"El azar y la denuncia marcan el rumbo del combate al
narcotráfico...". Esta frase refleja el sentir de muchos quienes sospechamos que la
investigación policiaca para combatir el delito es una práctica casi en desuso. Sin
embargo, el quid del asunto radica en corroborar esta sospecha con números.
Habitualmente el camino para obtener información son las fuen-tes oficiales y las
académicas. Pero existe una vía que se abre con la ayuda de la computadora: el análisis
de bases de datos.
Sergio René de Dios y Alejandra Xanic, reporteros del diario Pú-blico, tuvieron una
experiencia de este tipo al proponerse trabajar a fondo un reportaje que fuera de
trascendencia. "Nos pareció importante abordar el narcotráfico, por lo sucedido en
Guadalajara en los últimos 20 años. Queríamos reportear el tema desde una óptica
distinta, pues los reportajes que habíamos leído eran más anecdóticos, de
recuperación de historias, pero escasos de análisis y sin llegar más allá de las
declaraciones", dice Sergio.
Su propuesta fue analizar los expedientes de los presos por narcotráfico en Jalisco, el
tercer estado con más sentenciados por delitos contra la salud en México. Para ello
contaron con suerte, pero no desde el principio. En un primer momento el entonces director
del complejo penitenciario ni siquiera se molestó en atender sus llama-das; al tiempo
hubo un cambio de autoridades y la nueva directora del Centro de Readaptación Social de
Puente Grande puso a disposi-ción de los reporteros los expedientes de los sentenciados
por delitos contra la salud entre 1997 y 1998. Es decir, no todos los funcionarios
consideran que la información a su cargo es un "secreto de estado".
En las oficinas del penal, según relata Alejandra, "encontramos más de lo que
pensamos". De hecho, al estar frente a 436 expedientes con toda la información
disponible de cada uno de los presos, tuvie-ron que pensar con calma qué información
iban a utilizar. "El segundo lío fue que el archivo del penal es un caos", dice
Sergio. "Algunos ex-pedientes están incompletos o ilegibles" y "trabajan
manualmente casi todo, no tienen un sistema de cómputo".
La montaña de documentos incluía estudios de conducta, segui-miento académico, historia
médica y psicológica y compendios de historia criminal de los presos. También sentencia
resumida, proceso judicial, incluso revisión de sentencias y antecedentes familiares.
"Empezamos por asomarnos a los expedientes judiciales para saber qué contenían y
qué nos podía ayudar y encontramos una mi-nita de oro", señalan los reporteros.
"Pensamos que saber quiénes están sentenciados por narcotráfico en Jalisco nos
ayudaría a entender có-mo se está combatiendo o castigando este delito. Teníamos idea
de dónde queríamos llegar, pero no sabíamos cuántos recursos y tiempo iba a implicar.
Eso fue cobrando su factura en el camino".
Lápiz en mano, y con la ayuda de enormes hojas de contabilidad, fueron tomando nota de
unas cincuenta variables. De las casi cien fojas de cada expediente, explican,
"tomamos todos los datos que consideramos útiles", incluyendo un resumen de las
historias personales".
"Muchos nos dijeron que eso era exagerar", recuerdan los re-porteros, quienes
consideran sin embargo que si se invierte tanto tiempo en una investigación es importante
dar seguimiento a la noticia y preservar la memoria histórica. El trabajo con bases de
datos de-be tomar en cuenta tanto el reportaje inmediato como el uso que se pueda dar a la
información en el futuro. "El narquito de hoy", observan, "puede ser el
narcote de mañana".
Después de dos meses de lectura de expedientes, Alejandra y René empezaron otra
aventura: ¿cómo sistematizar la información recopilada?
"Primero analizamos qué datos nos podían ser útiles para indagar algo. No todos
los datos los encontramos siempre. Por ejemplo, no estaba consignado si el defensor era de
oficio o particular, lo que es un dato fundamental".
