REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN

"SI YA SABEN QUIÉNES SON, ¿POR QUÉ NO LOS ATRAPAN?
El trabajo de un reportero contribuye a atacar un problema social.

     En 1996, cuando el estado de Morelos era azotado por una ola de secuestros, la sociedad exigía protección y justicia y las autoridades afirmaban que se estaba investigando sin que lograran reducir el problema, un reportero del diario La Unión decidió investigar por su cuenta lo que estaba sucediendo.

     Pero Jesús Castillo no recurrió a las fuentes habituales de la nota roja, sino que se arremangó la camisa y se puso a escrutinar la montaña de documentos judiciales que, hasta ese momento, no habían llevado a ninguna parte. Semanas después, Jesús inició una serie de reportajes que llamaron la atención nacional sobre el problema de los secuestros en Morelos, y obligaron a las autoridades estatales a tomar el toro por los cuernos.

     Lo que motivó los reportajes, explicó Jesús a La Red, fue que ocurría hasta un secuestro por semana y, cuando había detenidos, se trataba tan solo de truhancillos de poca monta tales como las personas contratadas para vigilar y alimentar a los rehenes. Pero nunca se capturaba a los autores intelectuales, y tampoco se recuperaba el dinero pagado por las familias de las personas secuestradas.

     Fue entonces que Jesús, quien cubre el sector de justicia y además coordina las investigaciones especiales de su diario, decidió estudiar caso por caso a partir de los expedientes judiciales.

     El trabajo no fue fácil, pero el reportero decidió hacerlo porque tanto las víctimas de secuestros como los policías encargados de investigar esos delitos se negaban a hablar con él. "Lo único que me quedaba", relata Jesús, "eran los expedientes, las declaraciones ministeriales, los informes de la Policía Judicial, en fin, todo lo que hay en un proceso". De hecho, agrega con una sonrisa, la mejor información la obtuvo de los informes que entregaban los mismos policías que se negaban a hablar con él, sin pensar que después la prensa tendría acceso a esos documentos.

     Así, Jesús recurrió a sus fuentes del sector judicial, se fue metiendo en los juzgados, hizo más amistades, es decir, el trabajo de infantería que conduce a ese momento esperado en el que llama un contacto y dice "tenemos un nuevo expediente, y está bueno...".

     El reportero fue incorporando esa información a su computadora personal, una modesta Mac Classic conectada a la red del diario, y construyó una base de datos que incluye prácticamente todos los secuestros ocurridos en Morelos en los últimos tiempos. "Por ejemplo", explica mientras da algunos teclazos. "cuando capturaron al Rojo [jefe de una banda] yo tenía toda esta información sobre su banda, la recuperé en unos minutos y al día siguiente dimos el reportaje completo".

     Los reportajes de Jesús revelaron que las autoridades tenían identificados a los capos de casi todas las organizaciones de secuestradores, sin proceder contra ellos. También demostraron que no siempre se trataba de delitos aislados, sino que había dos tipos de bandas. Unas estaban formadas por oportunistas que casi siempre cometían un solo secuestro de alguien conocido por ellos, y otras por los profesionales que aún antes de cobrar un rescate ya estaban planeando el próximo secuestro, lo que constituía una verdadera industria.

     El primer reportaje que apareció en La Unión fue como una bola de nieve; al poco tiempo la revista Proceso se ocupó del asunto, y después algunos diarios capitalinos como Reforma y Excélsior, así como la televisión nacional. La pregunta en boca de todos era, si ya se sabe quiénes son los cabecillas, ¿por qué no los atrapan? (cont. pág. 2)

     Todo ello generó una gran presión social y política sobre las autoridades, al grado que, como señala el propio Castillo, "al poco tiempo empezaron a caer los secuestradores, uno por uno, y ahora la mayor parte de los que mencionamos en los reportajes ya están presos".

     Jesús casi espera la pregunta obligada, es decir, si no teme a las represalias de los delincuentes o de los propios policías e incluso militares que, según opinión de muchos, eran cómplices de los secuestradores.

     "Obviamente hay temor", admite, tras recordar el caso de un informante que delató a sus cómplices y apareció muerto a un costado de la carretera, con 45 balazos en el cuerpo. "Pero eso nos pasa a todos los periodistas. De pronto dices aquí le paro. Es más, cada vez que hago un reportaje digo que es el último y que no me vuelvo a meter con secuestradores, pero al rato recibo una información importante y digo 'bueno, este sí es el último'. Claro que hay miedo, pero la emoción, el gusto de publicar todo esto es superior".

