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   CUÁNDO ES PRECISO HURGAR EN ARCHIVOS PRIVADOS...
Por Ciro Gómez Leyva*

Por husmear entiendo algo así como ir a buscar un archivo, asomarse, verlo, poderse meter, echarse un clavado. Sin em-bargo yo no me considero un reportero de archivos, soy de esos reporteros que prefieren las fuentes vivas. Sé que algu-nos de mis amigos se excitan, empiezan a salivar, entran en un estado de frenesí cuando ven un archivo. Pero, sinceramente, yo no. Me excita mucho más la gente que los documentos; me considero más sociólogo que historiador, pero respeto enormemente a los periodis-tas que hacen trabajo con archivo y que tienen una visión más histo-riográfica que sociológica.

Los archivos son uno más de los componentes que ayudan a moldear historias como la de Luis Donaldo Colosio. Si alguien se to-ma la molestia de ir a los archivos y leer los anexos de los fiscales es-peciales, dedicándoles cuatro o cinco días, tiene la posibilidad de en-frentar cara a cara el 90 o 95 por ciento de los lugares comunes que manejamos los periodistas alrededor del caso.

Y sin embargo, cuando uno termina esa revisión, lo único que tiene es un enorme marco teórico, o como dicen los reporteros de investigación, un gran background para empezar a hacer su trabajo. Después hay que seguir reporteando, hablar con mucha gente, ir a los lugares, tratar de reconstruir con un poco de historicidad los mo-mentos que se estaban viviendo.

Hay otro elemento que se suele perder de vista cuando hablamos de periodismo de investigación, y es la suerte, el azar. Hay historia-dores, sociólogos, politólogos, reporteros que se pasan la vida ente-ra buscando a un personaje o un documento y nunca lo consiguen. Pero la historia del periodismo también está llena de momentos fortuitos, de periodistas que de repente se paran en el lugar justo, en el momento justo.

¿Dónde está la habilidad del reportero cuando llega frente a un personaje? Yo creo que no hay ninguna, simplemente el personaje quiere hacer público un material en ese momento... o no. Desde lue-go uno le va a decir que es importante, que ya pasaron tantos años, que el caso se está perdiendo, que ya no hay nada nuevo. Sí hay un espacio de negociación, pero es casi como si uno fuera funcionario público, gente de relaciones públicas... o un reportero que está buscando información.

Yo creo que las grandes historias del periodismo no han salido necesariamente de cientos y cientos de horas buscando archivos e investigando un tema. Los grandes trabajos de periodismo son de oportunidad; algunos son de suerte y otros de un enorme talento.
Pero el periodismo de investigación no lo es todo, los grandes reportajes no son necesariamente los que traen atrás un millón de horas de archivo. A Ryzsard Kapucinsky, por ejemplo, no me lo ima-gino con un plumero buscándole polvo a los archivos. Imperio, su li-bro sobre el imperio soviético que bien puede ser la obra maestra de periodismo a fin de siglo, es un trabajo de memoria, de apunte, de charla, de reflexión, de vista, de olfato, de literatura. Y es periodismo desde el primer caracter hasta el golpe que haces cuando cierras el libro. Hasta eso suena a periodismo, a esa melodía traqueteada y hasta a veces maloliente del periodismo.

Por su parte otro gran periodista, Miguel Bonasso, publicó el año pasado una recreación de la historia de la Argentina en los años se-tentas. Y Miguel, que es uno de los grandes periodistas sensoriales, por ponerle un nombre, pasó tres años husmeando archivos. El libro, que está maravillosamente escrito, es un trabajo fundamentalmente de archivos. En el periodismo caben las dos cosas.

Muchos amigos se pasan buscando documentos, y cuando los consiguen, les quedan dos días para publicar. Se sientan a la máqui-na y de cada lado tienen un tambache de documentos que no han leído ni van a leer, y una vez que se publique el texto no van a saber qué hacer con ellos.

