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La Red pidió a nuestra socia y
amiga Laura Castro que compartiera con nosotros sus experiencias en un
taller de periodismo y ética impartido por el periodista colombiano
Javier Darío Restrepo, bajo los auspicios de la Fundación para un nuevo
periodismo latinoamericano.
Javier Darío Restrepo dice que
hablar de ética periodística es entrar en los terrenos de la utopía,
pero él entra de lleno y, luego de dos sesiones, uno de los conceptos más
abstractos se convierte de pronto en materia, en práctica, en reflexión
y ejercicio.
La ética es algo muy personal.
Lo que es ético para cualquier persona podría no serlo para mí y
viceversa. Después de escuchar a Javier Darío en Cartagena de Indias me
quedó claro que la ética se construye día tras día a sabiendas de que
la obra no terminará y a sabiendas de que está permanentemente expuesta:
“la ética tiene que ver con la vida, y la vida se reinventa todos los días”.
Para llegar a esa conclusión
inevitable, advierte el maestro, debemos saber cuál es la naturaleza del
periodista, porque ser ético es fiel a esa naturaleza. Y cita las
palabras de Aristóteles: ética es obediencia a la propia naturaleza. Y
las de Savater: la ética comienza cuando aparece el otro, la ética da
las normas que definen la relación con el otro.
Así empieza el taller, buscando
en la experiencia de los participantes y en los ejemplos a los que Javier
Darío nos fue enfrentando. Como en una lluvia de ideas, todos aportamos
lo que creíamos era correcto e incorrecto para y en un periodista. Parecía
que el taller se iba de las manos, pero bastaba una frase o un concepto
del expositor para recopilar y ordenar las ideas caóticamente expuestas.
Entonces empezaban a caer todos
los veintes... y, debo confesarlo, siguen cayendo.
La naturaleza del periodista es,
a semejanza de una estructura atómica, la verdad como núcleo rodeada por
tres órbitas en las que transitan, primero, independencia; segundo,
responsabilidad y tercero, servicio a la sociedad. Javier Darío nos pide
que, trabajando en equipo, escribamos tres elementos fundamentales para un
código de ética. No andamos tan mal. Mi compañero de equipo, Eduardo
Junqueira, de la revista Veja, de Sao Paulo y yo, escribimos: “El
periodista debe buscar y decir la verdad de los hechos. Asumir en todo
momento la responsabilidad de lo que escribe de frente a la sociedad.
Derecho de réplica”.
Las coincidencias con los
conceptos de los demás son extraordinarias, pero destaca uno que
mencionan todos los equipos: verdad.
Después, Javier Darío habla
sobre lo que ha descubierto al estudiar más de 48 códigos de ética de
periódicos y asociaciones de todo el mundo.
El punto de convergencia de
todos ellos es que el periodista debe entregar la verdad. Si el periodista
no está para entregar la verdad, su profesión carece de sentido. La
palabra que se asocia a médico es salud; a juez, justicia; a maestro,
educación. La palabra asociada a periodista es verdad.
“Todo nuestro trabajo”, dice
Javier Darío, “todos nuestros refinamientos técnicos, tienen que estar
al servicio de la entrega de la verdad”. Por eso, “cuando encontramos
y revelamos la verdad, vivimos los momentos más satisfactorios de nuestra
profesión y de nuestra vida”, del mismo modo que “enfrentamos los
momentos más tristes cuando descubrimos que fuimos engañados.
Pero lo que ofrecemos los
periodistas son “migajas de verdad”, mismas que la gente nos reclama
porque puede creer en nosotros. Cuando todas las demás instituciones
fallan se acude a la prensa, ya no tanto en busca de verdad sino de
honestidad, la de la gente que entrega las verdades cotidianas.
Las verdades que cubrimos,
continúa Javier Darío, son por lo general humildes pero no desdeñables.
La historia está hecha de miles de esas verdades, como de miles de hilos
imprescindibles en el que cada uno aporta color, textura, tamaño, diseño...
Los hechos que los periodistas cubrimos son parte de esa historia
colectiva, y por eso lo que escribimos debe ser exacto.