Afortunadamente Público brindó todo su apoyo a los reporteros, aún cuando "apenas
se estaban enamorando del proyecto y realmen-te nadie tenía idea de cuánto se podía
extender". Amanda González fue la encargada de la base de datos, y los tres destacan
la importancia de tener una preparación previa a este tipo de aventuras, así co-mo la
necesidad de coordinar formatos y estilos.
Al iniciar el trabajo pensaron en utilizar el programa Excel para hojas de cálculo. Sin
embargo, dada la cantidad de variables a manejar, decidieron "seguir el consejo de
Lise Olsen y hacerlo en Access", un administrador de bases de datos. Sergio y
Alejandra consideran que el apoyo de Periodistas de Investigación fue de gran importancia
para sus reportajes, ya que obtuvieron una asesoría especializada en el trabajo
periodístico.
Antes, los reporteros se toparon con un problema común en nuestro medio: la brecha que
separa a la redacción del departamento de cómputo de muchos diarios. Por un lado, el
personal de sistemas desconoce el manejo noticioso de la información y, por otra
parte, los periodistas son ajenos al lenguaje y manejo de los administradores de bases de
datos y otros programas de cómputo. (Va de comercial: Periodistas de Investigación, a
través de Lise y Alma Delia, colaboró con Xanic y Sergio en la construcción de la base
de datos y en su análisis. Este es un servicio al que tienen acceso todos nuestros
so-cios y amigos, quienes en su mayoría aún no le sacan jugo. Nota del editor).
Pero esta asesoría no los libró de todos los obstáculos, ya que al ser la primera vez
que trabajaban con bases de datos, "no lo tomaron tan en serio" y el proyecto se
alargó.
Después de ocho meses de trabajo -y gracias al análisis y las peleas con la base de
datos- publicaron una docena de reportajes con un ángulo tan novedoso como rico en
información.
Pero, ¿acaso el periodismo asistido por computadora es sustituto de las prácticas
tradicionales de reporteo? ¿El minucioso análisis de datos puede ser la nota? Los
autores de Narcotráfico en Guadalajara no lo creen así. "La base de datos da pistas
o hipótesis de trabajo, pe-ro hay que corroborar la información, arroparla".
Por ejemplo, de los 500 presos, sólo once vivían antes en zonas con servicios públicos.
"Esa es nota", observan Xanic y Sergio, "pero puedes arroparla visitando
esas casas, hablando con los vecinos, co-rroborando la información que aparece en el
expediente".
Y al igual que el narcotráfico mismo, el tema periodístico no se agota. Los reporteros
señalan que quedaron muchas historias pen-dientes, ya que la misma base de datos permite
analizar temas como la actuación de los jueces y la legalidad de las sentencias. Otra
veta por explorar es la comparación de historias personales. ¿Por qué, por ejemplo, un
traficante capturado con toneladas de cocaína purga la misma sentencia de ocho años que
un joven que cayó con doce plantas de marihuana, en maceta y para consumo personal?
"No se trata de erigirnos como jueces", dice Alejandra, "sino de señalar
contrastes". Por lo general la gente de bajos recursos eco-nómicos es defendida por
abogados de oficio, "y si pensamos que uno de cada cuatro presos son campesinos, qué
va a pasar con ellos cuando purguen sus sentencias, qué oportunidades van a tener".
De ahí la importancia de pensar a futuro, como periodistas, para alimen-tar de manera
constante la base de datos para tener información so-bre quiénes logran la libertad y
cómo es su vida después de la cárcel.
En general, consideran los reporteros, la experiencia fue positiva y aleccionadora. Sin
embargo, Sergio agrega que quedó con cierta "angustia al no conocer las reacciones
de fuentes tan impenetrables como el Ejército o los propios narcos. Parecía que no
sucedía nada, aún cuando llevábamos publicadas más de 30 planas con información
delicada".
(En este número reproducimos el texto del primer reportaje de esta serie. Los lectores
interesados pueden solicitar la serie completa a nuestras oficinas, o consultarla en www.publi.com)Arriba
LA MAYOR PARTE DE NARCOS CAE POR AZAR
Concejos Practicos
Antes de iniciar una investigación de este tipo es fundamental hacer una planeación
cuidadosa para estudiar el tema y determinar el tipo de base de datos que se utilizará.