Yo me atrevería a sugerir que de entrada eliminen la idea de que para hacer un buen reportaje se tienen que investigar doscientas horas. Quizás un buen reportaje implica investigar mil horas, un año o una vida, pero no es condición sine qua non. He visto trabajos muy inteligentes, desde luego con su parte de investigación, pero rápida y bien lograda.
Por otro lado, si no se sabe investigar, si no se tiene una buena formación en el manejo de fuentes documentales, si no se sabe ma-nejar hipótesis y variables, si no se tiene capacidad de síntesis, la in-vestigación se pierde o se mal aprovecha.

También, y esta es la clave, hay que saber distinguir la densidad y la dimensión del medio para el que se investiga. Por ejemplo, un diario normalmente se lee a enorme velocidad, y exigirle a la gente que siga un reportaje seriado durante siete u ocho días me parece excesivo. Por eso, se tiene que calcular muy bien la presentación, la que por supuesto determina el tipo de investigación; de la misma manera si voy a publicar en un semanario, o si el reportaje es para televisión, hay que determinar su lenguaje, sus características y su profundidad. Si la investigación es para hacer un libro que marque el punto y aparte en un tema, puedo dedicar a ese objetivo cinco o diez años, el tiempo que sea necesario. Pero no hay que dedicar diez años a un trabajo de ocho mil caracteres para un diario.

Habiendo dicho todo esto, po-demos hacer algunas sugerencias con-cretas para husmear en archivos:

o Verificar, verificar, y volver a verificar. Al trabajar con documentos, fotografías y demás, es facilísimo quedar impresionado con lo que le venden a uno. Pueden ser espejitos de la peor calidad, pero uno cree que son doblones de oro y quiere convencer de ello al retrasado mental de su editor. Pero éste tiene que decirle al reportero que se pasó tres noches sin dormir y que lo que trae son espejitos. Por eso hay que des-confiar y hacer las preguntas antes de que se publique el material y vengan los desmentidos.

o Buscar el contexto y el significado del trabajo. Es decir, cuál es o era el valor de los documentos en su momento. Si sacamos algo que está durmiendo plácida o angustio-samente en un archivo, le damos vida, a veces vida artificial, y lo que publicamos o sale al aire es algo que puede estar manipulado. Por ello no se debe perder de vista el verdadero valor de un documento en su tiempo y en su contexto. ¿Que tenemos un memorándum que fulano le mandó a Colosio, por ejemplo? Lo primero que debemos hacer es ave-riguar si en verdad es un documento excepcional con toda la verdad del caso, o si esa persona le mandaba a Colosio tres memoranda diarios.

o Un documento no puede hacer un reportaje, pero los jóvenes reporteros briosos suelen caer en ese error. Cuando Adolfo Aguilar Zinser obtuvo los archivos sobre el caso Colosio, lo que tenía era un cuarto lleno de archivos y de cajas, aún no era nada periodístico. Es cierto que hay que buscar la historia de la corrupción de este país, pero lo que uno tiene frente a la vista son cajas, papeles, arañas, y probablemente ratas, cosas que como sabemos excitan a muchos periodistas. Lo que hizo Adolfo fue el trabajo de investigación y me dio la oportunidad de darle un tratamiento informativo. Pero el trabajo fuerte lo había hecho él. Un documento en sí mismo no dice demasiado, hay que complementarlo, darle contexto y significado, enriquecerlo y verificarlo. Hay que convertirlo en un reportaje.

o Yo creo que el periodismo, antes que cualquier otra cosa, es capacidad de seducción. Y hay que tratar de seducir al lector o al te-levidente echando mano de la forma, de los recursos visuales, narrativos, etcétera. En prensa escrita, sobre todo, no hay como la vieja fórmula de saber contar una historia. Si empezamos una historia diciendo "el 23 por ciento de las acciones que estaban reservadas a Raúl Salinas en Conasupo quedó en manos de un grupo que controlaba el 31.2 por ciento de las acciones", al tercer porcentaje el lector ya está en la sección de deportes. Muchos esfuerzos de investigación terminan en la basura porque la gente no tuvo la capacidad de escribir o de editar bien.

Ciro Gómez Leyva es reportero del Canal 40 y Editor en jefe de la revista Milenio. Este texto es una adaptación de la charla que dio en la conferencia Acceso a la información, organizada por Periodistas de Investigación en mayo de 1998.

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