ARTÍCULOS

Para garantizar el futuro de los medios
Por Mark Hallett

En 1993, medio milenio después de que la Reina Isabel diera a Cristóbal Colón una carabela y una tripulación para explorar un mundo desconocido, el programa de periodismo de la Fundación McCormick Tribune dio un paso similar. Otorgó a New Directions for News (Nuevas direcciones para las noticias) el equivalente moderno de una carabela y una tripulación o, dicho de otra manera, un millón de dólares para un centro de investigación sobre periodismo. El encargo de la Fundación también fue explorar lo desconocido, en este caso la nueva frontera que representan las recientes tecnologías de información, y analizar sus implicaciones para el periodismo.

Esta fue el primero de una serie de donativos de la Fundación McCormick para contribuir a que los medios se preparen para el nuevo milenio (otros beneficiarios de esa iniciativa somos, por supuesto, los socios de Periodistas de Investigación. Nota del editor). Algunos de esos donativos contribuyen a que los periodistas se preparen para un futuro de multimedios. Aún a fines del siglo xx, los periodistas tienden a trabajar en un solo medio; los que trabajan en medios impresos por lo general no han hecho periodismo en radio o televisión, y viceversa. Pero los periodistas del siglo xxi y sus líderes trabajarán en un mundo en el que las noticias se tejerán en varias “plataformas” que abarcarán los medios impresos, la radio y la televisión y las comunicaciones en línea.

Por ello la Fundación contribuye a que la Universidad Northwestern construya un nuevo centro de periodismo con instalaciones de punta en las que los estudiantes pueden aprender desde un principio cómo producir materiales periodísticos para diversos medios. Y la Fundación también auspicia el Centro de Medios del Instituto Americano de Prensa (American Press Institute), donde quienes ya trabajan en el periodismo pueden aprender a incorporar esos “nuevos medios” a sus planes.

Existe otra diferencia clave entre el siglo xx y el xxi: el clima para la libertad de expresión. Casi todos los países del hemisferio occidental tienen gobiernos democráticos, y las dictaduras que dominaron a muchos países durante demasiado tiempo no existen más. Para aprovechar este importante avance, la Fundación apoya varias iniciativas para la libertad de expresión. En Latinoamérica, la Sociedad Interamericana de Prensa (sip) identifica las leyes que no cumplen con los criterios de la Declaración de Chapultepec, la cual detalla los ingredientes esenciales para la libertad de expresión en el hemisferio. Y en Estados Unidos, el McCormick Fellow que trabaja en el Reporters Committee for Freedom of the Press (Comité de reporteros por la libertad de prensa) lucha en contra de los constantes intentos por limitar el acceso de la prensa a las cortes y por impedir la publicación de noticias.

La Fundación apoya estos proyectos de periodismo convencida, como señala su mandato, de que “nada resulta más crítico para la vitalidad de una democracia que una prensa libre, vigorosa y diversa que de a los ciudadanos la información que requieren para tomar decisiones razonadas”.

La importancia de este periodismo independiente y vigoroso resultó evidente a raíz de las crisis financieras que explotaron alrededor del mundo en 1998. Muchos expertos financieros han indicado que tales crisis podrían haber sido evitadas o mitigadas si la prensa de Asia (y antes la de México) hubiera sido más libre. Nada menos que el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, señaló recientemente que el libre flujo de información es uno de los elementos esenciales para el progreso económico sustentable, así como una protección efectiva contra la mala administración y los malos manejos tanto de las empresas como del gobierno.

La convicción sobre la importancia de este libre flujo de información es lo que conduce y da forma a nuestro programa de periodismo. Nuestro objetivo es beneficiar a la sociedad contribuyendo a que este periodismo libre, agresivo, independiente, inquisitivo, audaz y útil siga viviendo y luchando en el próximo milenio. La vigilancia constante es, ciertamente, el precio de la libertad.


Mark Hallet es funcionario del Programa de periodismo de la Fundación McCormickTribune, y Ana Estela de Souza es directora de capacitación del


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Una apuesta de medio millón de dólares
Por Ana Estela de Souza

¿Qué haría usted con 500 mil dólares en un año? Esa es aproximadamente la cantidad que dedicó a la capacitación el año pasado Folha de Sao Paulo, el diario más grande de Brasil. El verbo “dedicar”, y no “gastar”, fue escogido a propósito. Hoy en día en todo el mundo la capacitación es considerada una inversión y no un costo.