Si bien no es preciso convertirse en expertos, sí es necesario conocer el uso de los
adminis-tradores de datos y elegir con cuidado las variables a analizar. Estas son algunas
sugerencias básicas:
o Empezar con proyectos pequeños. Por ejemplo, una base de datos de policías muertos en
servicio puede alimentarse cada día sin requerir gran cantidad de recursos y tiempo, y
puede ser un excelente material de práctica.
o Definir y desarrollar una primera serie de preguntas de investigación.
o Estudiar la fuente de información. Si se trata de expedientes judiciales, por ejemplo,
cuáles son los datos útiles para responder las preguntas planteadas anteriormente.
Además, ¿hay nuevas pistas, surgen otras preguntas?
o Revisión y en su caso nueva formulación de las preguntas de investigación.
o Seleccionar las variables. ¿Qué datos compilar y cuáles hacer a un lado? Las
tentaciones son grandes, pero hay que controlar la gula.
o Establecer el mecanismo para capturar esas variables, las cate-gorías para comprimir la
información y los códigos a utilizar.
o El diseño tiene una importancia crítica, ya que una base de datos puede ser la
perdición. Es necesario analizar el universo finito de las preguntas que se harán a la
base de datos. Es conveniente invertir muchas horas en el diseño de una base de datos
"amigable". De otra manera, los costos posteriores son muy altos.
o Es conveniente que la captura sea realizada por una sola persona bien capacitada. Serán
menos los errores, y más consistente la interpretación y codificación de los datos.
o Auditoría y corrección. Para bases de datos cortas, es posible hacerlas "a
mano". Si se trata de una base de datos más extensa, pueden utilizarse programas de
cómputo para la revisión aleatoria de la base. Ello permite obtener una base de datos
más confiable y un margen de error más pequeño.
o Realizar mesas de discusión y análisis en cada etapa del pro-yecto. Las miradas
frescas alertan sobre zonas de tormenta y sugie-ren nuevos rumbos. Aquí también es muy
importante el papel del editor para saber en qué momento girar el timón o echar el
ancla.
(Alma Delia Fuentes)
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LA MAYOR PARTE DE NARCOS CAE POR AZAR
Por Sergio René de Dios y Alejandra Xanic
(Publicado en Público el 27 de julio de 1998)
La mayor parte de los castigados por cometer este delito fueron detenidos al
sorprenderlos por casualidad, o porque alguien los delató mediante una llamada
telefónica a una corporación policiaca. Un estudio realizado por Público reveló que
los ron-dines, como se conoce al patrullaje, aparecen como el más útil de los recursos
de las policías para atrapar narcotraficantes. Los retenes, en cambio, como la medida
más ineficaz. La investigación policiaca fi-gura como una herramienta en desuso: sólo
trece de cada 100 sentenciados fueron arrestados luego de un trabajo de inteligencia de
los agentes.
Los datos se obtuvieron de la lectura de los expedientes de 436 hombres que el primero de
febrero pasado purgaban sus sentencias por este delito en el Centro de Rehabilitación
Social (Cereso) de Puente Grande, y que fueron detenidos entre 1988 y 1997. Esta cárcel
concentra al mayor número de sentenciados por delitos relacionados con las drogas, en el
estado.
Entre las policías, destaca la actuación de la Judicial Federal, responsable de combatir
los delitos contra la salud. La mitad de los sentenciados fueron detenidos por esta
corporación. Al grupo al que más pegó fue al de los vendedores de droga al menudeo;
cuatro de cada diez de sus detenidos se dedicaban a esta actividad.
De cada 100 de los hombres que detuvieron los agentes fede-rales y que encontraron
castigo, 90 eran sólo infantería del narcotráfico. Es el caso de Ricardo, un campesino
que en 1992 caminaba por una brecha de Jilotlán de los Dolores, con 14 plantas de
mariguana, cuando fue capturado. El Ejército destina 1,500 efectivos en el esta-do para
atacar el tráfico de sustancias ilegales. Sin embargo, sólo detuvo a 16 de los
sentenciados.
