como quien
patea a un impertinente debajo de la mesa. En
la entrevista con Proceso, tanto González como García Pineda relatan los
preparativos y el desarrollo de ese 2 de octubre, en el que se filmaron
120 mil pies de cinta, con seis cámaras. Algunos de los camarógrafos
dejaron corriendo la cinta mientras se tiraban al suelo. Ese día fue
cumpleaños de la hija de Servando. "Lo
que sí puedo decir, porque eso sí lo puedo decir", dijo finalmente
el cineasta, es que los muchachos están en todo su derecho de protestar e
inconformarse, siempre y cuando sean banderas propias, y no banderas
ajenas". Casi un "he dicho". La
conversación volvió a su
curso. Al final de la lluviosa tarde de ese martes, el ex presidente
Echeverría, en el mismo tono en el que transcurrió toda la entrevista,
ofreció resolver cualquier duda que apareciera en el proceso de redacción
del trabajo. "Muchas gracias", dijo la reportera,
"porque sí quiero revisar y sobre todo checar lo de los camarógrafos
que filmaron los hechos del 2 de octubre. Porque con la cara de susto que
puso don Servando me confirmó que estuvo ahí". "No,
hombre, fue la Sedena. La Sedena hizo la película. Y debería darla a
conocer, sí, debería". Por
lo menos en este caso, el ex presidente mintió. También lo hizo cuando
aseguró que nunca hubo "asperezas" entre él y López Portillo.
El propio López Portillo confirmó a esta reportera lo que ya era del
dominio común. "Pero fue mi culpa", reconoció el también ex
mandatario, como alguien que quiere expiar sus pecados por algo que no le
pudo decir, "pero fue totalmente mi culpa..." Líderes
estudiantiles fueron con armas a Tlatelolco El
ex presidente Luis Echeverría afirma que los integrantes del Consejo
Nacional de Huelga estaban armados y que el batallón Olimpia estuvo en Tlatelolco para capturarlos el 2 de octubre. En
su opinión , debió haberse aceptado la destitución de Luis Cueto, el entonces jefe de la policía capitalina,
cuya cabeza exigía el movimiento estudiantil. Y considera que para
resolver un problema como el que se enfrentó entonces, el gobierno debió
haber actuado "con una gran permeabilidad, escuchando sin
impaciencia, en muchos sectores del gobierno, para analizar problemas
específicos". Y,
por primera vez, comenta los hechos que se derivaron del minuto de
silencio en Michoacán, en honor de los caídos en Tlatelolco. "Sí,
aquí causó mucho disgusto y querían cambiar de candidato. Así fue.
Pero no, no me afectó. Yo dije pues les va a costar trabajo." Luis
Echeverría, presidente de México de 1970 a 1976, no fue sustituido como
candidato, pero aquél que lo eligió lo lamentó el resto de sus días. Y
Echeverría lo supo. "Sí, sí, él (Díaz Ordaz) lo dijo muchas veces. Que se estaba rasurando, se veía al espejo y decía: '¡Pendejo, pendejo, pendejo!'". Echeverría mismo lo cuenta, y se nota que le fluye la adrenalina. |