     A pesar de que los grandes "capos" del secuestro continúan prófugos de la justicia, la detención de sujetos cuya participación en los plagios fue mínima, ha permitido a la Policía Judicial del estado descubrir cuáles son las principales bandas "interestatales" y quiénes las encabezan. Según sus investigaciones, son dos o tres bandas las responsables de los secuestros más importantes registrados en el estado, y los cabecillas se encuentran perfectamente identificados.

     De acuerdo a una investigación de un equipo de trabajo de este medio informativo con base en informes confidenciales de la Policía Judicial del estado, se desprende que existen dos tipos de bandas de secuestradores: los oportunistas y los profesionales.

     En los primeros se trata de delincuentes dedicados a otros delitos, principalmente el asalto o robo de vehículos, quienes circunstancialmente se enteran de la fortuna de alguna persona (generalmente porque ellos o sus familiares han trabajado como empleados de la víctima) y es entonces cuando se les ocurre secuestrarla. Sus víctimas son "los ricos del pueblo" además de que pasa mucho tiempo antes de que intenten un nuevo plagio.

     En el caso de los profesionales, han hecho del secuestro su modus vivendi, de tal forma que apenas están cobrando el rescate de uno cuando ya están estudiando a la siguiente víctima, o incluso han llegado a tener dos o tres secuestrados al mismo tiempo. Cuando algo sale mal y detienen a alguno de sus compañeros, huyen del estado por algunas semanas pero luego regresan. Operan en varios estados y sus técnicas son "perfeccionadas" en cada secuestro que realizan.

     Por lo general son expolicías que antes de ser secuestradores estuvieron en la cárcel por algún otro delito, y comúnmente adictos a la mariguana y la cocaína.

Los nombres

     El prototipo del secuestrador profesional es Miguel Angel Vivas Urzúa, La Víbora, con la salvedad de que su campo de acción se circunscribía al oriente de Morelos, y posteriormente, convertido ya en el enemigo número uno de la policía morelense, enfoca sus objetivos hacia el estado de México, donde es detenido al pretender cobrar un rescate.

     Su lugar como el capo del secuestro disputado por varios delincuentes, principalmente por Alfredo Gómez Nájera, El Gordo, y Angel Rojas Mendoza, El Rojo, quienes encabezan la banda que secuestró a las niñas Merino Ortíz Mena, a Erich Winzer, a María Luisa Hernández de Turatti y a tres víctimas más cuyos nombres no son conocidos.

     En el secuestro de las niñas Merino Ortíz Mena estaban asociados los dos delincuentes mencionados con Eligio Cantoriano, El Rey, a quien las autoridades le atribuyen la autoría intelectual del plagio.

     Después del plagio de las niñas, Eligio Cantoriano se separó de la banda y continuaron al frente El Rojo y El Gordo con otros nuevos integrantes, con los que realizaron los secuestros de Winzer, María Luisa Hernández de Turatti, la esposa del "empleado de una constructora de Civac" y a otro joven al que agarraron a la salida de la discoteque Dittos".

     Según la versión de Josué Hernández, El Carcachas, Eligio, El Rojo y El Gordo se conocieron en la Penitenciaría cuando él estaba también preso.

     Alfredo Gómez Nájera y El Rojo se han salvado varias veces de ser capturados pues siempre huyen en el momento justo, como si alguien. sig. pág.) los alertara. La primera vez fue después de cobrar el rescate por las niñas Merino Ortíz Mena; en el informe que aportó la PJ nunca se menciona cómo descubrieron la casa donde las tuvieron en cautiverio, y cuando llegaron ya no había nadie en el interior.

     Cuando secuestraron a María Luisa Hernández de Turatti fueron perseguidos por la Policía Preventiva pero nunca les dieron alcance.

     El 2 de agosto pasado fueron interceptados por el agente de tránsito José Luis López sobre la carretera federal a México a la altura de El Capote, pero huyeron después de lesionar al policía con un disparo de escopeta.

     El 30 de agosto en la madrugada cuatro patrullas de la Policía Preventiva realizaron un operativo especial para capturarlos en la colonia Alvaro Leonel de Yautepec, pero nunca los encontraron.