Las áreas del narcotráfico más golpeadas por policías y militares son la
comercialización (36 por ciento de los sentenciados) y la ex-portación de drogas (16.71
por ciento).
No obstante, las acciones de combate parecen pegar, más que a las bandas organizadas o a
los cárteles, a la presunta iniciativa individual de ciudadanos. Según las pruebas y
declaraciones contenidas en sus expedientes, 41 por ciento de los sentenciados recibía
dinero a cambio de trabajar en el narcotráfico; 57 por ciento aseguró que lo hacía por
cuenta propia.
La investigación, que se limita al universo de sentenciados, exhibe la manera como operan
las policías y, también, los fracasos del sistema judicial.
Menos de 1 por ciento de los sentenciados (tres personas) de-clararon ser miembros de un
cartel conocido, según documentó el Ministerio Público Federal (MPF) en sus procesos.
Otros cinco trabajaban para grupos con nexos internacionales.
Una quinta parte de los sentenciados estaba inmiscuida en el tráfico de cocaína; dos
terceras partes, en el de mariguana. En ese rubro se hallaba Carlos, quien en un campo de
fútbol de Las Pintas, en El Salto, cargaba una mochila repleta de mariguana. Vendía
cigarros de la yerba a cinco mil pesos de ese entonces, 1994, cuando la Policía Judicial
del Estado lo sorprendió.
Quién los detiene y cómo
La Policía Judicial Federal (PJF) parece operar, principalmente, desde sus oficinas. De
los presos, 35.1 por ciento fueron detenidos a partir de una llamada anónima o denuncia
que llegó a las oficinas de la corporación; 14.8 por ciento fueron descubiertos en el
patrullaje. Diez de cada 100 fueron blanco de una investigación. Siete por ciento fue
descubierto en los filtros del aeropuerto y sólo 5.4 en un retén. La PJF mantuvo durante
años uno de estos "puestos de revisión" en la carretera Guadalajara-Tepic, a
la altura de La Venta del Astillero. Actualmente es controlado por militares.
Entre los detenidos por la PJF figura la caballada flaca: 16.7 por ciento eran vendedores
en pequeño; 15.7 eran mulas, personas que a cambio de dinero, transportaron droga en
maletas o en su cuerpo a bordo de autobuses o aviones. Diez de cada 100 estaban
involucrados en la comercialización de drogas a mayor escala.
La Procuraduría General de la República (PGR) "está cumpliendo con su tarea",
porque captura a quienes producen, distribuyen o poseen droga, opina Efrén Flores
Ledezma, secretario ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública.
Los datos reflejan "la ausencia de una verdadera policía científica o
profesional", que realmente investigue, opina en contrapunto el analista de la
Universidad de Guadalajara y especialista en seguridad pública, Marcos Pablo Moloeznik
Gruer. "Más que una planeación (del combate al narcotráfico), esto responde más
bien a una improvi-sación, a un empirismo en el accionar policial", añade.
La investigación en la PGR depen-de en gran parte de la utilización de madrinas,
personajes que, sin ser agen-tes, trabajan ilegalmente a la sombra de la corporación. Son
quienes hacen trabajo de calle. Contratan compras de dro-ga y, llegado el día, quien
aparece no son ellos, sino los agentes de la PJF que los pastorean.
Un ejemplo: la PJF capturó en ma-yo de 1992 a cinco campesinos, en un rancho del
municipio Antonio Escobe-do. Los jornaleros fueron citados por un tal Cuco, para
comprarles goma de opio. Según los agentes, que dicen se enteraron de la transacción por
una llamada anónima; Cuco huyó.
En segundo lugar
La Policía Judicial del Estado (PJE) (ahora Policía Investigadora) y la Dirección de
Seguridad Pública del Estado (DGSPE) detuvieron, en conjunto, a una sexta parte de los
sentenciados. Sin embargo, el combate a esta actividad no está entre sus asignaciones
primordiales; sólo coadyuvan. Arturo Zamora Jiménez, ex funcionario de seguridad
pública y actual investigador de la U de G, apunta que la DGSPE sí ofrece resultados en
el interior del estado; sus elementos conocen el área rural, y si bien no está entre sus
tareas investigar, contribuyen en la localización de plantíos de enervantes. Además,
resaltó, "histó-ricamente es la corporación que más bajas ha sufrido en Jalisco
en el combate al narcotráfico".
