EL ADELANTO

El próximo martes 3 de noviembre habrá comicios nacionales en Estados Unidos, los cuales marcarán la culminación de un proceso electoral celebrado en un contexto muy particular: los electores están relativamente satisfechos por el estado de su país, pero muchos desprecian a los políticos, podría estar llegando al fin de un largo periodo de auge, y continúan los dimes y diretes legales y políticos del asunto Lewinsky.

Actualmente el país del norte está bajo un gobierno dividido, es decir, la presidencia en manos del Partido Demócrata y ambas cá-maras del Congreso controladas por el Republicano. En el Senado la proporción es de 55 republicanos por 45 demócratas, mientras que en la Cámara de Representantes hay 228 republicanos por 206 demó-cratas, lo que representa la mayoría más pequeña del último siglo.

En los comicios del 3 de noviembre se renovarán 28 senadurías y toda la Cámara de Representantes, y también están en juego varias gubernaturas importantes, incluyendo la de California.

Hasta hace algunas semanas el Partido Demócrata confiaba en re-cuperar la Cámara de Representantes, pero ahora ni las encuestas ni los analistas políticos les dan mucha esperanza a ese respecto. De hecho, los republicanos afirman que las recientes dificultades del presidente Clinton y la reciente incertidumbre financiera podrían ayudarles a obtener una docena de curules adicionales en la Cámara baja y otros cinco en la de Senadores, los que consolidaría su control de ambas.

Pero independientemente de las expectativas de unos y otros, los analistas tienden a pensar que ni los sustos financieros de las últimas semanas ni el asunto Lewinsky se han reflejado de manera significati-va en la intención de voto de los estadunidenses, quienes siguen dan-do altas calificaciones al desempeño profesional de Clinton.

Aún podrían pasar muchas cosas, por supuesto, ya que esta es la primera ocasión desde 1974 en la que se celebran elecciones generales en medio de una profunda crisis presidencial. Para no-viembre de ese año, cabe recordar, el republicano Richard Nixon ya había renunciado a la presidencia como último recurso para evitar el juicio político del Congreso debido al escándalo Watergate. En esas elecciones, el Partido Republicano perdió 48 curules en la cámara de Representantes y cinco en la de senadores. En esta ocasión, mucho dependerá de lo que ocurra con el culebrón Lewinsky y lo que decida hacer el Congreso con el informe del fiscal especial Kenneth Starr, aún cuando los tiempos legales y judiciales en este caso son más lentos que los electorales.

Por ello bien vale la pena seguir el último mes de la campaña, en especial en aquellos comicios que tienen especial importancia para México y América Latina. Tal es el caso de California, donde el gobernador Pete Wilson no puede presentarse a un tercer periodo. La elección se decidirá entre el demócrata Gray Davis, actual vicegobernador del estado, y el republicano Dan Lungren, procurador de la entidad.

Cabe recordar que hace ocho años, cuando Wilson fue electo, pocos colegas al sur de la frontera habían hecho la tarea por lo que les tomaron por sorpresa tanto el aumento en los sentimientos en contra de los inmigrantes como las estratagemas del gobernador para capitalizarlos.

Es cierto que hasta ahora, la campaña por la gubernatura de Ca-lifornia ha sido tan deslucida como los perfiles de los candidatos contendientes, pero ello no le resta importancia ni al resultado ni a las implicaciones del proceso político en ese estado tanto para el resto del país como para México y otras naciones latinoamericanas.
Actualmente, Estados Unidos tiene 32 gobernadores republicanos, 17 demócratas y un independiente, y en estas elecciones es-tán en juego 36 gubernaturas (24 en manos de republicanos, 11 de demócratas, y la independiente).

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