     Al día siguiente la Policía Judicial localizó su guarida ubicada en la calle Vicente Guerrero de dicha colonia, pero los sujetos habían huído unas horas antes.

     Ese mismo día, la Policía cateó tres casas más al norte de la ciudad pero los vecinos refirieron que sus ocupantes acababan de irse, por lo que sólo pudieron detener a Ignacio Gómez Nájera, hermano de El Gordo, y a dos de sus amigos.

     Inexplicablemente, y a pesar de que los detenidos aportaron datos suficientes para localizar a los jefes de la banda en el puerto de Acapulco, en unos edificios llamados Alta Progreso donde supuestamente se esconden, el operativo fue suspendido.

En Morelos, Secuestros con Técnica Militar

     Los secuestros que no manejan Alfredo Gómez Nájera y Angel Rojas los realizan los hermanos Hens y Héctor Herrera Guzmán junto con José Avilés Moreno. Los cinco controlan la actividad del secuestro "profesional" en Morelos, Guerrero y el Distrito Federal, y todos están prófugos.

     Mientras que la banda de El Gordo y El Rojo está conformada por expolicías, en la de los hermanos Herrera Guzmán su nivel de adiestramiento es todavía mayor, ya que por lo menos cuatro elementos de la Policía Judicial Federal Militar con grado de sargento aparecen en los informes de la Policía Judicial del estado y declaraciones ministeriales como miembros activos de la banda.

     Uno de ellos es Hens Herrera Guzmán, quien desertó hace varios años; otro es Sergio Martín Camacho Mendoza, detenido el pasado miércoles y consignado el sábado al Juzgado Segundo Penal. Camacho Mendoza a su vez delató a los policías militares Arturo Zaragoza Garrido y Jesús Carvajal Rosales, éste último preso en el Campo Militar número uno por el delito de secuestro.

     En la banda también participan Lucio Bahena Osorio, Tirzo Zúñiga, Edgar Saúl Montiel y Marco Antonio Avilés Sánchez, independientemente de los sujetos que contratan para cuidar a los secuestrados, seleccionados de entre los malvivientes de cada región donde van a realizar el plagio.

     En algunos secuestros también tiene participación el ponedor, que es quien aporta los datos sobre la víctima en turno y recibe un porcentaje del rescate.

     Adicionalmente, dice el informe de la PJ, tienen dos abogados "de cabecera" que se encargan de promoverles amparos para evitar ser detenidos y que incluso participan en recabar datos de quienes van a secuestrar.

Metodos Contra la "Competencia"

     Existen indicios de que si bien no existe una relación entre las dos bandas mencionadas, sí se conocen entre ellos (la mayoría estuvo en la Penitenciaría del estado) y se cuidan para no ser madrugados en el cobro del rescate.

     Lo anterior se desprende de declaraciones ministeriales y evidencias con que cuenta la Policía Judicial. Por ejemplo, Francisco Tovar, hijo del empresario secuestrado en Jiutepec, declaró ante el Juez que cuando su padre estaba en cautiverio recibió una llamada telefónica donde escuchó una voz diferente a la del hombre con el que había estado negociando. Este le pidió que le entregara 300 mil pesos, pero después volvió a hablar el de siempre y dijo no saber nada de ese pago y por lo tanto su padre seguiría secuestrado hasta que reuniera la cantidad fijada.

     Antes, el secuestrador le había dicho: "Mira hijo de la chingada, de ahora en adelante me vas a llamar El Cubano, y si otro hijo de la chingada te habla y no te da la clave mándalo a chingar a su madre".

     En otro secuestro, éste realizado por la banda de El Gordo y El Rojo, del cual existe una grabación de una llamada telefónica entre los plagiarios y los familiares de la víctima, la clave para comunicarse era "zeta 24", teniendo órdenes de que si alguien llamaba para negociar y no daba la clave, colgaran inmediatamente.

     Cabe aclarar que toda la información anterior fue recabada de las declaraciones ministeriales de los detenidos e informes de la Policía Judicial que obran en los expedientes respectivos, pero que en sus declaraciones preparatorias ante el juez, los procesados han negado todo y argumentan que fueron torturados por la Policía Judicial para que hicieran dichas afirmaciones

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