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    Crónica de espías y periodistas

            Michel Bajuk, amigo de Periodistas de Investigación y cómplice de La Red, está convertido en una especie de Gog periodístico quien, al estilo del personaje inventado por Giovanni Papini, recorre el mundo en busca de información y experiencias. En esta ocasión nuestro corresponsal iti-nerante informa sobre una inusitada conferencia para "expertos en inteligencia" que se celebró hace un par de meses en Bélgica.

"Fuentes de información que pueden obtenerse de manera legal, ética y a bajo costo".
Ese es el atractivo gancho de una conferencia que reúne a espías, policías y otros profesionales de la inteligencia europea. Todos visten bien y son políticamente correctos. Hablan de manera discreta y reflexiva. Pero entre líneas se trata de una especie de campeonato eu-ropeo de judo verbal en el que participan espías, jefes de policía, cazadores de mafiosos y exministros de varios go-biernos. La jerga, los personajes y la at-mósfera parecen sacados de alguna no-vela o película. La principal pregunta de la conferencia es "cómo utilizar mejor las fuentes de información abiertas". Es una pregunta importante, por extraño que parezca.

Nueve de cada diez veces un buen periodista puede obtener la misma información que obtiene un espía, ya que con frecuencia comparten las mismas fuentes, según afirma el legendario espía Smi-ley inventado por John Le Carre.

Y bien puede ser cierto. Se estima que el 90 por ciento de toda la información existente está disponible en fuentes abiertas. Pero en-tonces, ¿es en esas fuentes dónde obtienen su materia prima los es-pecialistas en inteligencia?

No. Tan sólo una parte. Sucede que los espías tradicionalmente son reacios a utilizar las fuentes abiertas.

Existe "un prejuicio entre algunos miembros de las comunida-des policiaca y de inteligencia en contra de las fuentes abiertas, el cual parte de la idea equivocada de que no es probable obtener in-formación valiosa que sea fácilmente accesible o no esté clasificada (como secreta)", concluye un estudio del Congreso de Estados Uni-dos. Sin embargo la Comisión Brown, nombrada por el presidente de ese país, descubrió que "la información obtenida en fuentes abiertas es sustancial y en ocasiones más detallada que la que ofrece la comunidad de inteligencia".

La experiencia europea parece ser similar. En la conferencia ha-blo con un influyente ejecutivo de un importante servicio secreto, no antes de que mi gafete de identificación sea cuidadosamente inspeccionado. Soy un gato entre zorros.

"No recuerdo una sola ocasión en la que hayamos controlado todas las fuentes (abiertas) antes de iniciar una operación", admite el funcionario. "Y he trabajado durante mucho tiempo para este servicio. No es más que una cuestión de prestigio. Nuestra dirección es, digamos, conservadora. Tenemos una excelente organización, pero en el campo de la tecnología de información nuestro personal tiene unos ocho años de atraso, diría yo".

¿Y algún servicio de inteligencia tiene el sentido común de recurrir pri-mero a las fuentes de información más baratas y accesibles? Sí, y son varios. Se considera que los modelos a seguir son la inteligencia militar sueca, los ca-zadores de mafiosos italianos y la poli-cía metropolitana de Londres. Sin em-bargo, el consenso es que el resto de la "industria" descuida un gran número de fuentes útiles. Fuentes que son, por cierto, una mina de oro para periodistas, economistas y cabilderos, entre otros.

Saludo a la delegación de una de las nuevas democracias europeas. No conozco ni sus cargos ni sus dependencias, ya que los ga-fetes no son particularmente informativos.
Pero descubro que ellos sí "reconocen" mi nombre, por lo que pregunto para qué oficina trabajan. "Sin nombres", es la breve res-puesta. Después de varios intentos fallidos por iniciar una conversa-ción, pregunto si tienen planes para esa noche. Sus ojos brillan y me miran intensamente durante unos segundos de silencio. Un hombre joven y bien entrenado aprieta los labios. "Sí, tenemos algunos asuntos que atender". Se me olvida respirar.

Busco refugio entre un grupo de exespías. Pienso que uno de los distinguidos caballeros que lo forman solía dirigir un gran servicio de contrainteligencia. Pero la guerra fría ya terminó, por lo menos para la mayoría de nosotros. El mundo se está abriendo. La revolución de la información avanza de victoria en victoria, sin derramar una gota de sangre.

Alguien menciona los recortes de personal. Pero un exagente de la CIA, ahora "consultor de seguridad", tranqui-liza al público. "No piensen en planes de retiro. Sus servicios y sus conoci-mientos interesan al sector privado". Y en verdad los participantes en esta conferencia no tienen de qué preocuparse. Los terroristas, los carteles de la droga y la proliferación de armas de destrucción masiva se han utilizado con éxito para mantener los gastos en inteligencia. En este "nuevo y más peligroso mundo" la CIA es el campeón mundial de la contrainteligencia, a la que dedica un enorme presupuesto de más de 26 mil millones de dólares, o el 10 por ciento del presupuesto total de defensa de Estados Unidos.

Pero ¿cuánto se gasta en activida-des relacionadas con fuentes abiertas? Menos del 2 por ciento. Eso, según estima una, llamémosla, fuente no abierta.

Algunos de los participantes en la conferencia acusan cierta frustración. Hablan de la competencia que representan los medios y los servicios de in-formación en campos en los que las operaciones clandestinas clásicas resultan poco eficientes y extremadamente costosas.

"Los gobiernos confían en lo que pagan", dice Smiley a sus jóvenes aspirantes a espía en la nueva novela de Le Carré. Una verdad como una casa.

La conferencia sigue adelante. Hay discursos sobre las redes militares, el con-traespionaje económico y la seguridad electrónica. Se habla sobre estrategias de inteligencia, tácticas de vi-gilancia y agentes secretos.

Y casi todo lo que se discute se basa en información disponible al público. De otra manera esta "convención de espías" no hubiera sido posible, por razones obvias. Sin embargo, mucho de lo que se habla no es conocido por todos los participantes, lo que demuestra la relevancia del tema de la conferencia.

Entonces, ¿qué hay del uso de fuentes abiertas en las tareas de inteligencia? Un par de ponentes comparten sendas experiencias "dolorosas". Todo parece demasiado complejo. Las ponencias tienden a discutir la inteligencia clandestina clásica en el mundo moderno: criptografía de alta tecnología, secos modelos académicos y programas de cómputo inteligentes.

Finalmente, hacia el final de la conferencia, habla uno de los pocos expertos en fuentes abiertas. En su oficina diez o doce especialistas trabajan exclusivamente con este tipo de fuentes. Utilizan herramientas de análisis computarizado para proporcionar información en bruto a cerca de 200 personas que trabajan en la misma ofici-na. Esa información es analizada nuevamente y puesta en contexto por agentes que usan informantes, fuentes humanas y filtraciones de todos los niveles de la sociedad, incluyendo gobiernos de muchos países. La oficina tiene agentes de campo que trabajan bajo contrato en todo el mundo.
El servicio tiene millones de clientes que exigen información correcta y profunda sobre el mundo, Día con día. El análisis comple-to y calificado se acompaña de gráficas, estadísticas e imágenes. Esta inteligencia con frecuencia tiene implicaciones políticas y en ocasiones provoca crisis gubernamentales.

El servicio ha realizado su trabajo durante cerca de 200 años, siempre con fuentes abiertas. De hecho, yo soy uno de sus agentes. Soy reportero de investigación, y trabajo para el diario UK Press Gazette.
¡Bienvenidos al club!

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