DE PESCA CON LA RED

FreeDrive

Desde hace varios años los empresarios de internet tienen entre ellos un pleito casado para sacar las mayores ganancias del auge esta tecnología, y por una vez parecen cumplirse las predicciones de los profetas del mercado: los consumidores salen beneficiados a medida que se incrementa la competencia entre compañías.

El primer ejemplo es, por supuesto, el de los buscadores, que se han multiplicado y sofisticado hasta niveles increíbles para competir con precursores como Yahoo! y Altavista. Después siguieron las cuentas gratuitas de correo electrónico, los diccionarios en línea y otras herramientas cuyo desarrollo y uso no se le carga a los usuarios, sino a los anunciantes cada vez más ávidos de hincarle el diente al negocio virtual.

Éste es el caso también de FreeDrive, un servicio que ofrece la compañía Aladdin, dueña de compactadores como Stuffit y otras herramientas. Cada usuario tiene acceso a 20 MB de espacio de almacenamiento a los que se puede acceder desde cualquier computadora conectada a internet, cual si fuera un disco duro virtual.

Veinte megas no parece mucho en estos tiempos en que un programa como Office puede acaparar más de 200 MB, pero la idea es que FreeDrive se utilice para almacenar archivos (reportajes, entrevistas, bibliografías, fotos, lo que sea) y no programas. Además, como se apresura a recordarnos la página de presentación de Aladdin, si se utiliza uno de sus compactadores, el espacio de almacenamiento puede aumentar al doble o más.

Una vez registrado (lo que resulta bastante sencillo y no cuesta), un usuario de FreeDrive se conecta vía internet a su disco virtual, el cual se comporta de manera muy similar a un directorio de Windows o Mac. Existe un botón para salvar un documento al disco virtual, otro para abrir un documento previamente almacenado y uno más para borrar documentos.

Eso es todo, pero los usos potenciales para esta idea aparentemente simple son muchos. Por ejemplo, se pueden hacer respaldos de los documentos importantes, los cuales quedan a salvo de robos, incendios, fallas del disco duro local, etcétera. FreeDrive también puede servir para copiar directorios o archivos grandes sin necesidad de fragmentarlos (20 megas equivalen casi a 15 disquetes de ésos que con frecuencia fallan, que al parecer ya van de salida del mundo de las computadoras), y para enviarlos de manera rápida y eficiente a otros usuarios.

Los publirrelacionistas que promueven FreeDrive también lo presentan como una especie de "maletín virtual", y de hecho el servicio sí puede resultar muy útil para quienes suelan trabajar en dos computadoras diferentes, como los reporteros. Alguien que viaje como enviado, por ejemplo, puede subir a su FreeDrive la información investigada previamente, y recuperarla en otra ciudad o país sin temor a que los avatares del viaje, incluyendo los rayos X del aeropuerto, arruinen los disquetes o el disco duro de la computadora portátil.

Otra ventaja del servicio es que varias personas pueden acceder a un mismo disco virtual desde computadoras diferentes, lo que permite compartir información y trabajar en equipo. Es decir, una especie de mini intranet gratuita e inmediata.

FreeDrive, por supuesto, tiene algunas limitaciones y posibles inconvenientes. Una, por supuesto, es el espacio, si bien nada impide que un usuario obtenga varios discos virtuales de 20 megas cada uno. Un problema potencial más serio es la posibilidad -remota, quizás, pero no nula- de que ocurran fallas en los sistemas de almacenamiento que provoquen pérdidas de información, o que alguna falla en la siempre veleidosa red impida bajar la información cuando sea necesaria.

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