Los velos de la información
Ahora el taller se apoya en gráficas,
más bien una gráfica por demás sencilla. A la izquierda, un ojo, el ojo
del periodista. Frente a éste, cuatro velos; al final, la noticia. ¿Cuáles
son estos velos o límites?
En primer lugar, los límites
del emisor, determinados por los sentidos, la cultura, los intereses y la
formación. También, los intereses del medio: intereses, régimen y técnica.
Después, los intereses de las fuentes, desde las que se asustan hasta las
que son tan lúcidas que manipulan. Y por último los límites del
receptor, incluyendo los prejuicios y los sentimientos.
No es, pues, fácil. Las
circunstancias son variables sin parámetro ni patrón, pero es aquí
donde entra la primera de las órbitas que gira en torno a la verdad: la
de la independencia.
Un periodista sin independencia,
nos dice Javier Darío, es como un cirujano con mal de Parkinson; son términos
que se contradicen, y periodista no independiente es igualmente
contradictorio. “Con mi independencia protejo la verdad, es lo que me
permite que la entregue intacta al público... la base de la credibilidad
de un periódico está en su independencia... y la credibilidad es un
elemento de supervivencia del medio, incluso empresarial, porque está
defendiendo lo que es su verdadero capital: el receptor”.
Entre los muchos peligros que
acechan a la independencia del periodismo destaca la cuestión del
salario, y el periodista tiene el “deber ético” de defender un
salario decente para no poner en riesgo la buena información, la entrega
de la verdad.
También la vanidad es peligroso
enemigo de la independencia: “Lo nuestro no es un poder, no somos el
cuarto poder. Haber tomado en serio esa mentira de que somos el cuarto
poder ha hecho mucho daño, porque se entiende el periodismo como poder y
no como servicio”.
Y qué decir, por supuesto del
miedo. Javier Darío relata una experiencia de Rafael Pérez Reverte en
Sarajevo, cuando los periodistas esperaban el autobús que los llevaría
al frente. “Allí íbamos todos”, recuerda el afamado escritor español,
“con nuestros miedos a cuestas... ¿de qué está hecha el alma del
periodista? ¿es que tenemos alma de suicidas? Es la simple lealtad a la
naturaleza de nuestro oficio, que no tiene nada de heroico, sino que es
apenas natural”.
¿Vale la pena?, pregunta Javier
Darío trayéndonos de vuelta al taller. Tras el sí como respuesta unánime,
insiste: la independencia no es algo que se recibe de una vez, se
construye todos los días; si no la construimos, retrocedemos. La
independencia explica la razón profunda de la libertad de prensa, y “la
libertad de prensa nace en el alma de cada periodista”.
Pero hay otras dos órbitas que
circundan la verdad, la responsabilidad y el servicio a la sociedad. En
cuanto a la primera, dice, nunca se justifica una noticia si puede poner
en peligro una vida humana. Y para explicar la segunda, se refiere a dos
clases de periodismo. Uno es el alto, siempre inspirado por el interés público.
El otro es el periodismo “bajito”, aquel que está al servicio del
medio, del jefe político en turno o del propio periodista.
Antes de terminar, un maestro
cita a otro, Tomás Eloy Martínez. El periodismo, ha dicho el escritor y
periodista argentino, “no es algo que uno se pone encima a la hora de ir
al trabajo, es algo que duerme con nosotros, que respira y ama con
nuestras mismas vísceras y sentimientos”. El periodista, a su vez,
“no es una mera polea de transmisión. Lo que escribo es lo que soy y si
no soy fiel a mí mismo, no puedo ser fiel a quienes me leen. El
periodista está obligado, en todo tiempo, a pensar en su lector, alianza
de fidelidades a su propia conciencia, al lector y a la verdad. Al lector
se le respeta con la información precisa; el periodismo no es un circo
para exhibirse, sino instrumento para pensar, crear, para ayudar al hombre
en su eterno combate por una vida más digna, más justa. A semejanza del
artista, el periodista es creador de pensamiento.”
Estas son,
concluye Javier Darío, “verdades inmodificables, que se aceptan o se
rechazan”. ¿Estamos en terrenos de la utopía?
Laura Castro es jefa de redacción de la oficina en México del diario El
Informador de Guadalajara. Este diciembre Javier Darío Restrepo volverá
a impartir su taller de ética periodística. |