REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN

Un reportero intrépido
Por Steve Weinberg*

Como todo buen periodista, Joby Warrick empezó a trabajar sus fuentes desde que llegó a su nuevo puesto en el Washington Post, proveniente del diario News & Observer de Raleigh. El 8 de agosto de este año, la información proporcionada por algunas de esas fuentes se convirtió en una nota de primera plana. Para lograrlo, Warrick investigó esa información siguiendo las clásicas pistas del dinero y de las personas, pero también recurrió a una técnica menos común: él mismo recopiló muestras de un suelo contaminado por radiación.

La nota, fechada en Paducah, Kentucky, denunciaba que miles de trabajadores de una planta propiedad del gobierno federal estadunidense fueron expuestos a plutonio y otros metales altamente radioactivos, y que esa contaminación se extendió a las zonas de trabajo, a los vestidores e incluso a la cafetería de la planta.

La nota tiulada In Harm’s Way, But in the Dark (algo así como “en riesgo, pero sin saberlo”), detallaba cómo durante 23 años los trabajadores de una planta productora de uranio enriquecido habían estado en graves riesgos al inhalar polvo contaminado con plutonio como consecuencia de un fallido experimento para reciclar el combustible nuclear.

Para corroborar su información, Warrick recurrió a documentos judiciales, archivos de la planta y entrevistas con trabajadores y extrabajadores de la misma.

La planta de Paducah no es la primera instalación administrada por el Departamento de Energía de Estados Unidos que ha tenido problemas de contaminación o fugas radioactivas. Warrick lo sabía cuando recibió el primer pitazo sobre Paducah, ya que había cubierto asuntos ambientales para el Post antes de integrarse a su unidad de investigación.

En este caso, como explicó Warrick en su reportaje, la contaminación por plutonio no era tan extrema como la ocurrida en plantas tales como la Reserva Nuclear de Hanford, en Washington, donde grandes extensiones de tierra han sido selladas para impedir cualquier acceso humano. Pero a diferencia de los trabajadores de Hanford, los empleados de Paducah no sabían de los riesgos provocados por el polvo de uranio que respiraban cada día.

Warrick descubrió que desde 1952, cuando la planta empezó a producir uranio enriquecido –primero para hacer bombas, y después para usarlo en plantas nucleares– las operaciones de Paducah también habían producido una extensa documentación.

Una búsqueda sencilla en internet arroja numerosos resultados relacionados con la planta, incluyendo una evaluación ambiental realizada por el Departamento de Energía y una revisión de las operaciones de la planta hecha para otra dependencia oficial de Estados Unidos. Dado que la Comisión de Regulación Nuclear comparte la jurisdicción sobre la planta con el Departamento de Energía, las búsquedas en distintas bases de datos arrojan información de numerosas fuentes oficiales. Cuando ello ocurre, los periodistas pueden  utilizar diversas fuentes oficiales para corroborar unas con otras o para hacer preguntas con base en las contradicciones.

Warrick utilizó hábilmente la pista de papel al comparar la información entregada al público con la información que estaba disponible pero que nunca fue distribuida. Descubrió que en los reportes ambientales anuales que circularon entre el público la contaminación fue descrita como minúsculas cantidades de “radionúclidos”, un término muy general que puede incluir desde uranio moderadamente radioactivo hasta plutonio de gran radioactividad.

Una investigación realizada en 1991 por el contratista de la planta, que fue almacenada en los archivos de la misma, halló niveles mucho más altos de plutonio. El resultado, escribió Warrick, es que el Departamento de Energía puede argumentar que se dio a conocer toda la información mientras que los trabajadores y vecinos de la planta permanecen en la ignorancia.

Muchos documentos relacionados con la planta, como descubrió Warrick, podían ser consultados en un archivo de la ciudad cercana, en horas normales de trabajo y sin tener que recurrir a la ley de libertad de información de Estados Unidos (Freedom of Information Act, foia).

Al resgistrarse para consultar el archivo, Warrick comprobó que nadie había visitado ese lugar en algún tiempo.

 Las demandas judiciales, una mina de oro

Warrick complementó la información del archivo buscando en lo que puede ser el mejor amigo de los reporteros, es decir, los expedientes de las demandas judiciales. Los vecinos de la planta habían interpuesto una demanda local argumentando que su tierra se había contaminado de manera peligrosa. Más aún, algunos trabajadores de la planta, incluyendo dos expertos en radiación, habían interpuesto otra demanda relacionada con los riesgos del trabajo. La mayor parte de los documentos relacionados con la demanda de los trabajadores habían sido sellados por orden judicial y no podían ser consultados, pero Warrick recurrió a fuentes en otras dependencias federales y obtuvo gran parte de ese material. Después lo llevó con un experto independiente para obtener su opinión.

