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La forjadora de nuestra idea del mundo
Por Alma Delia Fuentes

Si bien los expertos aún no han llegado a un consenso sobre el concepto de “periodista”, el origen de la existencia de este gremio está prácticamente resuelto. Los pregoneros, aquellos que eran nombrados por los gobernantes para dar a conocer hechos novedosos a las comunidades de siglos pasados, se han transformado a lo largo de la historia hasta dar lugar a los ciberperiodistas de fin de siglo.

De las hojas volante a los diarios electrónicos, ¿cuál es el balance? ¿qué hemos aprendido como vasos comunicantes entre los elementos de las sociedades?

Estudiar la historia del periodismo permite desentrañar el desarrollo y la diversidad de esta actividad, pero también reconstruir los acontecimientos y la forma de percibirlos y entenderlos por parte de los grupos sociales.

Con todo ello en mente asistimos en septiembre al Encuentro Internacional de Historia de la Prensa en Iberoamérica, organizado por el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara. La capital de Jalisco reunió a un importante número de historiadores dispuestos a compartir las conclusiones de trabajos de investigación que han realizado sobre la importancia de la prensa en la historia de la sociedad.

El periódico, instrumento de poder y representación cultural de la memoria colectiva, presenta una imagen fija y parcial de hechos cambiantes y diversos. Ello implica la dificultad para establecer modelos de investigación únicos a este campo, por lo que los estudiosos utilizan metodologías propias de la sociología, la sicología, la antropología y la semiótica para estudiar tanto a la prensa como entidad y sus implicaciones en los procesos sociales.

 ¿Por qué reconstruir la historia de la prensa?

El doctor Tomás Pérez Vejo, de la Universidad Autónoma de Morelos, considera que la prensa juega un papel de impulsor del concepto y elementos de una nación, mismos que mueven a las sociedades y las hace sentirse parte de un todo. Por ello, es clave para entender la concepción y orden social de las naciones.

En el siglo xix el periodismo tuvo un importante papel ideológico. La prensa entonces no era concebida como empresa, sino como vocera de grupos que luchaban por y/o representaban una ideología o poder (iglesia, partidos políticos, etcétera). En ese contexto florece la llamada edad de oro del periodismo mexicano, desde José Joaquín Fernández de Lizardi y Carlos María de Bustamante hasta Mariano Otero, Francisco Zarco y Florencio M. del Castillo, entre los liberales, y Lucas Alamán y Clemente de Jesús Munguía entre los conservadores. Y sin olvidar, claro está, a los grandes impresores como Rafael y Vilá, Ignacio Cumplido y Vicente García Torres.

El proyecto de investigación Empresarios y editores de la ciudad de México 18301855, que se desarrolla en el Instituto Mora de la ciudad de México, incluye el estudio de las empresas periodísticas desde su protagonismo ideológico hasta su papel como impulsores de la lectura.

A fines del siglo xix surgieron inventos que cambiaron radicalmente la forma de concebir y practicar el periodismo, como la linotipia y la fotografía, que fueron detonadores de cambios en la estructura y presentación de la información. Surgió “la noticia” y, con ella, la posibilidad de transformar un hecho a través de la estructura en que se redactaba.

Pero muchos de los empresarios de la época,  a pesar de contar con los avances tecnológicos, no los incorporaron a la recopilación y presentación de la información, lo que los orilló a la quiebra. Posteriormente, con el nacimiento de las rotativas apareció también una prensa de masas, dejando atrás los círculos exclusivos a los que se dedicaban los viejos impresores.

Después de 1860 surgió el concepto del reportero –reporter, se le llamó en un principio– heredero de la prensa estadunidense y enlace del periodismo con la vida cotidiana de la sociedad. El papel del reportero era opuesto al del editorialista politizado, pues su tarea fundamental era salir a la calle en busca de noticias de interés para la comunidad.

Esta novedosa práctica periodística surgió con más recursos tecnológicos, más información y más diversidad de medios. Aparecieron los géneros informativos y entonces el periodismo dejó de ser mero impulsor de ideologías para empezar a informar hechos específicos de forma supuestamente imparcial.

Surgió entonces el binomio empresarios/periodistas en América Latina. El doctor Patricio Bernedo, de la Escuela de Periodismo e Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, es autor de una investigación sobre la historia de una de esas empresas. Se trata de El Mercurio, diario fundado en 1900 en Chile por Agustín Edwards.

Edwards fue pionero en el diseño y administración de un periódico e introdujo elementos innovadores que lo llevarían al éxito. La suya era una empresa moderna, incluyendo su práctica periodística. Con financiamiento de los negocios mineros de su familia, desarrolló nuevas estrategias comerciales (suscripciones y avisos de ocasión, distribución por medio de mensajeros en bicicleta), y periodísticas (noticias distintas en ediciones matutinas y vespertinas, enfoque hacia intereses específicos de la gente, neutralidad y espacio dedicado principalmente a noticias y no a anuncios comerciales).

Otros ponentes, como la doctora Teresa Ferríz Roure, de El Colegio de Jalisco, se refirieron a la relación de la prensa con fenómenos históricos de gran importancia en México, como la llegada de los exiliados españoles después de la guerra civil en su país. Para la comunidad catalana en México, por ejemplo, la prensa en catalán fue un factor de aglutinación; la patria, en ese caso, equivalía a la lengua.

Si, como se ha dicho, el periodismo es “el primer borrador de la historia”, se trata de una historia contada a partir de elementos aislados de la realidad.

En ello, según dijo el maestro Armando Zacarías, coordinador editorial de la Universidad de Guadalajara, se asemejan periodistas e intelectuales, ambos constructores de una realidad tan fragmentada que “las capas bajas de la sociedad entienden los hechos en términos de secciones periodísticas: deportes, sociales, justicia”.

Pero el periodismo es también una fuente para los historiadores, quienes hurgan en hemerotecas y archivos privados para encontrar en esos retazos claves para comprender realidades de otros tiempos y, de paso, la propia. ¿Qué implicará el auge de las nuevas tecnologías de la información y las transformaciones en el periodismo de fin de siglo para el trabajo de los historiadores del futuro? Seguramente las hemerotecas digitales y las posibilidades de intercambio de información electrónica a través de internet y otras redes tendrán un efecto importante en los métodos y los enfoques de estudio.

Aparecerán nuevas herramientas y desaparecerán otras. Pero lo que permanecerá, sin duda, es el debate sobre cuál debe ser el papel del periodista en las sociedades y cuál su influencia tanto en el concepto de realidad de los individuos como en los hechos con los que se va construyendo la historia.


*Alma Delia Fuentes es Coordinadora de Información de Periodistas de Investigación.

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