QUÉ HAY DE NUEVO

UNA VEZ NADA MÁS
J. Jesús Blancornelas. Editorial Océano, 1997

     Una vez nada más es el testimonio de más de 40 años de periodismo, desde los inicios de J. Jesús Blancornelas como reportero de deportes en San Luis Potosí, hasta la dirección del semanario Zeta. En esas cuatro décadas Blancornelas vivió -y ahora describe con gran desparpajo- el desarrollo del poder político en Baja California, la llegada y extensión del narcotráfico y la narcopolítica y, muy especialmente, el asesinato de su amigo y socio en Zeta, Héctor Félix Miranda, más conocido como El Gato.

     Lo que falta de fuentes y referencias -cabe recordar que se trata de una "crónica memoriosa" y no de un reportaje- es compensado ampliamente por una prosa precisa y contundente, y en ocasiones tan burlona como lapidaria.

     "Con escala obligada en el PRI", escribe Blancornelas al referirse a cómo los gobernadores de su estado siempre han carecido de fuerza política propia, "el poder en Baja California llegó siempre desde la presidencia de la república de turno. Fue como un embarazo in vitro; jamás en el lugar de los hechos".

     Blancornelas no duda en señalar a Jorge Hank Rohn, notorio empresario de Baja California e hijo del acaudalado político Carlos Hank González, como posible autor intelectual del homicidio de Félix Miranda, ocurrido en 1988. Y también describe cómo el padre intentó una y otra vez "desembarazar a su hijo desde el asesinato", llegando incluso a tratar de sobornar al periodista.

     A cambio de "olvidarlo todo", afirma Blancornelas, un emisario de Hank González ofreció "que me fuera a Europa con todo y familia; que me comprarían una casa en el lugar que escogiera; que pagarían los estudios a mis hijos; que me garantizaban pasarla bien toda la vida y que no me faltaría nada. El profesor pagaría todo".

     La parte más emotiva del libro, y también la más extensa, es en la que Blancornelas recuerda como El Gato primero entabló una amistad con Hank Rohn, para después criticarlo inmisericordemente en su columna semanal y finalmente caer abatido en una calle de Tijuana.

     El periodista fue baleado por tres sicarios de Hank Rohn, quienes permanecieron en libertad hasta que la presión provocada por las investigaciones y denuncias de Zeta obligaron a las autoridades a meter a dos de ellos en prisión, mientras que el tercero fue asesinado por desconocidos.

     Desde esa madrugada de abril, hace ya nueve años, Zeta publica cada semana una entera plana con el cabezal de la columna de Héctor Félix, en fondo negro y con letras blancas, y la pregunta "Hank, ¿por qué me asesinaron dos de tus guaruras?".

     Pero Blancornelas también dirige su ácida y bien informada prosa a muchos otros políticos y empresarios que han pasado por Baja California, incluyendo a casi todos los políticos importantes y a no pocos narcotraficantes.

     Más aún, nos indica el periodista, los caminos de unos y otros con frecuencia han andado cerca, más que cerca.

     En los sesentas, explica Blancornelas, "comenzó el paso de mariguana primero en bolsitas, luego en paquetes, después por kilos y luego por toneladas". En los ochentas la llegada de capos como los hermanos Arellano Félix contribuyó significativamente al tráfico de cocaína, mientras que en los noventas se han producido guerras abiertas entre bandas rivales, ante la inacción o la franca complicidad de las autoridades federales y estatales.

     Blancornelas dedica especial atención a los gobernadores de Baja California en su breve historia como estado. Así conocemos del paso por Mexicali de personajes como Braulio Maldonado, con sus "temibles guardaespaldas (...) malencarados, como villanos de película de Pedro Infante"; Xicoténcatl Leyva Mortera, quien le "abrió, sin lugar a dudas, las puertas al narcotráfico y al crimen en Baja California", y de Roberto de la Madrid, quien en 1960 "se echó la culpa" de un desfalco cometido por su amigo José López Portillo y veinte años después fue recompensado con la gubernatura, a pesar de su nacionalidad estadunidense.

     Tampoco Ernesto Zedillo se libra de un buen raspón. Según Blancornelas cuando el actual presidente era Secretario de Programación y Presupuesto y el panista Ernesto Ruffo gobernaba Baja California, los bajacalifornianos veían a Zedillo como "el gobernador paralelo" o el "vicegobernador" de Carlos Salinas de Gortari, quien "le habría encargado" esa entidad.

     "Sigilosamente primero y escandalosamente después", continúa el periodista, "Zedillo fue colocando a sus amigos o conocidos en delegaciones federales. Ninguno acordaba ni tomaba en cuenta a Ruffo. Por el contrario, le hicieron la vida pesada hasta llegar al insulto trapero y corriente".

     Y en cuanto al narcotráfico, remata Blancornelas "ni siquiera el crimen de Colosio, ni el ascenso de Zedillo, ni su campaña política detuvieron al narcotráfico. Al contrario".

     Jesús Blancornelas será uno de los conferencistas principales, a invitación de Periodistas de Investigación, en la conferencia anual de IRE en Phoenix, Arizona, entre el 12 y el 15 de junio.

[Correo]  [Inicio]  [Arriba]   [Atras]