La Policía Investigadora golpea más al área de venta de droga. Casi 70 de cada 100 eran
vendedores y siete consumidores. En este caso, la investigación parece repuntar. Según
informaron al Minis-terio Público Federal, 30 por ciento eran detenidos en rondines, y
otro 30 por ciento a partir de investigaciones propias.
A su vez, la mitad de las capturas que realiza la DGSPE son de "poseedores" de
enervantes, productores y choferes que transportaban droga. Uno de los detenidos por la
corporación es Carlos, un co-merciante que había sido contratado para transportar en un
camión más de 900 kilogramos de mariguana cubiertos con rastrojo. Al revi-sar el
vehículo, en la carretera Ciudad Guzmán-Pihuamo, los po-licías preventivos lo
detuvieron.
Autoridad municipal
Las policías municipales en su conjunto llevaron a la cárcel a 15 por ciento de los
sentenciados. La policía de Guadalajara aportó más detenidos. Sobresale, sin embargo,
un dato: casi 60 por ciento de los hombres que arrestó fueron consignados y juzgados por
el delito de "posesión" de alguna droga. Esta clasificación, en la cual
quedaron 13 por ciento del total de sentenciados, es algo así como el membre-te de
emergencia. A estas personas no se les comprobó qué uso da-rían a la droga, o su papel
en la actividad criminal.
El Ejército, casi ausente
En las tareas de combate al tráfico en Jalisco trabajaban 1,500 mili-tares y tres
helicópteros, informó en 1994 el entonces comandante de la XV Zona Militar, general
Jesús Gutiérrez Rebollo. No obstante, sólo 4 por ciento de los sentenciados fueron
detenidos por las Fuerzas Armadas.
Moloeznik Gruer indica que, de acuerdo con datos del Anuario Estadístico del INEGI, y con
informes presidenciales, el mayor porcentaje de decomisos de droga y destrucción de
pistas clandestinas los realiza la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).
"Si el Ejército lleva el peso de la lucha contra el narcotráfico, en-tonces no se
entiende por qué es tan bajo su porcentaje de deteni-dos", expone.
La eficacia de una institución no se puede ni se debe medir sólo a partir de criterios
cuantitativos, aclara el investigador de la U de G, Jorge Regalado. Cualquiera de las
corporaciones, como la PJE, la DGSPE o las policías municipales, que sólo coadyuvan
contra el tráfico de drogas, tienen más sentenciados que la Sedena. "Posiblemente
no sea compensatorio" el número de militares comisionados a combatir las drogas, con
los aprehendidos, sugiere.
Zamora Jiménez matiza: "El Ejército ha intervenido en asuntos im-portantes. No lo
culparía de hacer pocas detenciones. Lo que ha hecho es apoyar a otras corporaciones,
como la policía preventiva o la PJF, y eso no se refleja en los números". La Sedena
"es la institución que corre más riesgos, pero que da más resultados cualitativos,
no en detención de personas, sino en volumen de droga destruida", añade.
Los 16 hombres que llegaron a la cárcel por la Sedena fueron de-tenidos en 15
operaciones. En los retenes carreteros arrestó a pocos traficantes (11.6 por ciento). Los
militares no especifican cómo fue el descubrimiento del sospechoso en la mitad de los
casos. La opera-ción que les resultó más eficaz fue el rondín. Los militares
conduje-ron a la cárcel, en su mayoría, a productores (40 por ciento), vendedores a
menudeo (26.6) y choferes contratados (13.3).
La Secretaría de Marina casi no cuenta. Sólo hay un traficante cap-turado por la
institución en la costa de Jalisco. La Policía Federal de Caminos y Puertos, que surca
las carreteras del estado, llevó a pri-sión apenas a nueve de los sentenciados. |