REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN

ENTREVISTA CON UN FUNCIONARIO RIGUROSAMENTE VIGILADO Por Lise Olsen

     "Se dice doctor, pero no lo es". Con esa frase, sencilla y contundente, abría uno de los reportajes de investigación más significativos de 1994. La nota del diario Reforma, firmada por Jessica Kreimerman y editada por Raymundo Riva Palacio, revelaba en unos cuantos párrafos que el entonces secretario de Educación, Fausto Alzati, no tenía el doctorado que ostentaba en los documentos oficiales. Otros diarios se lanzaron a la carga, y en unos pocos días se supo también que Alzati tampoco tenía el grado de maestría, o siquiera el de licenciatura. Al poco tiempo Falzati dejó de ser secretario, y desapareció de la escena política. Hasta que a principios de septiembre salió a las calles el primer número de la revista Milenio. En ella vuelve a aparecer el doctor Alzati, esta vez, en versión titulada.

     En la entrevista con Ciro Gómez Leyva, sin duda uno de los maestros mexicanos del género, el ahora doctor Alzati ofrece una versión ligeramente retocada de su historia. Y de paso se adjudica parte del crédito por las consecuencias positivas que tuvo su mentira, incluyendo un mayor escrutinio de los políticos y una renovada valoración de su credibilidad.

     Lo más interesante de la entrevista son las palabras de Alzati, que revelan tanto su sentido del humor como su capacidad para el autoengaño, así como su deseo de ponerse en paz no sólo consigo mismo sino también con su historia pública. Y revela algo más: la habilidad de Ciro para lograr que sus entrevistados vayan más allá de lo que han dicho antes y revelen algo de ellos mismos o de la sociedad en general.

     Esa es la meta de Ciro en cada una de sus entrevistas, sacar algo nuevo a la luz pública.

     El reportaje original ha pasado a ser parte de la historia reciente del periodismo de investigación mexicano, y PI lo utiliza en sus talleres para demostrar que una buena nota no necesariamente lleva mucho tiempo ni tiene que ser muy larga.

     Ciro, quien en 1994 trabajaba con Raymundo Riva Palacio y Jessica Kreimerman en Reforma, no comparte totalmente la versión de Alzati y considera que el papel de los periodistas en todo el asunto fue más importante de lo que reconoce el exfuncionario. Pero no contradice abiertamente a Alzati, ni es la primera vez que publica lo que pueden ser medias verdades o mentiras por parte de las cerca de 200 personas que ha entrevistado en los últimos años.

     "No soy juez", explica, por lo que no siente la obligación de comprobar o desmentir lo que dice el entrevistado, sino de reproducir con precisión sus palabras y ponerlas en contexto.

     Ciro, quien trabaja en Milenio, en el diario El Universal y en el Canal 40 de televisión, opina que el periodista debe estar preparado para poder hacer buenas preguntas en una entrevista y reconocer los elementos nuevos. Por ejemplo, en este caso leyó la tesis doctoral de Alzati antes de hablar con él. Sin embargo, agrega, uno no debe presentarse de ninguna manera como si fuera superior al entrevistado.

     Al hacer una entrevista, continúa, su primer compromiso no es con el lector, ni con el país, ni con la verdad, ni con la historia. "Es con el tipo que me concedió quince, veinte o treinta minutos." Y no le importa si se trata de un diablo o de un santo. Ciro prefiere conquistar a la persona con "la persuasión y la seducción". Y si al final el entrevistado queda satisfecho, está bien.

     Por eso cuando entrevista a un personaje a quien algunos considera mentiroso o corrupto, como Alzati o el gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, Ciro lo trata con respeto. Casi como si fuera su amigo.

     Pero eso no quiere decir que se asuma como el defensor de esas personas.

     "Yo no voy a cuidarles la imagen", dice Ciro. Ese es el riesgo que corren los periodistas que en ocasiones dependen demasiado de su red de personas de confianza, hasta convertirse en agentes de relaciones públicas, agrega.

     Cada entrevista, dice Ciro, es una confrontación entre dos voluntades.

     La voluntad A que quiere utilizar a una revista, un canal de televisión o un diario para difundir lo que desea decir, y la voluntad B, es decir, la del periodista que quiere que esa voluntad A diga lo que él quiere revelar.

     "El espacio que queda entre esas dos voluntades", concluye, "eso es la entrevista".

Sugerencias de Ciro para realizar una entrevista

  1. Llegar preparado. Leer artículos, biografías, hablar con amigos, empleados y cónyuges para saber no sólo lo que el entrevistado ha dicho antes, sino lo que no ha dicho.
  2. Respetar las reglas del juego. Si la entrevista se acordó para hablar de un cierto tema, hay que cumplir el trato.
  3. Tratar de obtener la confianza del entrevistado mediante la preparación previa y la realización de un buen trabajo a la hora de redactar.
  4. No asumir una actitud de superioridad, sino de quien desea aprender.
  5. A veces conviene desaparecer de cuadro. Así lo hizo Ciro al entrevistar a varios hombres de cierta edad que acusaron al padre Marcial Maciel de abusar de ellos cuando jóvenes. Hizo tres preguntas a cada uno de ellos y grabó sus respuestas sin intervenir nuevamente.
  6. No llegar mal dormido a la entrevista.
  7. Revisar la redacción una y otra vez. "La entrevista también es ritmo", considera Ciro, "debe tener su musicalidad". Y eso sólo se consigue editando y editando, recortando, cambiando el orden, pero siempre conservando el contexto y sin romper la sintaxis.

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