Hace algunos meses, por ejemplo, 300 profesionales de la comunicación se reunieron en Montreal, bajo los auspicios de Orbicom (la red de cátedras de la unesco, www.orbicom.uqam.ca), para discutir lo que se debe hacer para disminuir la laguna que existe en el mejoramiento profesional de los periodistas y comunicadores.

Profesores universitarios, editores, reporteros, dueños de diarios y especialistas en relaciones públicas se mostraron convencidos de que hay una distancia muy grande entre la formación de los periodistas y lo que se exige de ellos en las empresas.

Una de las deficiencias ocurre en el área de nuevas tecnologías, pero eso no es todo. Los participantes en la reunión también constataron fallas en la formación humanística de los profesionales y en su capacidad para adaptarse a nuevas situaciones y para crear nuevas formas de comunicación.

Claro que al invertir en el perfeccionamiento los diarios están pensando en vencer a la competencia. Pero la condición indispensable para que ello ocurra es consecuencia inevitable de la capacitación y del incremento en la calidad del periodismo que se practica.

Como se sabe, en este negocio no hay mucho que inventar: el mejor diario es el que escoge mejor sus temas, cuenta mejor las historias y distribuye mejor las noticias a lo largo de sus páginas.

Y el periodista que trabaja mejor es el que tiene un mayor bagaje cultural y una capacidad más acendrada para articular los datos, ponerlos en contexto, ir más allá de la noticia plana y profundizar en la investigación periodística.

Tomando todo ello, Folha dirige sus esfuerzos a dos campos: un programa de diez semanas para jóvenes profesionistas que desean un lugar en las redacciones y un programa de perfeccionamiento continuo para los periodistas ya contratados.

Este segundo es el de mayor envergadura –en términos de dinero, de tiempo y de personas capacitadas– y se divide en tres áreas: formación técnica, formación cultural y formación específica.

La formación técnica, hasta hace poco tiempo concebida como estrategias de narrativa, de reportaje y de edición, va más allá en el periodismo actual y principalmente en el campo de los recursos de informática que apoyan el trabajo investigativo y analítico.

En vísperas del año 2000 y con un sistema industrial y comercial que cada vez acapara más tiempo de las redacciones, resulta casi inconcebible que todavía existan periodistas quienes ignoran los recursos que ofrece una hoja de cálculo o un banco de datos.

Y también es increíble que aún haya periodistas que hacen a mano decenas de operaciones que una hoja de cálculo podría hacer en cuestión de segundos. Esta herramienta permite evitar los errores, pero también ahorrar tiempo que puede ser mejor utilizado en la investigación, la lectura, conversaciones con las fuentes o en un mejor terminado de los textos.

También resulta imprescindible saber usar internet de manera eficiente, ya que si bien la red mundial es un poderoso recurso para reportajes puede ser un tiro por la culata si no se dominan las técnicas de investigación. El periodista que busca un dato sin saber a dónde quiere ir y cómo llegar puede perder horas frente a la pantalla de la computadora; de hecho, mucho más tiempo del que se tardaría en hacerlo por teléfono y, en ocasiones, incluso más tiempo del que le tomaría ir personalmente al lugar en el que está disponible el dato.

La formación técnica es indispensable para aumentar la calidad del periodismo, pero no basta. Por ello todos los semestres se organizan cursos con diversos temas como historia económica, literatura, historia de Brasil o historia de la cultura, así como, en el área específica de la economía, mercado financiero, matemáticas financieras y cuentas públicas. El diario patrocina asimismo iniciativas de perfeccionamiento. Desde 1997, cuando se creó este programa, cerca de 300 periodistas han tomado cursos seleccionados por ellos mismo y pagados parcial o totalmente por Folha. Asimismo, otros 200 periodistas han recibido subsidios para tomar cursos de inglés, francés y, por supuesto, español.

Sabemos que los profesionales de hoy precisan también de una mejor formación cultural y humanística, necesidades que también atiende el programa de capacitación de Folha.

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