REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN

  Ni de aquí ni de allá: el fotorreportaje
Blanca Juárez*

César no pudo oír el estruendo que le quitó la vida. Tenía 17 años y era sordomudo. Estaba en un party con otros cholos y nadie se percató de que iban a matarlo. Sólo vieron que alguien se le acercó y lo abrazó. Y ahí está ahora, callado como siempre, rodeado de su familia y de sus carnales del barrio. Una bala le atravesó la cabeza.

En diciembre pasado el fotógrafo mexicano Federico Gama obtuvo el Premio Nacional de Fotoperiodismo Cultural Fernando Benítez por su trabajo Los cholos de Nezayork o la expansión de la cultura chicana en México. Tomar fotografías durante un velorio en un barrio de Ciudad Nezahualcóyotl, señala Federico, no es cosa fácil y menos cuando hay indignación. La gente no quiere ver su imagen en la nota roja, y no permite que extraños se apoderen de recuerdos que no les pertenecen.

Federico recuerda que antes de poder tomar la primera foto de la clica tuvieron que pasar casi cuatro meses; y para documentar los rituales, entrar a sus casas y enfrentar a los cholos armados a la cáma-ra, fue necesario asistir al barrio regularmente durante casi dos años, convivir con ellos, conocerlos. Pero lo más importante, dice, "fue que ellos me conocieran a mí, que supieran que el tipo de trabajo que realizo está más enfocado a la fotografía documental que a la fotono-ticia. Yo no los iba a poner en la nota roja. A mí me interesa documentar un fenómeno cultural que nos permita entender lo que está pasando con los jóvenes en esta parte de México. Hay mucha violencia, pero esta violencia no es gratuita. Tampoco se justifica, pero en la medida en que los conozcamos entenderemos más su forma de vida".

El cholismo es un fenómeno cultural complicado. Estos jóvenes son los herederos inmediatos de los pachucos, de los vagos y pandilleros chicanos de la década de los cincuentas. Los chicanos son los ciudadanos estadunidenses de origen mexicano que se sienten y asumen orgullosamente como tales y que crearon una cultura propia gracias a dos culturas que históricamente los ha rechazado.

Por un lado tienen la nacionalidad de un país que no termina por aceptarlos y por otra parte se comportan como los gabachos que aluden a un mítico y simbólico pasado, "su verdadera cultura", que nada tiene que ver con el mundo real de sus abuelos. En otras palabras, son de-masiado mexicanos para ser estadunidenses, demasiado gringos pa-ra ser mexicanos, y terminan por no ser "ni de aquí ni de allá".Hoy en día los cholos son un fenómeno de fronteras. Por ello los cholos de Neza son una especie de implosión cultural, un fenómeno que proviene de culturas distintas pero que parten de un mismo origen, es decir, son mexicanos que se consideran chicanos en los alrededores del Distrito Federal. Un ghetto mexicano en el centro de México, en Ciudad Neza, una zona marginal de la capital. Aquí los jóvenes se identifican más con los primos, hermanos o tíos que se van a trabajar de mojados al otro lado de la frontera que con la cultura juvenil del centro del país del que forman parte.

El fotorreportaje

      

Los cholos de Nezayork aborda fundamentalmente el fenómeno de la cultura chicana en el centro de México, los símbolos que únicamente pudieron integrar los cholos de Neza porque de otra manera sería imposible su relación y existencia. Una primera parte del reportaje, realizado de manera independiente, se publicó en la revista Milenio y la segunda en la revista Viceversa. "Es muy difícil que un diario o una revista financien un proyecto así", explica Federico. "Casi todos los medios creen que un fotorreportaje de este tipo se realiza en un mes, pero es una gran mentira, porque un fotógrafo puede llegar y tomar cientos de fotografías durante ese tiempo, pero no van a pasar de un registro superficial. Para hacer un trabajo docu-mental se necesita investigar, entrevistar, consultar a mucha gente, saber bien lo que quieres y hasta dónde vas a llegar". Esto es el "fotoperiodismo de investigación", continúa Federico. "Suena un po-co raro, pero existe".

Actualmente la mayoría de los diarios reducen la fotografía a "un calificativo del texto, por lo que resulta complicado desarrollar foto-rreportajes a los que se les tenga que dedicar tiempo y dinero. ‘Dema-siado para simples fotos’, pensaría cualquier editor de un diario. Ellos creen que la fotografía es incapaz de generar información por sí misma, y ven al fotógrafo como el sujeto que acompaña al repor-tero a tomar una foto que ilustrará su entrevista o su nota, pero pocas veces sucede lo contrario, es impensable".

Federico señala también que este tipo de trabajo requiere de mucho tiempo y dinero, además del riesgo que también implica para el fotógrafo, por lo que resulta "indignante" que los editores no valo-ren estas propuestas. "Aún nos falta avanzar en ese aspecto", considera Federico, quien agrega que el fotorreportaje sobre los cholos se encuentra aún en una etapa intermedia. "Tengo muchas imágenes que no he publicado ni publicaré en diarios o revistas porque ponen en peligro la integridad física de los chavos; es una cuestión de ética. Ellos conocen las fotos que les he tomado, no son un secreto, y sa-ben que esto es un proyecto cultural cuyo resultado será un libro que conjunte imágenes y testimonios escritos por ellos mismos con la ayuda de Pablo Hernández, quien ha vivido en carne propia los di-ferentes tipos de manifestaciones juveniles que se han generado en Neza".

Blanca Juárez es periodista independiente.

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