 Lodo tangible y de primera mano

El Washington Post decidió complementar la información documental y las versiones humanas con lodo tangible y de primera mano. En un principio el diario pensó en contratar a un consultor para recolectar muestras del suelo cercano a la planta, pero el acuerdo se vino abajo. Warrick estaba hablando con los responsables de otro laboratorio cuando éstos sugirieron que él mismo recogiera las muestras y las hiciera analizar.

Así que Warrick se hizo de un contador Geiger, varios jarros de vidrio y una pala de jardín, y se puso a trabajar. El lodo, con su fuerte olor, le llegaba a las espinillas. Los mosquitos no dejaban de picar. Pero gracias a ese lodo Warrick pudo escribir en la nota que el análisis de laboratorio de las muestras obtenidas demostró que contenían 2.6 picocuries de plutonio, una cantidad ligeramente superior a la norma sugerida por la Comisón de Regulación Nuclear para la limpieza de instalaciones nucleares.

Con la ayuda de dos detectores de mano, continuaba la nota, el Post también descubrió niveles de radiación sumamente altos en las acumulaciones de desechos que se encontraban en las tierras estatales. En una de esas tierras había un montón de madera podrida sin identificación alguna, cerca de estanques que se usan para pescar y zonas de acampar.

Una de las cinco fotografías que acompañaban el reportaje muestra una montaña de viejos contenedores de uranio que aún dejan escapar radiación en las instalaciones de  Paducah. Además de las fotos, el diario incluyó información gráfica para explicar el proceso de enriquecimiento del uranio y la manera en la que puede provocar contaminación. Una segunda gráfica destacaba los focos de contaminación al interior de la enorme planta, y la tercera mostraba el derrame de sustancias peligrosas al exterior de la planta, parte de las que llegaban a la población en general.

La serie de reportajes de Warrick continuó con la trágica historia de Joe Harding, un trabajador de la planta quien murió en 1980 a los 52 años de edad. Harding trató de advertir a los responsables de la planta sobre la peligrosa radiación, pero el Departamento de Energía determinó que las instalaciones eran seguras y castigó a Harding dando por terminados su seguro médico y su pensión por incapacidad.  


Nota del editor: El reportaje de Warrick tuvo un gran efecto en Estados Unidos, donde provocó numerosas reacciones y dio aún más notoriedad a la demanda interpuesta por los trabajadores y extrabajadores de Paducah contra el gobierno de ese país.

A raíz de la denuncia del Post el Secretario de energía, Bill Richardson, ordenó una investigación inmediata sobre la salud de los empleados actuales de la planta de Paducah y una revisión de las historias clínicas de todos quienes hayan trabajado en ella desde 1950.

Apenas en junio, un par de meses antes de la publicación del reportaje de Warrick, el Departamento de Energía había enviado a un equipo de inspección a la planta y declaró que ésta no representaba un riesgo inminente para los trabajadores, el público en general o el ambiente. Después de la denuncia del diario estadunidense, Richardson se dijo determinado a descubrir “lo que ocurrió en realidad, quién fue el responsable y lo que se debe hacer para que nunca vuelva a ocurrir”.

Más aún, a finales de septiembre el propio Departamento de energía reconoció que la contaminación por plutonio ni siquiera es el problema más grave en tres plantas, incluyendo la de Paducah y dos más en los estados de Tennessee y Ohio, ya que el contaminante radioactivo neptunio representa un riesgo mayor puesto que es más abundante.

Esa conclusión forma parte de un informe preliminar de una investigación realizada de manera conjunta a la que ordenó Richardson, y el gobierno estadunidense ha aceptado que los trabajadores de las tres plantas fueron expuestos a plutonio y otros materiales tóxicos sin su consentimiento.

Steve Weinberg es editor del ire Journal, una publicación de Investigative Reporters and Editors en la que apareció una versión de este texto. El reportaje completo de Joby Warrick puede encontrarse en www.washingtonpost.com/wpsrv/national/daily/aug99/paducah08.htm , y los lectores interesados pueden solicitar una copia en nuestras oficinas de la ciudad de México.

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